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Si yo fuera feliz
Últimamente no hago más que oír por todas partes, sobre todo en la consulta, “si yo fuera feliz como antes”… ¿Feliz? ¿Antes de qué?
Veamos, entendemos por felicidad: satisfacción, gusto, contento… Estoy seguro que si os preguntara a vosotros, mis silenciosos y desconocidos lectores, añadiríais alguna acepción más. Tipo bienestar, dicha, gozo, alegría… Y más de uno, incluso, diría: éxito, progreso, superación, mejora… aunque esto directamente nada tenga que ver. Pero así somos, confundimos la felicidad con cualquier forma relacionada con el éxito material. Ya se sabe, ya se dice: “el dinero no da la felicidad pero ayuda bastante”… Y, en cuanto al “como antes”, la mayoría se suele referir, a cuando eran más jóvenes.
Otra incongruencia, si lo pensamos bien. El tiempo, con felicidad o sin ella, nunca va para atrás. Nos guste o no, avanza que es una barbaridad. Pero volviendo a la felicidad o, mejor dicho, a la infelicidad del no existir en la realidad del aquí y el ahora, también apuntaría que vivir no es sólo cumplir años. Vivir es experimentar, crecer y madurar. Pero ante todo saber adaptarse a los cambios, encajando todas y cada una de vicisitudes de la vida… Del mismo modo que no utilizamos la misma ropa de cuando éramos pequeños, tampoco podemos pensar, hacer o vivir de la misma manera que como hacíamos con veinte, treinta o cuarenta años. La felicidad al igual que la suerte es una actitud, una cualidad que tenemos que crear cada día. Y para eso qué mejor que aprender y fijarse en los modelos de los que ya superaron esas fases de búsqueda inútil. Es decir, los sabios y experimentados, nuestros mayores.
Hace tiempo que me llama especialmente la atención el creciente aumento de ventas, el boom de los libros denominados de autoayuda. Libros que, según mi opinión, básicamente se concentran de dos tipos: los que presentan la historia dulcificada y envuelta en un cuento medio de hadas y los que muestran una supuesta cruda realidad basada en la historia del autor. Pero en ambos casos, a mi entender, ninguno son de gran ayuda a la hora de la verdad. Unos porque tratan de historias tan mágicas e idílicas que no son para nada creíbles y otros, los autobiográficos, porque generalmente son extranjeros. Y de sobra sabemos que España es diferente… Es algo así, guardando las distancias y con el debido respeto, como si por ejemplo te gustan los pájaros y quieres aprender o conocer más profundamente las características de una determinada especie autóctona. Vas a una librería y te encuentras con todo tipo de guías de aves del mundo, todas ellas muy ilustradas a todo color, con cientos y cientos de láminas y nombres raros… pero por más que te empeñes y quieras encontrar la tórtola autóctona de tu pueblo no hay manera. Eso sí te saldrán las africanas, las australianas y las de Sebastopol pero no las de tu pueblo. Y al final recurrirás a Pedro, el viejo pastor, que como lleva cuarenta años en el monte te dará cumplida explicación aunque no haya leído un libro en su puñetera vida. Para eso sirve, entre otras muchas cosas, consultar con los mayores. Sirve para aprender lo que es de verdad la felicidad. La felicidad que no se paga con dinero, porque no hay dinero bastante en el mundo para comprarla. Resumiendo, la felicidad hay que inventársela cada día… ¿Necesitas ayuda?
© Manel Marina
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