Personalidad en la etapa oral

La etapa oral en el bebéCuando el alma se proyecta en el ego, participa de un conjunto de experiencias que, con las distinciones kármicas oportunas, son comunes, y en este sentido, forman parte elemental de la experiencia de la vida terrestre y mental/emocional y podríamos considerarlas tendencias comunes o karmas comunes.

No hemos podido comprobar con aprobación de la comunidad científica el "trauma del nacimiento", pero os invito a investigar sobre ello.

Sobre lo comprobado, durante los tres primeros meses, podemos contar que el bebé no puede todavía diferenciarse del ambiente, no tiene conciencia de sí mismo, solo sensaciones que son para él universales, él es "todo" en ese momento.

Esas sensaciones son radicales, ya que la memoria del amor interno ha desaparecido, y no hay medida media. Estamos en el momento del todo o nada.

Idealizar y retaliar

Cuando hay sensaciones de satisfacción, son máximas. En ese momento el bebé siente que hay un objeto gratificante, que con el pasar de las semanas va construyendo dentro, es perfecto, fuente de toda satisfacción, eterno, y lo idealiza.

Lo mismo ocurre cuando hay sensaciones de insatisfacción, y son también máximas. Al ser de tan extremas el niño se siente morir y agredido, no puede saber que su sensación de incomodidad física o de hambre pasará, sino que es llevada al extremo, indefinido y mortal. En ese momento el bebé siente que hay un objeto agresivo fuera, que le priva de la vida, y por lo tanto le daña. Con el pasar de las semanas va construyéndolo también dentro, es terrible, y es fuente de toda insatisfacción, eterno, y lo retalía.

Retaliar es el proceso inverso de idealizar, esto es, convertir un objeto en malo.

El objeto parcial de la madre del que estamos hablando es el pecho, pero más allá de él, es el acto de la alimentación (es parcial porque solo se internaliza un tipo de relación, no el objeto completo y el conjunto de sus relaciones con él).

Es el mismo objeto, pero esas primeras 16 semanas, que son cruciales en el desarrollo mental y emocional, se mantienen separados, ya que no existe la capacidad ni de compensación afectiva, ni de integración del objeto. Se percibieron en situaciones distintas, así pues son distintos.

Esa separación es un precedente en la mente, que va a ser la base del dualismo también en la vida adulta...pues en ocasiones no vamos a poder compensar las partes "buenas" con las "malas" de un objeto, sea persona, animal o cosa.

De modo que cuando se reproducen estados de ira o de placer extremos, nos volvemos a situar en esa posición primera, e idealizamos o retaliamos el objeto, no podemos integrar sus distintas partes.

La etapa oral

A este momento de la vida se le llama Oral, ya que la satisfacción o insatisfacción primordialmente proviene de la boca y el tracto digestivo.

Muchas actitudes relacionadas con la boca y la ingesta tienen que ver con esta etapa, así como el querer atesorar, vincularse mucho al mundo de las cosas.

El mecanismo por el que el objeto se introduce dentro se llama introyección, y en estos primeros meses, se introyectan dos objetos o figuraciones, separados, máximos, pero no se introyecta sin más.

Introyectamos con emociones, sentimientos y creencias asociados al objeto.

El bebé cuando introyecta el objeto bueno, acaba de depositar algo dentro que le beneficia, ya que le amó fuera, ahora le ama dentro, y como es así, el bebé lo siente benefactor.

Pero cuando introyecta el objeto malo, también siente que ese objeto ha sido agredido por él, ya que es evidente la manifestación de rabia pataleando del bebé...y ya que fue agredido, espera que dentro siga siento un objeto agresivo como lo fue fuera, pero de manera redoblada, ya que está siendo dañado dentro. Este es el principio de la persecución, internalizar objetos dañados, que lógicamente nos buscan para dañarnos y devolvernos el trato.

La forma de agresión con la que fantasea el bebé es morder, contrario de la succión que es la no agresión. Así que las fantasías del niño agresivas son sobre todo denominadas sadismo oral.

Cada persona reproduce en cada vida unas etapas, tanto en la personalidad, como en el aprendizaje del lenguaje, que son representaciones de cómo ha evolucionado el hombre en la tierra, de modo que es recordado de forma inconsciente.

Y además cada etapa es un patrón que nos sirve para entender la adultez.

Por ejemplo, ahora sabemos que en el terreno de las psicosis, el modelo es oral, ya que los objetos se mantienen separados y no puede emplearse el amor para compensar e integrar la realidad del objeto, y además lo introyectado se convierte en perseguidor interno.

En la adultez, y no en grado patológico, existe el mecanismo de la ambivalencia, que es una reproducción de esto, pero ya en una etapa posterior, cuando el objeto se integra pero se descubre que a veces, aún siendo amado, también es odiado por esos aspectos que sentimos "malos" y que no toleramos en el objeto externo.

Melanie Klein, que fue quien estudió más estos procesos, fundando la escuela Kleiniana, advirtió que la única forma de mitigar el dolor del proceso en el bebé es con Amor. El quererse alimentar en exceso a veces se relaciona con compensar una falta afectiva, así como el rechazo de la alimentación, una forma de quejarse por la misma falta, privando la entrada de amor.

Una defensa ante la angustia de agredir al objeto es apenas mamar, de modo que la imaginación de morder el pecho disminuye al no relacionarse casi con él.

En la etapa posterior, de los 4 a los 6 meses, el niño entra en lo que se llama la etapa depresiva, es decir, cuando ya puede tener noción de objeto completo, sobre todo al culminar el mes 6, y se da cuenta de las consecuencias de su imaginación o rabia cuando ataca al objeto fuera.

En esa etapa, ya se reconoce que el objeto mamá es real y externo y solo uno, aunque cuando hay mucho beneficio o perjuicio sigue generándose una mamá ideal o retaliada.

En estados con ausencia de ira o máxima satisfacción, se reconoce al objeto íntegro y la ambivalencia (amar y odiar lo mismo y al mismo tiempo) toma todo su poder en la emoción y la mente, pues se percibe cómo puede llegar a odiarse a un objeto que tiene al tiempo que todo lo bueno, también todo lo malo.

Si triunfa el amor y se puede amar al objeto como es o incluso al objeto malo, el niño evoluciona feliz, pero si hay mucha separación y se tolera mal cometer daño a lo bueno también, con el miedo entonces a perder esa parte tan necesaria, se organizan defensas.

La negación del amor, la sustitución y el control

Las defensas más destacadas son la negación del amor, la sustitución y el control.

La sustitución del objeto por otro y/o su control para la autosatisfacción y evitar el dolor se llaman manía.

El recurso maníaco busca evitar el dolor de la ambivalencia y la pena que le sigue, de modo que el objeto ahora hace lo que yo digo, y además se supone que el Yo controla su relación con él; así pues, todo dominación.

Es tanto el control el poder, que la omnipotencia provoca la sensación de poder sustituir al objeto, y cualquiera parecido vale.

Es la fiesta de los objetos, pues interiorizo todos los que quiero, aunque surge la dificultad de que los interiorizo "controlados" y dominados....a saber si dañados aún, y en lugar de provocar amor en el interior, ocasiona un alejamiento de la sensibilidad, y solo sensación de poder.

La omnipotencia es una defensa usada para mitigar la pena.

Así no solo es orgulloso quien es vanidoso, sino que muchos lo son por necesidad, para compensar la pena.

Este tiempo es el prototipo de la depresión en la edad adulta, y con esto no indicamos que la provoque, que podría ser, sino que es el patrón, modelo.

Ricard Montero i Costa
Psicólogo, economista y Maestro de Reiki en Komyo, Gendai, Reido y Karuna

Artículo publicado por Sissoassociats Ricard Montero el 28 Diciembre 2014. Última modificación el 13 Abril 2015.