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Artículos de Salud
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Artículos de Manel Marina
¿De qué color es el caballo blanco de Santiago? Era una pregunta con “trampa” que a muchos de nosotros nos hicieron cuando éramos pequeños. Y un poco más adelante, seis u ocho años después, las preguntas continuaron. Siempre recordaré una del examen de reválida de 4º de bachillerato: “¿Dónde está el Mundo en España?” El mundo, no sé. El río en Albacete… Aprobé a la segunda, por ese motivo nunca olvidé esa pregunta. Las experiencias que se graban con emoción permanecen de por vida… Con el tiempo descubres que hay otras maneras, mucho más saludables, de aprender y recordar. Y es de eso precisamente de lo que quiero hablar, del aprendizaje y la asimilación.
Bajo mi punto de vista de nada sirve leer y leer sin asimilar. Mejor dicho, sin digerir. A veces ocurre que de tanto que sabes, no sabes nada. O eso sientes. Vamos, que en el peor de los momentos te quedas en blanco. O de tan obvia que puede llegar a ser la pregunta que te formulan, te cortocircuitas. Te bloqueas. Sudores y nerviosismos a parte, es una experiencia demoledora. Te crea tal inseguridad que incluso te llegas a plantear que no sirves para nada. Muchos de los fracasos escolares en los niños y jóvenes tienen una directa relación con estos cuadros, con el nerviosismo… Esto es como vivir, o qué sé yo, ser padres. Nadie nos ha enseñado, unos lo hacen más o menos y otros no superan el menos. A la mayoría de los mortales nos faltan unas cuantas lecciones, de todo tipo. En este caso, por ejemplo, en materia de desarrollo de las funciones cerebrales. Es decir, necesitaríamos que desde muy pequeños nos enseñaran no sólo a estudiar y a aprender también a asimilar. Y ya puestos, a desarrollar saludablemente nuestras capacidades innatas. Porque esa es otra, muchas de las disciplinas que estudiamos a lo largo de nuestra vida son lecciones que ya sabíamos pero teníamos olvidadas. Es como el sentido común, más de uno lo tiene atrofiado por la falta de uso.
Reconozco que juzgo a la gente por cómo trata sus cosas. Para mí es importante saber de qué pie cojean algunos para, con arreglo a eso, ver si la situación tiene o no futuro. Y, desde luego, aquí no sirve aquello de «donde fueres haz lo que vieres…»
Me considero una persona cuidadosa, de las cosas que para mí son valiosas e importantes. No tengo mucho pero lo que tengo, lo tengo en alta estima. Y detesto a quién lo mal usa o lo maltrata. Como, por ejemplo, los libros. Los libros nos enseñan, entretienen, recuerdan… Los libros, para mí, son mis hijos. Hace años que tengo la costumbre de escribir, marcar, subrayar e, incluso, anotar pensamientos o citas relacionadas tanto con la temática del libro como con la fecha o momento en el que lo compré o lo leí. Y, por descontado, también suelo hacer una valoración sobre lo aprendido, entendido o el nivel, por así decir, de entretenimiento. Rara vez presto un libro, porque la experiencia me ha demostrado que lo pierdes, sino el libro, al amigo. Odio ver a mis libros, en casa ajena, de cualquier manera. Tirados, maltratados u olvidados en los más inverosímiles lugares. Cuando no, también, extraviados o traspapelados… ¡Pobres hijos míos!
En realidad hablan, se expresan, transmiten… Utilizan otro lenguaje, no verbal, pero hablan. Siempre se dijo: “hay miradas que matan”… Hace unos días atendí a una persona que, en esencia, quería y buscaba ser feliz. Pero su mirada expresaba lo contrario. Estaba demasiado rabiosa con el mundo entero. A lo largo del tiempo que duró la consulta le fui explicando cómo debería proceder, traté de restar importancia a muchos de sus problemas en un intento desesperado por tranquilizar su ánimo. Una y otra vez dije sin decir: tranquila, estás en el lugar adecuado… Su mirada seguía desconfiando, sus palabras insistían en que necesitaba ayuda, pero todo su ser se negaba a aceptar que tenía derecho a ser feliz. A disfrutar de una vida plena.
Demasiadas veces hablamos sin saber de qué hablamos. Mencionamos conceptos e ideas procedentes de otras filosofías o corrientes de pensamiento, como por ejemplo aquellas que dicen que todo en nuestra vida debe de estar alineado con el Universo. De nada sirve, pongamos por caso, “alinearse” entre la Tierra y el Cielo si en nuestra persona hay una desarmonía tal que cuerpo, mente, espíritu y emoción van por libre…
El otro día hablando con un amigo de todo y de nada… Bueno, de nada no. Hablamos mucho, y sobre todo de cine. El cine es mi segunda o tercera gran pasión, según tenga tiempo o no. No es que sea cinéfilo, que lo soy. Es que lo que más me gusta con diferencia es escribir guiones.Aunque parezca mentira cuento en mí haber con unos cuantos trabajos, algunos ya se han hecho realidad y otros duermen esperando una mejor ocasión. La última vez que nos vimos le expliqué que estaba dando vueltas a una idea relacionada con mi actividad terapéutica: “La familia en los tiempos actuales”. Cuando le expliqué los detalles se entusiasmó de tal manera que me dijo: ¡Lo tenemos que hacer! Ese es el corto de nuestra vida…
Apuntes para un guión
Lo bueno de tener mucha familia es que nunca te sientes solo. Todos se desviven por ti, a cualquier problema que surja en el seno familiar todos están ahí sin que tengas que pedirlo siquiera. Debe de ser algo relacionado con la telepatía del útero compartido en tiempos distintos. Qué sé yo…
La vida es una constante lección, y un continuo recordatorio…
A estas alturas de la historia no voy a negar que me gusten los juegos de palabras, las frases con doble sentido o intención y todo lo que sirva para mover las neuronas. Es decir, todo lo que nos haga pensar o tomar conciencia. Plena conciencia de la vida. De esa vida que tenemos y que tan mal llevamos la mayoría, o en la mayoría de los casos tanto maltratamos.
No, no, tranquil@s no os voy a contar un cuento. Os voy a contar una historia de lo más real, tan real que yo mismo doy fe que así sucedió… Se trata de una capacidad natural que todos nosotros portamos desde el mismísimo momento en el que nacemos a la vida, aunque no seamos plenamente conscientes de ello hasta algunos años después. Incluso puedo decir que esa capacidad o don no solamente viene con nosotros sino que además se puede desarrollar y, por tanto, expandir a niveles ciertamente increíbles. Cuando somos niños la utilizamos de manera inconsciente y espontanea, casi con la misma frecuencia que nuestra capacidad de asombro. ¿No os habéis fijado? Los niños constantemente están sorprendiéndose por todo lo que van descubriendo de novedad… Naturalmente hablo de la IMAGINACIÓN. De nuestra capacidad de crear realidades futuras.
Seguramente habréis oído cientos de veces la expresión: “eres lo que piensas”. En este caso añadiría: “…y lo que eres capaz de imaginar”. Aunque eso sí, no sólo consiste en pensar e imaginar. Puesto que por más que pensemos en situaciones idílicas o favorables, si no las creamos debidamente… Cierto, se desvanecen. No conseguimos materializar nada, hacer realidad nuestros sueños. ¿Cómo se hace? Esto es como todo en la vida, se necesita conocer unas mínimas técnicas de “dibujo” mental y después perseverar y practicar regularmente.
¿Qué quiere la gente? Bajo mi punto de vista, principalmente «No estar sola»…
Gran parte de nuestros problemas emocionales proceden de la soledad, de la no deseada. De la impuesta, de la no elegida. Y esto qué quiere decir, ¿que no nos sabemos relacionar? ¡Exacto! Por lo general creemos saber… pero no es cierto. Si bien estamos permanentemente rodeados de personas con las que supuestamente hablamos y nos comunicamos. Nuestras relaciones, al menos anímicamente hablando, dejan mucho que desear. Eso es, hablamos mucho pero comprendemos poco. Comprender en el sentido de conocer y entender, de llegar al fondo, de interesarte verdaderamente por la vida de los demás. Y no sólo por la vida…
Algunos no aprenden ni aprenderán jamás, ni por mil años que vivan, si continúan repitiendo machaconamente las mismas cosas de igual manera. Cuanto más te aferres a algo, más pronto lo perderás. Es como querer conservar un puñado de nieve entre las manos. Todo es efímero, temporal, provisional… Estamos para disfrutar del viaje, no para retenerlo. La vida pasa, nos guste o no. Pasa.
Quien dice la vida, dice el dinero, la salud, los amigos o, por qué no, una puesta de sol. Las cosas tienen un tiempo, un por qué, un propósito y somos nosotros, sólo nosotros, los que debemos aprender de ellas. Aprender a disfrutarlas, a vivirlas, a sentirlas, a… dejarlas pasar. Quien no oyó alguna vez eso de: “por más que intento ahorrar, menos lo consigo”… Yo mismo, a mí me pasó también; y en todos los órdenes. No sólo pretendí ahorrar unas pesetas, también hubo un tiempo en el que me desesperé queriendo vivir. El día que finalmente acepté que la vida y la muerte son pareja del mismo baile, bailé; y sigo bailando sin cesar desde entonces.
La copla dice: Salud, dinero y amor… ¿Qué dices tú? ¿Qué necesitas? ¿Qué buscas? ¿Qué te falta? ¿Qué…?
Durante muchos años, muchísimos, me desesperé buscando éxitos y dinero. Después llegó el amor pero más por aquello de “ahora toca” que por el deseo sincero de amar y compartir. Después los amigos… Y de la salud mejor no hablar. ¿O…? ¡Sí! Hablemos de salud. En general todos tenemos buena salud, al menos es lo normal durante gran parte de nuestra vida. Y de eso precisamente tiramos, de salud y juventud. Puesto que abusar, abusamos de lo lindo. Cuando no mal comemos, mal bebemos, mal dormimos… O todo a la vez. Tenemos tanta salud que pensamos que somos eternos, irrompibles, como de goma… Pero, ¡Ay, amigo!, cuando el cuerpo pasa factura no hay con qué pagar. Salvo con lágrimas. Y es entonces cuando nos movilizamos y nos ponemos manos a la obra para reparar, subsanar y mejorar. Y en ese momento lo queremos todo, y lo queremos ¡Ya!
Todos somos un poco chamanes… y no sólo me refiero a mi gente, a los componentes de la organización solidaria que dirijo. También lo hago extensible a muchos de vosotros, los que por aquí paráis. A fin de cuentas el chamanismo, bien entendido y mejor practicado, es algo muy natural.
Las técnicas utilizadas por los chamanes desde el principio de los tiempos están basadas en dietas y hábitos naturales. Por un lado el uso de hierbas que clarifican la mente permitiendo una purificación física y psicológica. Sí. He dicho clarificar, no emponzoñar… Ahora iré a ese otro tema. Continúo. El descubrimiento del “sí mismo”, la evolución y el desarrollo del consciente, la apertura del “tercer ojo”, la percepción y ampliación de los auténticos valores espirituales del ser humano… Y, por otro lado, los sonidos. La música y la danza de la Naturaleza en estado puro. Todo esto y más.
