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Lo entiendo pero no lo comparto. El despertar del alma...
¿Materia o Energía?
El universo y dentro de éste nuestro sistema planetario, es un vasto sistema de energía en el que los humanos estamos insertos como seres capaces de producir y consumir dicha energía. En nuestra trayectoria evolutiva hemos aprendido a extraer energía de todo lo que nos rodea y los elementos de la Naturaleza (mineral, vegetal, animal) han sido catalogados y definidos en función de su capacidad de aporte energético, con vistas a cubrir nuestras necesidades de consumo energético/material.
Desde el principio, nuestra capacidad de «sentir» la fuerza interior o energía vital de un ser humano hizo que supiéramos distinguir la fuerza bruta (o fuerza material) de la fuerza mental o energética; y esto hizo posible que personas aparentemente frágiles o pequeñas (por relación a tamaños más grandes), gobernasen las mentes de personas más fuertes físicamente.
Es indudable que la energía nos mueve y es indudable que las personas compiten por la energía; y es indudable que la carencia de energía nos hace enfermar. El agua, la tierra, el aire, el sol, todo puede reducirse a su función energética pero ¿es posible reducir el amor de igual forma? Por supuesto. El amor es conocimiento, el amor es compromiso, el amor es atención (en horas o minutos); el amor, sobre todo, es estar presente para la otra persona. Y ese «estar presente» requiere de toda tu atención y de toda tu intención (o propósito de ser-estar).
Cuando una persona está presente, su SER brilla con una luz diferente a la que estamos habituados a percibir y es que las personas, en general, caminan ausentes en su propio sentir o pensar, sin percatarse de la presencia del otro.
En ausencia del brillo natural que otorga la vida consciente, las personas necesitan de las emociones (o energía emocional) que proceden de los «campos de energía» que cultivamos interactuando; estos campos de energía se producen cuando las personas «chocan» o se «tocan» inconscientemente, lo que se traduce como discutir/alejarse o quererse/apegarse.
Discutir o quererse son la misma energía y lo que la distingue es la intensidad del encuentro. La discusión es el choque fuerte que se produce entre personas que se «quieren» y que no se lo han demostrado «rozándose» lo suficiente.
El «quererse» necesita de «roces» continuados para seguir en activo (mirarse a los ojos, olerse, tocarse, hablarse, etc.) y si no se producen llega la discusión para acortar las distancias…
El amor, en cambio, para mantenerse en activo, no necesita de este «contacto continuado en el tiempo» ya que la persona que ama ha aprendido a cubrir sus necesidades energéticas, en forma autónoma, y es la vida la que decide los compañeros junto a los que ha de caminar; la persona que ama no hace responsable jamás a los demás de su sustento emocional-energético por lo que puede decirse que sólo son capaces de amar las personas libres.
Durante mucho tiempo, los humanos hemos «brillado en la oscuridad» gracias a la interacción emocional y el lenguaje emocional-corporal (posturas y gestos) nos ha permitido reconocer nuestros estados de ánimo o nivel de energía, a simple vista. A lo largo de incontables generaciones, avanzamos creando poderosos lazos de energía emocional a modo de «alumbrado público». Todos dependíamos de todos y la autosuficiencia energético-emocional no existía, al menos para la mayoría.
En este sistema, la jerarquía fuerte-débil estaba definida por la fortaleza física y la ley del más fuerte o grande era la que se imponía. Imagina el cuerpo como una antorcha que se consume/oxida al respirar, al cazar, al correr, etc., siempre en relación al medio ambiente o clima y a la respuesta instintiva de los demás. Esta evolución instintiva-corporal prevalece en los humanos a no ser que se active la CONCIENCIA DE HUMANIDAD y esto sólo es posible si dotamos de atención e intención a nuestras interacciones.
El continuo desarrollo de la atención e intención en la conducta humana produce el estado que algunos denominan como Iluminación o Iniciación del ser humano a la vida energética o superior, también conocida como el despertar del alma. Este proceso termina con la necesidad de generar interacciones emocionales para poder ser, sentir, o ver tu camino reflejado en la cara o reacciones de los demás y permite que las personas sean autosuficientes, energéticamente hablando. Esta autosuficiencia las libera de la necesidad de controlar y, desde luego, de ser controladas y permite escapar de las regulaciones masivas que acontecen cíclicamente en la evolución de todas las especies instintivas.
Por mi parte, considero que la iluminación es el estado natural de toda persona que supera el nivel emocional-instintivo propio de la infancia y que sería algo habitual, si en la infancia y tiempo de juventud se tutelara al ego para vivir en comunidad de forma consciente.
El proceso de iluminación o despertar del alma no es un fenómeno religioso o espiritual, es un fenómeno biológico al que todas las personas pueden acceder si reciben la suficiente atención personalizada (dosis de amor, compromiso, conocimiento, intención, etc.) que requiere dicho proceso. La nutrición física es importante en los niños, pero si falla la atención personalizada e intencionada, los niños crecerán con carencias energéticas que LES IMPULSARÁN DE FORMA AUTOMÁTICA a la interacción emocional para recibir dosis extras de atención-energía. Esto garantiza su supervivencia pero hipoteca, de por vida, el desarrollo de su alma y la convierte en un territorio de «accionistas múltiples» interesados en controlar y gestionar la evolución futura de la «criatura».
La mayoría de los procesos terapéuticos «espirituales», [*1] que las personas desarrollan, suelen ser espontáneos y se inician con una crisis de salud física o crisis del alma [*2] donde la persona busca recuperar las partes de su conciencia que perdió mientras crecía sin ser ella misma.
Por desgracia, este proceso de «búsqueda de sí mismo», que implica todo proceso de enfermedad, no es reconocido por el sistema y los cuerpos-almas de las personas, que gritan de dolor para ser escuchados, son silenciados con métodos terapéuticos especialmente desarrollados para esta labor.
Sin embargo, en los últimos años ha surgido una corriente evolutiva «espiritual» (muchos la definen así) a la que muchas personas se están adhiriendo, considerándola una forma de vida en sí misma. Las personas que se adhieren a esta corriente, se consideran «buscadores» y se afanan (unos más que otros) en encontrar la iluminación, el camino hacia dios, el nirvana, etc. etc. etc.
Esta corriente cobra mayor fuerza cada día y al observarla, me recuerda a las «fiebres del oro» de las películas del oeste americano, que atrajeron a multitud de buscadores de fortuna que esperaban hacerse ricos en poco tiempo. En esta corriente, el despertar del alma no es algo espontáneo, que acontece sin ir a buscarlo, como ha venido sucediendo durante milenios y siempre que la persona estaba madura para asumir la plena conciencia de sus actos; sino que es provocado por el «ego» que ansía los frutos de la vida «espiritual» o plenitud energética como una adquisición terrenal más…
Así pues, «el despertar del alma» se ha convertido en un producto que puede seleccionarse en base a las preferencias personales (o del ego) que son manipuladas por las necesidades emocionales y, por tanto, elegidas en forma errónea. Las personas revisan las listas de técnicas, terapias o de «maestros espirituales» para elegir el sistema que más les atrae… Se ofrecen iluminaciones a la carta y al igual que se eligen los labios, pechos o glúteos que se quieren tener, en las clínicas de estética; se diseñan perfiles «espirituales» en los centros y clínicas del despertar «espiritual». Abundando los centros donde se ofrece un coctel explosivo por el que puedes alcanzar el «éxtasis» divino en pocos meses (los más serios), semanas, incluso horas; un poco de ejercicio, un poco de respiración, un poco de masaje, una aguja por aquí, quizá un cristal o algo de color, velas, música, etc. etc. etc. unido, por lo general, a dinámicas grupales de todo tipo y condición…
Estas fórmulas «novedosas» coexisten con las más tradicionales en las que el «maestro» te pasa su luz con su toque personal y tras una serie de seminarios, en los que vas iluminando niveles de tu ser, sales convertido en ¡maestro! Y ¡ya puedes iluminar a otros!...
Esto cuando se trata de iluminar el alma, pues en lo que concierne a la «salvación del cuerpo» no voy a entrar en este artículo pues, probablemente, no tendría fin ya que el tema de las terapias y técnicas encaminadas a «restablecer la salud del cuerpo de forma natural», se alejan tanto de lo que el cuerpo entiende por natural, que se necesitarán bastantes años antes de que las aguas vuelvan a su cauce. La búsqueda de lo Natural es otra de las grandes corrientes que arrastran a multitudes ingentes de personas y el MERCADO está dando buena cuenta de ello; a consecuencia de esto, los bolsillos se vacían y la separación cuerpo-mente se acentúa.
Bajo el epígrafe de natural, holístico, alternativo, biológico, etc., se esconde la misma actitud de control y manipulación del ego que sólo quiere liberarse del miedo a la vejez, del dolor, o de los problemas que la enfermedad le ocasiona; Eso sí, todo muy natural y ecológico para no ser como los «otros» que siguen con la medicina oficial ¡que hay que ser diferentes!
La ironía no suele estar presente en mi discurso habitual pero, en estas últimas semanas, me estaba enfadando conmigo misma por no ser capaz de enfrentar (y positivar), los sentimientos negativos que el panorama de las terapias y técnicas de desarrollo humano, personal, espiritual, etc., hace aflorar en mi consciencia. Hubo un tiempo que opté simplemente por no mirar… Después comprendí que la postura del avestruz no era apropiada y me dispuse a integrarme y aportar mi enfoque de forma sutil, para contrarrestar lo que, en mi experiencia, considero se aleja de la verdad. Ahora estoy en un momento en el que pienso que esta actitud no es suficiente y que las sutilezas no bastan, ya que pienso que los problemas que asolan a gran parte de la humanidad los creamos entre todos y que hay que «dinamitar» de forma clara y contundente (eso sí, con palabras) las barreras y muros que la ignorancia del ego (de todos los egos) levantan una y otra vez.
Así que he decidido que parte de mi discurso se torne más contundente, alto y claro, asumiendo toda la responsabilidad que estas palabras conllevan…
Para los que quieren más:
Lecciones de humanidad ¿cómo valorar el coste de una vida?
Lo entiendo pero no lo comparto. La rueda de la vida
Vídeo "El que tenga un amor…"
[*1] Espiritual es una definición que no comparto pues espiritual es sinónimo de energético y energético es todo proceso de vida registrado y no hay porqué marcar la diferencia. Utilizarla en la actualidad, lo considero obsoleto y tendenciosa
[*2] Crisis del alma son aquellas en las que el cuerpo resiste, pero las funciones nerviosas activan las señales de peligro y la persona se pone a la búsqueda de sí misma; propiamente son crisis de madurez
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