El Vacío; Entrega y Gozo

El vacío, entrega y gozo¿Esta lejos el vacío del gozo? ¿Qué lleva a que?.

El vacío, al entregarse uno y perder la resistencia y el miedo, al traspasar la barrera, es nuestro hogar y es gozoso.

Es el sustrato del mundo manifiesto incluidos nosotros mismos.

Es muerte y resurrección, misterio y ‘vuelta a casa’.

El gozo es lleno y sujeto a ser pasajero. Pero el vacío permanece en la Unidad llena.

Es muy común una asociación negativa del vacío.

En muchas personas el conectar con el vacío las genera angustia, miedo y malestar.

He conocido muchas personas que en la meditación, con sustancias psicoactivas o en determinadas situaciones vitales se ven confrontadas con el miedo por causa del vacío. En estas situaciones de barrera de la realidad ordinaria se puede efectivamente sentir una perdida de corporeidad y también una perdida de sensación del Yo y/o pueden aparecer otro tipo de experiencias no habituales, desconocidas y extrañas, poco familiares.

Para el ego, la yoidad común, es amenazante e incomprensible; “¿me diluyo?, ¿desaparezco?, ¿me voy?, ¿me muero?, ¿pierdo el control?”. Aparece un miedo a lo desconocido.

Sucede que personas que estaban teniendo una experiencia de acceso profunda y hasta entonces placentera que les llevaba a muy buen ‘lugar’, por este miedo lo cortan y se transforma automática y súbitamente en una experiencia negativa, amenazante, tensa, ‘un mal viaje’. Se crea una fricción, una lucha entre el yo pequeño con el que la persona se identifica y su Fuente poderosa (el Fundamento Dinámico de la existencia) pero inidentificable y vacía. Esa lucha y su miedo asociado es el malestar y la amenaza, no el vacío. Para muchos es un muro con el que siempre chocan y les aparta de la profundización y de mucha experiencia, y puede serles aterrador, con componentes psicóticos de despersonalización etc. y se harán fóbicos.

Si consiguen traspasarlo y entregarse a la experiencia, comprobarán ‘que no se van a ningún sitio’, ‘que dejar el control en es una gozada’ y que la yoidad siempre estará también de una forma u otra. Siempre es con la entrega, la rendición. Efectivamente el vacío algo tiene que ver con la muerte, ya que este además de sustrato de la vida, lo es de la muerte. Si en lugar del miedo vence el impulso de adentrarse entregado, nos aportará reconciliación con la muerte inevitable, menos miedo a la muerte y por extensión a la vida y posiblemente nuestro transito final en un futuro, será más sereno y un viaje por un terreno un poquito más familiar.

Muchas personas por ejemplo, reportan en estados de ansiedad y angustia que no pueden respirar, que no les entra aire en el pecho. Muy al contrario de lo que creen, que se podría traducir por: ‘tengo los pulmones vacíos- no me entra el aire- me voy a morir’, generalmente lo que ocurre es que retienen tanto aire dentro por miedo y por tratar de respirar ‘con la cabeza tomando control del proceso’ que no pueden respirar con normalidad, pues es un mecanismo inconsciente y corporal. También puede haber otras causas como tener una activación exagerada del sistema simpático ya instaurada, como en los brotes de ansiedad, ser fumador u otros problemas pulmonares, etc. Efectivamente no les entra el aire, porque se lo guardan todo dentro por miedo y aun así se perciben faltos. Esto a un nivel mas amplio puede ser una parábola de lo que le ocurre a esa persona fuera de este episodio concreto: “pongo tanto control que me desnaturalizo, tengo tanto miedo a perder y soltar…., me lo guardo todo”. Otra parábola vital de esto sería: “estamos demasiado llenos y aun así, ávidos por llenarnos más” mientras debemos soltar, vaciarnos para que quepan ‘cosas’, experiencias, ‘lugares nuevos’. Terapéuticamente debería expulsar el aire forzándose, expirando incluso cuando se sienta ya sin aire (entendamos que este paciente no se percibe correctamente), más del límite de lo que se cree posible y cuando no pueda más, si ‘nos entregamos’, los pulmones se llenarán de aire sin necesidad de ejercer ningún control ni voluntad, como un fuelle. Repitiendo varias veces y ‘entregados’ al cuerpo y su saber, olvidándose del afán por controlar…. la naturalidad se restaurará desapareciendo la angustia, y el cuerpo respirará solo y la sensación será gozosa o al menos neutra.  La persona ya fuera del episodio debería trabajarse la confianza, sus miedos, investigar porqué interpreta al revés, su conexión cuerpo-mente y con el mundo a otros niveles.

Otra traducción del vacío como amenazante muy común en los seres humanos es la angustia por el silencio y la necesidad de hablar continuamente, de rodearse de ruido y/o perpetuar el incesante ‘dialogo interno’. También el no saberse parar. En la mayoría el ‘no-hacer’ es una de sus mayores tareas pendientes para crecer y salirse de su molde constreñido. Las compulsiones con poseer y acumular también tendrían conexión con esto.

La clave es entregarse, pero tenemos tanta herida y tanto miedo, tanta carga, estamos tan automatizados…

Pedro Gómez G.
Octubre 2012

Artículo publicado por Pedro Gomez Gil el 11 Octubre 2012. Última modificación el 4 Enero 2014.