El coraje de vivir a pesar de todo

Floren Solà Basas
29 Jul 2020 lectura de 5 minutos
El coraje de vivir a pesar de todo

Decía Viktor Frankl que el neurótico no puede ser feliz porque no es un apasionado de la vida, la deprecia, la desacredita y la odia.

La tarea de la Psicoterapia es, entonces, la de devolverle, en plenitud, el amor por la vida y el entorno y, eso a través de una discusión crítica, en la que el sentido de la vida y el valor del entorno o comunidad no son demostrables, son dados y están íntimamente enraizados en los propios intereses personales. Porque la vía que conduce a la felicidad personal y a la satisfacción propia pasan por el coraje de vivir.

Aquello que es cotidiano y aparentemente tan gris, tan banal, tan vulgar y tan gastado, a través de lo cotidiano y de dejarnos llevar por alguna cosa más, de eso que tiene sentido, de eso que es valioso, nos hará percibirlo a través del aquí y ahora de manera que estemos en disposición de vivirlo y realizarlo dando sentido a nuestra existencia.

Kant dijo:

Si bien todas las cosas tienen su valía, el ser humano, sin embargo, tiene su dignidad, razón por la cual éste último nunca debería ser tratado como un medio, sino como un fin en sí mismo.
Kant

Estamos viviendo tiempos extraños y difíciles marcados por la pandemia del COVID-19, por la crisis económica que ya venía de antes, por las crisis personales, por los cambios sociales, por la inseguridad y las pérdidas que hemos sufrido y por la ineficacia de las Administraciones, las corrupciones políticas, el sistema capitalista, el consumismo, el deterioro del planeta, el empobrecimiento de amplias capas sociales y un largo etcétera.

Dentro del actual mundo globalizado y dentro de este orden económico, los seres humanos trabajadores son considerados, en su mayor parte, como simples medios para la vida económica y son indignificados. El ser humano hoy está adoctrinado y bombardeado por los intereses del poder económico y político. Muchas personas y sobre todo la actual generación de jóvenes de hoy en día no disponen de modelos. La corrupción política y social, los medios de comunicación al servicio del poder, las injusticias, la vulneración de los derechos fundamentales como la libertad de expresión, las injusticias, etc., hacen que ya no se crea en el modelo social actual.

No obstante, a pesar de este Nihilismo, escepticismo y pesimismo, sabiendo muy bien lo mediocre del sistema actual, de las democracias en crisis, no nos queda otra que esforzarnos en conseguir ser parte de una nueva humanidad.

El ser humano ha sobrevivido en medio de la inmundicia del pasado y, aunque el ser humano lo puede perder todo: dinero, fama, poder..., una sola cosa es segura y, no es la vida, no es la salud, no es la felicidad, tampoco la vanidad ni la ambición ni las relaciones... En última instancia, el ser humano se difumina de todo lo que ha sido, ya sea individuo o grupo o masa social, el ser humano queda en el anonimato y, en esta última instancia, desposeído de todo, le queda una única cosa que es inherente a todo ser humano, actuar. Y, este actuar es su auténtica libertad, lo que nunca nadie le puede arrebatar. Es ahí donde radica el secreto de la felicidad.

El filósofo Kierkegaard, dijo que “la felicidad es una puerta que se abre hacia fuera” lo que significa que se cierra precisamente para quien busca impetuosamente la felicidad, es decir, para aquel que intenta forzar la puerta de entrada hacia ella.

La vida es de alguna manera un único y gran compromiso y, aunque es cierto que existe también la alegría en la vida, ésta no puede ser perseguida en cuanto a tal sino que debe encontrar su forma por sí misma a partir de un acto o acción. La felicidad no puede ser una meta sino solamente el resultado de la consecución de aquello que es un deber. Qué bien ha expresado ese deber, R. Tagore en estos versos:

Yo dormía y soñaba
que la vida sería alegría.
Yo desperté y vi
que la vida era deber.
Yo trabajaba y vi
que el deber era alegría.

Desgraciadamente, actualmente, los seres humanos que deciden y actúan en esta línea son minoría, la mayoría van con el cerebro en piloto automático. El ser humano actúa en condiciones extremas cuando no le queda ya nada, cuando se ha visto hundido en las profundidades de lo más miserable. Es más fácil dejarse llevar, no cuestionar nada y andar con la conciencia en la UCI. Sin embargo, sabemos que esa fortaleza modélica del ser humano que aunque esté en minoría es precisamente la que es capaz de continuar el activismo actual, de sanar y despertar conciencias y de continuar la lucha.

La vida, es pues, un gran compromiso. ¿Qué espera de mí la vida? ¿Qué labor puedo hacer? El solo hecho de vivir significa encontrar la respuesta a estas preguntas. Con esta disposición mental ya no nos puede asustar ningún futuro. Ahora es todo presencia.