La diafreoterapia o lo que hay detrás del cuerpo

Describía en mi anterior artículo sobre la diafreo, cómo el ser humano es un todo psico-fisio-emocional que cambia conjuntamente y cómo existen cuatro polos básicos de actitud o comportamiento fisio-psico-emocional (alegría, tristeza, rabia y miedo). Apuntaba que toda persona se mueve entre estos cuatro status, pero predominando en su actitud o en el uso de sí mismo alguno de ellos. Y presentaba, además, algunos ejemplos de cómo estos estados afectan a la postura corporal.

Vamos ahora a profundizar un poco más en estos conceptos, y vamos a hacerlo a través de algunas escenas de la vida cotidiana de un niño que se han repetido, se repiten y se repetirán en tantas y tantas familias.

¡Ponte recto! ¡Que siempre vas torcido! - le dice la madre a su hijo cuando llega de la escuela.

El niño, como no, intenta ponerse recto levantando la cabeza y retropulsando los hombros. Pero todo el que conozca las leyes mezieristas sabrá que cuando corriges una zona, las tensiones no desaparecen sino que se trasladan provocando una compensación en otro lugar (en este caso será una hiperlordosis, una rectificación dorsal o ambos, según las zonas en las que este niño sea capaz de compensar).

Si estas ordenes tienen suficiente fuerza, el niño fijará esta postura “corregida” (que en realidad es una forma “compensada” de esconder lo que hay por debajo) de manera que, a la larga, los músculos estáticos que la mantienen, se fibrosan para sostenerla de forma pasiva. Si, por el contrario, estas órdenes no consiguen obligarle a mantenerse “recto”, sólo harán que el niño se sienta aún peor y se doble más en cifosis, postura que también terminará por fijarse.

Pero es que este niño no ha llegado a casa con esa postura porque sea un vago o un indolente, sino sencillamente porque está expresando con su cuerpo (como hacemos todos) su estado anímico. Y es que ha visto hoy cómo la chica que le gusta le daba un beso a otro chico, en el recreo no le han dejado jugar porque “es malo” y la profe le ha humillado públicamente por hacer mal un problema. ¡Como para no llegar a casa hundido! Y encima, según entra por la puerta tiene que oír: ¡vas mal!, ¡ponte bien!

Ésta es una manera gráfica de explicar cómo las pulsiones emocionales (en este caso tristeza) reprimidas o sencillamente no escuchadas, hacen que el individuo se deforme, alterando su estática para compensar estas tensiones, que tienen su centro, como no, en el diafragma.

Pero existe otra posibilidad en la que no tendría que pagar este precio en su postura corporal. Veamos:

El niño llega a casa con la cabeza adelantada y los hombros enrollados y una “bola” en el estómago, que no es otra cosa que la contracción del diafragma. Su madre, al verle, se da cuenta de que algo le pasa y le dice:

  • ¿Qué tienes cariño, qué te pasa, que vas encogido?

El hijo le cuenta lo que le ha pasado y al hacerlo, su diafragma, su garganta y su mandíbula se relajan, de forma que la emoción (energía) reprimida fluye hacia el exterior en forma de llanto.

La madre le tranquiliza con voz amorosa:

  • Tranquilo cariño, no pasa nada, ya verás cómo vas a gustar a otro montón de chicas y el fútbol…. tú juegas muy bien al tenis. Y ya voy a ir al colegio a decirle a esa profe tuya que sea la última vez que te riñe en público y en voz alta.

Le abraza, le besa y le deja llorar. Al rato el niño se siente mejor, su madre le ha re-confortado, el se ha des-ahogado (las tensiones diafragmáticas debidas a la contención de la emoción le impedían respirar con libertad) y ya no se siente hundido.

Es entonces y sólo entonces que el niño toma una postura más correcta. Pero ahora, sin tener que hacer ningún esfuerzo ni compensación para lograrlo. Sencillamente se siente psico-emocionalmente más equilibrado y, por lo tanto, su postura será también más equilibrada.

En Diafreoterapia partimos de esta realidad, contada de forma fotográfica y un tanto extrema, para entender cómo un individuo ha llegado a adquirir su actual postura corporal y como esta va a participar decisivamente en el desarrollo de cualquier patología músculo-esquelética (lo describiré en posteriores artículos) y tratar a su vez de encontrar una vía de retorno hacia una postura mas equilibrada y sana.

Este camino de retorno debe siempre seguir una serie de pasos para ser seguro, estable y duradero:

  • 1º PASO - TOMA DE CONCIENCIA –De las sensaciones corporales (musculares, articulares, viscerales, superficiales, térmicas...), y del estado emocional y psíquico asociados. Se podría decir que si uno no sabe donde está, no podrá ir a ningún lugar.
  • 2º PASO -MOVIMIENTO O CAMBIO ­- Modificando una de las tres cajas provocamos un cambio en las otras dos, tomando siempre conciencia de este cambio para “aprenderse el camino”.
    • Mediante el trabajo corporal, estiramiento, alineamiento y corrección de las compensaciones, masaje y movilización para soltar las resistencias, provocamos una modificación mayor o menor de la postura y estado corporal que dará a su vez lugar a una modificación emocional y psíquica.
    • Mediante un trabajo de descarga emocional utilizando diversas técnicas, provocamos como en el caso del niño un cambio en el status y postura corporal así como en el componente psíquico.
    • Por ultimo, la Verbalización de los pensamientos moviliza emociones y por tanto también la estructura corporal.
  • 3º PASO - NUEVA TOMA DE CONCIENCIA E INTEGRACIÓN - Una vez realizado un movimiento o modificación en su status global, el paciente debe tomar nuevamente conciencia de esta nueva realidad y tratar de obtener una comprensión global de este cambio. Esto tiene una importancia vital a la hora de que la persona pueda integrar y por lo tanto conservar las correcciones logradas o al menos poder recuperar este punto en el futuro, con mayor facilidad. (como poner una baliza en el monte para reconocer el camino)

Podemos entonces continuar trabajando desde este nueva realidad para realizar un movimiento hacia una mayor corrección o dedicarnos simplemente a asentar e integrar lo nuevo mediante la forma mas razonable para ello. UTILIZARLO.

Artículo publicado por el 3 Julio 2009. Última modificación el 13 Julio 2013.
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