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Sin conocimiento
La vida es una constante lección, y un continuo recordatorio…
A estas alturas de la historia no voy a negar que me gusten los juegos de palabras, las frases con doble sentido o intención y todo lo que sirva para mover las neuronas. Es decir, todo lo que nos haga pensar o tomar conciencia. Plena conciencia de la vida. De esa vida que tenemos y que tan mal llevamos la mayoría, o en la mayoría de los casos tanto maltratamos.
Una vez más confirmo y afirmo, soy un hombre de suerte. Esto, o es que todavía no me toca. O ambos supuestos. Y lo digo por un par de sustos recientes. Hace unos días perdí el conocimiento. Ya sé, no es lo mismo perderlo que no tenerlo… Modestamente creo que lo tengo, aunque puntualmente lo pierda. Sustos a parte, me lo tomé como una lección. De humildad, claro está. Otra más.
Que creemos que somos incombustibles, irrompibles, eternos… no es nada nuevo. Así nos va. Vamos tirando y tirando, incluso de reservas, hasta que agotamos todas las existencias. Y por más que lo sepamos, o nos lo digan y nos lo repitan hasta la saciedad, hasta que no te ves en el suelo no te lo crees. Esto no es un juego, no es una broma… y mucho menos un ensayo general. Estás gastando lo que tienes. Así lo entendí, lo volví a entender. Ya se sabe, uno que es un poco torpe. O mejor dicho, desmemoriado. La excusa de la torpeza a mis años ya no sirve, no vale decir: “eso no lo sabía”.
¿Qué fue lo que me pasó? Lo de siempre. Cansancio elevado a la decima potencia, un catarro mal curado, unos cuantos cigarros peor fumados y… un desvanecimiento. Dicho así puede parece cualquier cosa, algo sin importancia pero no lo fue. Entre otras razones porque me asusté, y mucho además. Y el susto no venía por el hecho de morir, bien sabe Dios que no tengo ningún miedo a morir. Eso sí, cuando llegue. Por supuesto no está en mi ánimo, al menos conscientemente, forzar nada. Pero a lo que sí tengo, no miedo, pavor es a quedarme “pallá”. Es decir, a no poderme valer por mí mismo. Sólo de pensarlo ya me horroriza. Pero eso es harina de otro costal… Sigamos. No, no fue un simple desvanecimiento. Minimizar el cuadro es una deformación profesional, lo reconozco. Lo que me ocurrió se puede interpretar de muchas maneras, desde un sincope hasta una apnea. Para mí fue una parada cardiorespiratoria en toda regla, eso sí, gracias a Dios, brevísima. Para bien o para mal ya me había sucedido algo similar en el pasado. Uno en su condición de asmático conoce bien estos estados en los que te sientes morir cuando te falta el aire. Sin embargo en este caso, el detonante fue otro. Ocurrió de manera muy diferente y sorpresiva. Fue toser, parar y caer… Pero no queráis saber lo que vi, escuché y sentí en esos pocos segundos. Eternos se me hicieron, y desde luego sin todo eso que dicen que se ve cuando estás a punto de cruzar al otro lado.
Así que ya sabéis, a cuidarse tocan. Cierto, tocan las campanas a… ¡Salud! A SaludTerapia.
© Manel Marina
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Luca Boti
ha dicho:
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... No te voy a dar la charla ni como médico ni como amigo, sólo te recordaré algo que sé que sabes: Hay que cuidarse para cuidar… Un abrazo muy fuerte. |
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Pedro Blanco
ha dicho:
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... Siempre predicando con el ejemplo… Lección de humildad, ¿dices? Desde luego, pocos se atreven a reconocer que les pilló el toro. Admiro tu valentía. |
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