Nuestros "mapas" de la realidad

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Los mapas de nuestra realidad

El mundo y la realidad que nos rodean son demasiado complejos para que podamos comprenderlos y darles sentido. Para ello, nuestra mente crea “mapas”, “diseños” con los que podemos hacernos una idea más simple y facilitar así su comprensión.

Esta realidad llega a nosotros desde nuestros 5 sentidos, que discriminan y separan lo que podría ser superfluo, quedándose sólo con lo que sería relevante para nosotros. Es decir, nuestros sentidos son un filtro y a partir de la información que nos transmiten, nosotros opinamos, evaluamos, juzgamos y nos comportamos. De esto se deriva que lo relevante es subjetivo y depende de las experiencias, aprendizajes e impactos sensoriales de cada uno.

Nuestros “mapas” son como una versión de la realidad y en ellos, igual que en los mapas geográficos, se representa lo que nos interesa, dejando de lado aquello que no necesitamos. Si son adecuados, nos facilitan la tarea de desenvolvernos en el territorio que representan; si son inexactos, nos perderemos. Del mismo modo, nuestras representaciones mentales no reflejan rigurosamente la realidad, pero nos ayudan a desenvolvernos en ella.

Desde edad muy temprana, empezamos a formar nuestras imágenes mentales del mundo que nos rodea a partir de las enseñanzas de las personas representativas que tenemos alrededor: padres, maestros, hermanos, compañeros del colegio. Los “mapas” o representaciones de la realidad que cada persona tiene en su mente se refieren a dos dimensiones:

  1. cómo creemos que son las cosas,
  2. cómo nos gustaría que fuesen (o cómo creemos que deberían ser).

Con esos “mapas mentales” filtramos la percepción, la comprensión y el recuerdo de cualquier experiencia, y pocas veces cuestionamos su exactitud. Solemos creer firmemente que la forma en que nosotros vemos las cosas coincide con cómo son realmente (o con cómo deberían ser). Por eso, cuando otra persona mantiene puntos de vista distintos a los nuestros, tendemos a sorprendernos y a pensar que está equivocada. Pero, en realidad, cada uno percibe la realidad bajo el sesgo de sus experiencias previas y de sus creencias.

Cuando estas creencias son dogmáticas, inflexibles y nos causan malestar, las llamamos “irracionales” y forman parte de lo que llamamos “zona de confort” (no porque sea cómoda sino porque es “lo conocido”). Algo tan sencillo como cambiarlas, cambiaría a mejor nuestra manera de estar en el mundo. Sin embargo, a todos nos da miedo lo desconocido aunque intuyamos que será mejor. Las Creencias Irracionales están en nuestra vida y la mejor manera de gestionarlas empieza por detectarlas, reconocerlas, saber de dónde proceden y cuestionarlas para cambiarlas. Es una tarea apasionante que nos ayuda a mejorar nuestra calidad de vida, así que, te invito a que reflexiones y te atrevas a dar el paso hacia el bienestar.


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Artículo publicado por Ana Mª Alarcón el 4 Mayo 2018.