Comprende mejor el estrés

Comprende mejor el estrésSe trata de un fenómeno, y hablamos sobre todo de sus consecuencias, que causa verdaderos quebraderos de cabeza a personas e instituciones.

Nuestro cuerpo, no está adaptado a las nuevas exigencias, no siempre adecuadas, de nuestra sociedad, y no podemos olvidar el efecto del tiempo sostenido del estrés o su intensidad.

Por lo tanto, desde principios del siglo XX la ciencia ha empezado a indagar y ha realizado estudios e hipótesis.

¿Qué es el estrés?

Como digo, desde principios de siglo, por ejemplo el Dr.Walter Cannon, destacado fisiólogo de Harvard, ya en 1914 usaba el término al descubrir los estímulos que causaban emociones fuertes y alertan al sistema nervioso autónomo.

Sin embargo, como autor de referencia, tomen mejor a Hans Selye (1907-1982), doctor húngaro que se considera el mayor de los precursores en el estudio y elaboración del concepto.

A sus 29 años publicó un artículo sobre el SAG o Síndrome de Adaptación General en el British Journal Nature.

Lo definió como "el proceso bajo el cuál el cuerpo afronta un agente nocivo o carencia". En su estudio, hablaba de tres momentos distintos y sucesivos, en los efectos del estrés:

  1. Primero la detección de una señal de alarma y preparación del organismo para la "defensa o huida".
  2. Después, si persiste la señal, constitución de una postura (hormonal, muscular, mental) de resistencia. Aquí, hago notar, empieza el desgaste de nuestras defensas, justo en el hecho de la continuidad temporal, el hecho de que la alarma sigue más allá del tiempo sostenible.
  3. Finalmente, si el tiempo de presión y alarma, sobrepasa la resistencia, defensas etc. de la persona, sobreviene la tercera etapa de, en palabras de Selye "Agotamiento manifestado por deterioro orgánico, normalmente envejecimiento", y predisposición a la enfermedad.

En un intento de acercar el concepto y darle un enfoque más coloquial, en mi web, en 2009 definió Estrés como "una respuesta necesaria ante el peligro o necesidad que integra a todas las funciones corporales y mentales del sujeto, en mayor medida cuanta mayor sea la importancia o duración de la alarma".

Digo, integra todas las funciones "porque es demasiado complejo distinguir cuándo una respuesta es solo cognitiva, mental o emocional o física. La actuación es en conjunto en muchos casos".

El estrés cotidiano

Bien, pero como el objetivo del artículo es comprender mejor el fenómeno, hemos de matizar aún más.

Las situaciones de la vida en las que uno siente presión, urgencia, necesidad de rendir, o bien, las dificultades para lograr metas, o sufre con los cambios más corriente, de domicilio, profesión o lugar de trabajo, pareja, o aquellas que podemos comprender mejor, como el nacimiento, la enfermedad o la muerte, forman parte de la misma experiencia de estar vivo.

El factor de riesgo base, es el hecho de participar de la vida en sí misma.

No podemos vivir en perpetua protección o negación sobre los factores que exigen de mi o que suponen riesgo. Así que el estrés es inherente a la misma vida, y las personas e instituciones han elaborado estrategias para hacerle frente, más o menos adecuadas.

Es más, que el organismo interprete como señal de alarma y ofrezca una respuesta de huir o atacar, sigue siento adecuado. Por ejemplo, enfrentar un examen, no puedo hacerlo desde la calma más completa, porque podría afectar al resultado, al faltar parte del empuje y motivación por mejorar mi nota, ni desde la agonía nerviosa que impide la concentración necesaria para recordar y aplicar lo que se requiera en la prueba.

Al contrario, existe un grado de tensión necesario y una normo-respuesta a la situación estresante, que podemos considerar sano, requerido incluso para motivar la acción.

Cuándo el estrés se convierte en algo dañino

El inconveniente no es el factor de estrés conocido que sé metabolizar, o sobre el que tengo una respuesta adecuada, sino:

  • el que la situación de alarma supere en intensidad o recursos mi posibilidad de responder
  • o bien, que, aún sabiendo responder, se sostenga la alarma por encima del tiempo que puedo tolerar.

En ambos casos, lo que ocurre es el agotamiento de mis defensas, y esto lo indico en toda su extensión, las psíquicas y las físicas.

Y debo añadir, el factor de estrés con respuesta inadecuada, que es frecuente en la nueva sociedad industrial. No nos supera en intensidad, sino que como decía al principio, nuestro cuerpo no está adaptado a las nuevas exigencias, no siempre adecuadas, de nuestra sociedad.

Pongo un ejemplo: La irritación en una oficina.

Fíjense en este tercer inconveniente:

La respuesta estándar al estrés del sujeto que se dispone en mayor o menor medida a la lucha o huida, dilatando sus pupilas (mejor visión en la lucha), aumentando su tensión muscular (mejora en el combate), retrayendo el flujo sanguíneo del estómago (disminuyendo la hemorragia por herida en esa zona poco protegida), aumentando la presión sanguínea aumentando la frecuencia de los latidos cardíacos (mayor fuerza), eliminando la percepción de estímulos secundarios y aumentando la concentración en un solo aspecto (mejora perceptiva), elabora la adecuada para un entorno hostil natural, pero no es adaptada a un problema emocional que ocurre fuera del entorno donde el ser humano ha evolucionado por milenios, o como dice H. Selye, a tener que cruzar una calle con mucho tránsito...porque no tiene la descarga adecuada...el individuo no huye, ni lucha...se queda mirando el tráfico o estresado después de hablar por teléfono, sentado en una silla!

Por lo tanto, el tercer factor inconveniente del estrés nos habla que el nuevo entorno humano ha evolucionado más rápido que el propio organismo y esto genera una respuesta no adecuada y por lo tanto es  para mi , después de la intensidad en alarma y el sostenimiento en el tiempo, otro inconveniente que alimenta el mal fruto del estrés excesivo o inadecuado, esto es, el agotamiento del sistema de defensas humano.

Ricard Montero i Costa
Psicólogo, economista y Maestro de Reiki en Komyo, Gendai, Reido y Karuna

Artículo publicado por el 15 Marzo 2015. Última modificación el 3 Abril 2015.
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