La trampa de las dietas rápidas

La trampa de las dietas milagroEn una sociedad como la actual donde se potencia la imagen, la belleza, la juventud y la delgadez, es difícil escapar del tema de las dietas milagro y de la lucha por la perfección. Lo que es importante es analizar qué es lo que quiero conseguir, para qué lo quiero conseguir, y no olvidarme nunca de que soy humana y que no existe la perfección.

Para que todo se tiene que conseguir de hoy para mañana y no hay nada más peligroso que la impaciencia cuando estamos hablando del cuidado personal y de la salud en todos sus aspectos.

Hoy en día miles de adolescentes, jóvenes y cada vez más hombres y mujeres de todas las edades, de obsesionan con tener un cuerpo perfecto, con cuidar el aspecto físico, y quitarse los kilos de más a toda costa.

Adelgazar no es algo malo, desde luego, pero muchas veces se pierde el enfoque de intentar adelgazar por cuestiones de salud, y se pasa a hacerlo de forma tan obsesiva que casi es peor el remedio que la enfermedad.

Existen múltiples y muy diversas dietas de todo tipo para poder perder peso. Además, se suelen anunciar de forma muy llamativa para quien tenga prisa por hacer, con titulares como: "Pierda 5 kilos en 7 días", "reduce dos tallas en dos semanas" y cosas por el estilo.

La pérdida de peso, hay que planteársela del siguiente modo: ¿por qué quiero perder peso?. Lo quiero perder por ejemplo por cuestiones de salud, por encontrar mi talla más fácilmente, por estar más ágil, por cuidarme y ver bien... todas ellas son razones válidas y positivas para ello. ¿Qué pretendo al iniciar una dieta?: pretendo lograr el objetivo de pérdida de peso, lo fundamental es poder llegar a él y mantenerme estable en esa meta.

Esa es exactamente la clave. Las dietas milagro o dietas rápidas, no es que no funcionen, sino que plantean objetivos muy rápidos, pero no hay que olvidar que el cuerpo necesita un periodo de adaptación y que no puede cambiar en dos días, porque es malo para nosotros. Lo que ocurre con este tipo de dietas  es que someten al cuerpo a una reducción calórica brutal, o que eliminan de la dieta nutrientes fundamentales que el cuerpo necesita como hidratos de carbono o grasas, aumentan enormemente el desgaste físico de la persona, y obviamente se pierde peso. La trampa de todo esto, es que obviamente, cuando he llegado al peso deseado, luego tengo que seguir con mi vida, es decir, tengo que volver a comer de forma más o menos normal, con cantidades más o menos normales, tengo que dedicar tiempo al trabajo, estudios, amigos, familia y pareja, y por lo tanto no puedo invertir tantas horas en el gimnasio y se vuelve en definitiva a una vida normal. Al haberse producido una pérdida de peso tan rápida y de un modo tan agresivo, en el momento en el que se normaliza la vida, se produce lo que se conoce como el efecto yo-yo, es decir, no sólo se retoma el peso perdido, sino que a veces incluso más, ya que el cuerpo se empeña en recuperar lo que ha sufrido en ese proceso, y porque además hemos decelerado el ritmo del gasto metabólico por lo que hasta que se acostumbra a quemar más, ya he recuperado lo que pretendía quitarme.

Lo importante de una dieta no es perder únicamente, sino que hay que plantearlo como que me ayude a aprender a comer, a sincronizarlo con mi vida habitual y normal y que aunque la pérdida de peso sea más lenta, pero que desde luego sea estable y me permita mantener lo que he perdido y no estar ganando y perdiendo continuamente.

Además no hay que olvidar que estas dietas rápidas conllevan muchos riesgos:

  • Se fuerzan músculos y se pueden producir lesiones o daños musculares por el exceso de ejercicio que no suele ser moderado.
  • Puede derivar en un trastorno de alimentación obsesivo, tipo anorexia, bulimia, obesidad crónica, trastorno por atracones...
  • Daña gravemente la salud produciendo pérdida de nutrientes que pueden llevar a problemas cardíacos, reducción de calcio, potasio y minerales del cuerpo.
  • Baja las defensas.
  • Enlentece el metabolismo, lo cual dificulta la normalización de la comida.
  • Problemas de desnutrición.
  • Bajan las defensas y somos más vulnerables a contraer todo tipo de enfermedades.
  • Bajadas de tensión, sensaciones de mareo y fatiga.
  • Problemas ginecológicos en mujeres como la amenorrea o pérdida de menstruación...

Por lo tanto, si hay que plantearse en algún momento una dieta o perder unos kilos es importante:

  • Tomarlo en serio.
  • Ponerse a ello con calma, no hay prisa.
  • Aprender a comer (un endocrino ayudará a esto).
  • Mentalizarme de que me quiero y por eso me cuido, no que voy a ver si logro perder peso para quererme un poquito porque así sólo me presiono en balde y me frustro en exceso.
  • No forzar el cuerpo, sino plantearle objetivos realistas y paulatinos tanto de dieta como de ejercicio físico para que pueda ir adaptándose a quemar lo que consume normalmente.
Artículo publicado por el 5 Noviembre 2010. Última modificación el 29 Marzo 2015.
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