Los derechos humanos y "El derecho a Equivocarse"

29 Jul 2026 lectura de 4 minutos
Los derechos humanos y

Stefano Rodotà: El célebre jurista y político italiano defendió formalmente en sus ensayos la necesidad de reconocer "el derecho a equivocarse" (il diritto di sbagliare) y Mahatma Gandhi realizó una cita célebre que toca exactamente ese punto:

La libertad no vale la pena si no incluye la libertad de equivocarse.

Hace ya unos cuantos años estudiando con un amigo que conoce bien el perfeccionismo de la exigencia si todo a estos dos autores. No lo hizo casualmente, si no para motivar una trascendental reflexión sobre el control, el perfeccionismo y la exigencia.

Después de una supuesta época libertaria en la segunda mitad del siglo XX, de la que podríamos resaltar el movimiento hippie, nos encontramos a finales del mismo siglo y todo lo que hemos recorrido en el siglo XXI, observando el incremento suscitado sobre el perfeccionismo.

Este apartado tiene muchas vertientes. Quizás la más profunda es la que Freud nos describió como el Superyo, que es la instancia que marca la ciencia del bien y del mal, y no lo hace solo por la norma consciente, sino por una sensación interior e inconsciente de lo que es correcto y de lo que no lo es Venimos ya este mundo con la ley del talón impresa. Si algo haces mal vas a recibir mal. Si algo haces bien vas a recibir bien. Ojo por ojo, diente por diente.

Esta instancia se divide en dos partes como hemos dicho la ciencia del bien es el ideal del yo, que incluye todo aquello que si yo llevo a cabo, alcanzo lo deseable y correcto. La otra instancia es la que se preocupa de la ciencia del mal. A este le llamamos la conciencia del yo que indica todo lo que no puedo hacer y que si hago recibiré las consecuencias al ser incorrecto.

Esta es la parte más profunda, la explicación a nivel del no consciente y también del consciente. También sería el fundamento de todo lo demás.

En qué consiste lo demás

Básicamente por un lado en una vertiente destinada a la convivencia, para que pueda existir una comunidad que construya y contribuya y no se haga daño.

Y por otro lado, nace la posibilidad de manipular una población en base, al temor de las consecuencias del malo de no cumplir la norma, o más el concreto, un afán de agradar por un déficit afectivo en la que el sujeto busca el máximo cumplimiento de la norma con ese objetivo.

En una combinación de ambas han aparecido a través de las redes y particularmente desde nacimiento de Facebook, cuando hemos podido enseñar fotográficamente nuestro mundo y exhibirlo, han arreciado los hábitos del perfeccionismo, ya no sabemos si por una falta afectiva generalizada y para agradar o quizás por otros motivos. Este es solo un aspecto de lo que estamos observando en la población, que se está sometiendo, sobre todo a la forma y la imagen más que al contenido, y por lo tanto, el derecho al error prácticamente ha desaparecido.

Lógicamente hablamos de tendencias pues hay miles de maravillosas excepciones, pero como decía Mahatma Gandhi, no soy libre realmente y ni siquiera merece la pena serlo si no puedo ensayar y equivocarme y progresar en base a esta parte de mí, o bien si no acepto mi humanidad que incluye la imperfección y que por lo tanto que nunca voy a poder agradar a todos y tampoco completamente a mí mismo.

El milagro es que si incluyo ese derecho, incluso en las partes de desagrado, puedo aceptar quién soy y también quiénes son aquellas personas de mi comunidad, y entonces el derecho a equivocarme me hace más libre y más feliz.