Conexión tierra

19 Oct 2026 lectura de 4 minutos
Conexión tierra

Sin duda, las formas de pensamiento, la actitud, las emociones, los proyectos de vida, establecer conciencia o ser una contribución, entre otras, son la parte más sublimada del transcurso de una vida.

Tenemos que añadir a lo que llamamos sublimación otras formas de acceder a un propósito, otras formas de realización que no son las que he mencionado, sino las que uno puede relacionar con la vida humilde, que permite vivir en conexión con la fuente de tierra antes que con la fuente energética.

Recuerdo, en las épocas en que descubrí lo que llamamos espiritualidad, que compartía muchas de las experiencias que a mí me podían parecer interesantes con un hombre de campo. Se llamaba Ramón y coincidió que entre los años 95 y 2000, con unos amigos, tuve alquilada una masía, una casa de campo típica de la zona catalana.

Nos sentábamos en un banco que formaba un tronco y, mientras yo le explicaba con entusiasmo, él asentía y acompañaba con cierto interés todas las experiencias, hasta que al cabo de un tiempo me di cuenta de que lo único que él hacía conmigo era sentirse acompañado, darme compañía también y quizás tomarse una cerveza.

No hacía nada más, estaba absolutamente conectado con aquello que estábamos viendo, el Coll de Bracons, un lindo hogar lleno de vida, mientras también algunas veces se levantaba para corregir la trayectoria de alguno de sus animales.

Era el ejemplo de que existía otra forma de llegar a lo que podemos llamar iluminación o sublimación: la conexión tierra.

Justo ahora estoy en un lugar especialmente indicado para este tipo de conexión con la fuente tierra o con la madre tierra; uno puede olerlo y respirarlo.

Simplemente, los pies en el lugar, bien aferrados y bien enraizados, y una conciencia que dura apenas unos segundos en la que me explico a mí mismo que la misma materia que estoy viendo, la que compone estos árboles, las distintas plantas y vegetación que me rodean, el agua que circula por la fuente que escucho y el propio firmamento, también compone completamente mi cuerpo.

Esto no es una conciencia dirigida a una fuente energética todavía, la fuente de Todo, la que inspira la Creación. Es la conciencia dirigida a la percepción de que no hay ni un solo gramo de mi cuerpo que no pertenezca a la madre tierra, que todos los elementos que me permiten mirar, percibir, respirar, etc., todos los órganos y todos los tejidos han tomado naturaleza a partir de los materiales que ofrece el planeta.

Sin poner en duda que también tenemos parte de las estrellas que nos rodean, ya que el planeta no ha estado aislado y recibe pocos o muchos materiales exteriores, y que uno, por lo tanto, también contiene material de estrellas, entiendo que el enraizamiento es esencial para poder sentir quién eres en el plano más básico, quizás podríamos decir en el plano más animal.

Pero eso es absolutamente necesario, porque conviven ambas realidades, por no decir otras, con la experiencia de la vida.

Muchos maestros japoneses, en sus limpiezas energéticas y reconexiones, insisten en que los pies deben enraizarse en el suelo, y esto está en la línea de lo explicado en el libro de Domingo V. Collazo, publicado en 2009, que se titula precisamente “La cabeza en el cielo, los pies en la tierra”.

En ese título se encierran, pues, las dos conciencias y recuerda la estampa difundida del individuo que recibe energía en la coronilla (energía Fuente), es atravesado por ese rayo de luz que llega hasta el rabadillo y acaba entrando en el planeta hasta su núcleo (enraizamiento).