Cuando pensaba que sabía quién era...

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Sentirse como una isla, aislado en tu propio mundo

Antes pensaba que era como una isla, que todo lo que hacía era cosa mía y que yo me encargaba de todo... y de todos. Yo puedo, yo puedo... era mi frase cuando algo me ponía nerviosa y no sabía si podría llevarlo a cabo.

Pensaba que me conocía bien, que tenía todo bastante claro y que además era muy buena. Realmente en ese momento de mi vida, mi intención siempre fue ayudar a todo al que quería y al que tenía cerca. Gente que me importaba claro. No creo haber sido consciente de que existiese nada ni nadie más en mi vida. Era una isla total, con mi familia, amigos, pareja y ya.

Lo que ocurre es que sin saberlo, de forma totalmente inconsciente, como he comprobado después, yo hacía todo eso desde un sentimiento de superioridad y de condescendencia.

Todo giraba a mi alrededor

Me estaba poniendo por encima de todos, con mucho amor eso sí y a la vez estaba totalmente aislada del mundo. Pendiente solo de mí y de mi entorno más cercano. Todo mi mundo giraba a mi alrededor. Yo, yo, yo y yo y, de hecho, ahora mismo sigo escribiendo sobre mi por irónico que parezca.

Pero lo cierto, es que todo lo que os acabo de contar me ha llevado a darme cuenta, de que ”yo” no estaría aquí sin mi madre que me trajo al mundo, ni sin mi padre. Tampoco sin mis abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, etc.

Pensando que no sería quien soy sin mis padres, abuelos, etc.

Que no seria lo que soy sin todos los escritores de los libros que he leído, los directores, actores, etc., de las películas que he visto, sin mis profesores, amigos, vecinos de Madrid con los que me he cruzado en el ascensor, compañeros de Mallorca, el conductor del autobús, el compañero del trabajo, el portero de mi casa cuando era pequeña, los vecinos de mi yaya... y un largo etc.

Que soy lo que soy gracias a todas y a cada una de las personas que han pasado por mi vida, algunas años, otras días o incluso minutos. Y que me han traído hasta aquí, a la Noemí que ahora sabe que forma parte del universo y que todos somos uno. Que yo no sería sin vosotros y tampoco vosotros sin mi.

Y que por muy bien que creamos que hacemos las cosas, eso no nos pone por encima de nadie. Porque todos somos iguales, pero iguales de verdad.Y lo importante es ser fiel a lo que uno siente y hacer las cosas desde el corazón, no por lo que digan o piensen los demás.

No estamos solos

Cada uno tiene su verdad y su camino  y no hay una verdad absoluta. Cada uno tenemos la nuestra y esa es la buena para nosotros.

Que cuando estéis leyendo estas líneas estaremos conectados y que el mundo es mágico y maravilloso. Que nada ni nadie os haga dudar de la magia. El plan divino es perfecto tal y como es y todos formamos parte de el. Hay algo que nos une a todos y que es inmenso, podemos llamarlo como queramos: amor, universo, fuente de todo bien, Dios... da igual el nombre.

No estamos solos. Toda la gente que se cruza en nuestra vida, nos deja una huella

Lo que sí importa es ser conscientes de que no estamos aquí por casualidad y que no estamos solos, ni mucho menos. Que cada persona que nos cruzamos cada día, cada minuto, forma parte de lo que somos y contribuye a nuestro viaje en esta vida.

Somos lo que somos gracias a todos ellos y gracias a nosotros mismos, que hemos decidido por fin mirar hacia dentro y también hacia fuera y tomar la responsabilidad y las riendas de nuestra propia vida. 


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Artículo publicado por Noemí Pérez Canabal el 16 Febrero 2018.