Música y la búsqueda de la alquimia
La idea que me lleva a escribir este artículo es algo tan fascinante como encontrar la alquimia de la música, algo tan complejo como encontrar la llave de otra dimensión musical. Para algunos es una búsqueda inquieta, quizás porque intuyen que detrás del horizonte musical al que estamos acostumbrados puede haber nuevos horizontes: otra forma de entender la música, como una manera de abrir estados de consciencia o, simplemente, de subir la frecuencia de quien la escucha.
La música, de por sí, te roba la atención, algo que para quien la crea forma parte de su intención: crear para no ser escuchado es una ecuación difícil. Aunque la creatividad consiste en sacar lo mejor de uno, las intenciones de cada creación varían mucho y, en muchos casos, los resultados son evidentes, ya que la búsqueda, la capacidad de trabajo, la vocación o el talento no llaman a todas las puertas. A veces la fama no es sinónimo de buen músico, igual que hay buenos músicos que encuentran dificultades en su camino.
Tiempo atrás tuve la oportunidad de conocer a una compositora y músico que daba clases, tocaba el piano y cuya mayor inquietud era componer. Se puede decir que vivía de la música. Tuvimos alguna conversación sobre astrología, un tema que le despertaba mucho interés: quería conocerlo más a fondo para llegar a crear música buscando su relación con la energía astral. En mi caso, el conocimiento musical era escaso; sí había estudiado algo de música durante un tiempo, porque había tocado la guitarra, pero hacía mucho de eso. Me pidió que le diera clases de astrología con la intención de buscar esa relación entre la música y la energía. Acepté y me puse a trabajar en el tema.
El tema era tan complejo e interesante que había que investigar. Empezar enseñando astrología habría sido lo más fácil y, aunque no podía desviarme mucho, internet se convirtió en la primera opción de búsqueda. Hay mucha gente a la que le despierta este interés, e incluso hay quien ha creado ideas musicales: teorías que relacionan notas musicales con planetas, músicos que han compuesto con las características típicas de un manual astrológico e incluso músicos que intentaron medir con aparatos tecnológicos la frecuencia que recibimos de cada planeta, dándole una medida en hercios para relacionar una nota musical con cada planeta. También hay quien se ha entretenido en medir, tecla por tecla, la frecuencia en hercios de un piano. Aunque siempre puede quedar la duda sobre estos estudios por no haberlos realizado el oficialismo, la realidad es que es un interés que despierta a muy pocos y hay que celebrar su osadía e intento.
Buscando, descubres músicos que han dado una nota a cada signo, y notas a las armonías afines o menos afines con los otros signos para crear acordes; músicos que, por una decisión teórica, asignaron una nota musical a un planeta concreto y, a partir de esa nota, dieron su valor al resto de los planetas según su situación natural dentro del sistema solar respecto al planeta elegido; músicos que crean música con las características de un manual astrológico; músicos que han ido más allá en su investigación midiendo las notas musicales en hercios, con resultados interesantes, y otros que han intentado, o conseguido, medir la vibración en hercios que se recibe de los planetas. Esto último me resulta muy complejo por mi manera de entender cómo se mueven las frecuencias, pero a la vez es interesante para encontrar esa relación con las notas musicales.
Cómo encajar como astrólogo en la búsqueda de mi alumna
Mi interés por la astrología siempre ha sido dar respuestas o una explicación a lo que hay detrás de una carta astral; mi búsqueda siempre ha sido entender por qué pasa lo que pasa. Aunque el interés de las personas sea más terrenal, para mí se trata de estar convencido de lo que les digo y, aunque eso no quiere decir que no pueda haber un vacío en algún momento, para mí se convierte en un desafío.
Llevo treinta años dando forma a los mecanismos energéticos para dar credibilidad a la astrología y explicar por qué funciona como funciona. Eso me ha dado cierto conocimiento, ya que siempre intento entender la astrología observándola desde un nivel astronómico, con sus comportamientos y movimientos, para comprender estos mecanismos energéticos que recibimos. Lo resalto solo para que me entendáis cuando os digo que, cada vez que buscaba información sobre esta relación entre la música y las frecuencias astrales, me desconcertaba más. Y no por las personas que lo buscaban, que creaban sus propias teorías o creaciones musicales con mayor o menor acierto desde mi punto de vista, sino por la complejidad de dar naturaleza musical a los astros de nuestro sistema solar y a sus constelaciones, con todos sus movimientos tan variables.
Toda esta búsqueda de una relación musical con la influencia energética que recibimos por naturaleza es, para quienes nos gusta esta relación entre la música y la astrología o las energías, una búsqueda de la piedra filosofal o de la alquimia de la música.
¿Qué nos hace pensar que eso es así?
Nuestro cuerpo, por su naturaleza energética, vibra, al igual que vibra la música. Se puede decir que la energía y las frecuencias energéticas vibran y desprenden sonidos. Es una relación casi universal. Y digo «casi» porque los misterios del universo son infinitos.
Puede que muchos estén convencidos de que esa esencia musical, esa piedra filosofal, ya está entre nosotros. No puedo cuestionarlo ni afirmarlo, ni tengo suficiente conocimiento musical para cuestionar lo que a continuación me gustaría explicaros, pero sí puedo hablaros a nivel energético y de lo que la música me ha aportado como aficionado de oído y en mi intento de aprender a tocar o a leer partituras sencillas.
La afinación y el lenguaje
La afinación y el lenguaje musical también han evolucionado a lo largo de los siglos, tanto por la evolución de los instrumentos como por la búsqueda natural de un sonido agradable y armónico, incluso, se podría decir, en resonancia con quien interactuaba con él. Con el tiempo se llegó a crear un lenguaje y una sonoridad acordes a cada época.
Este lenguaje musical ha perdurado durante varios siglos, e incluso algún milenio, y la música ha aportado una riqueza y una diversidad maravillosas, que han evolucionado con los instrumentos de cada momento y, hoy, con la tecnología. Aunque para gustos hay colores, también hay calidades muy distintas: la tecnología ha traído una cierta distopía, musicalmente hablando, pero también una época gloriosa con una gran revolución musical. Quizás, cuando la tecnología no estaba presente, los músicos estaban más conectados con su cuerpo y su instrumento. Hoy la tecnología sustituye buena parte de este proceso: la afinación de un instrumento puede hacerse con aparatos electrónicos, se crea música de estudio y el sonido se modifica con tecnología de audio, en muchos casos negativamente.
A mi alumna le llegué a plantear si la afinación de los instrumentos encajaba con nuestra resonancia o con la resonancia energética que recibimos de nuestro ecosistema planetario. Y pensaréis: ¿cómo llegué a esta conclusión? Me dediqué a buscar si las notas musicales se habían medido en hercios, para comprobar el patrón que regía la medida de sus notas y sus respectivas escalas. Observé que las medidas entre nota y nota, y entre sus respectivas octavas, siguen un patrón matemático y sistemático, algo que puede ser correcto o relativamente natural.
Cuando intento comprender el mecanismo energético, observo que la mayoría de los patrones que utilizamos con la energía tienen, desde nuestra perspectiva, una rigidez matemática. Es como colocar un cero en un punto determinado para dar un razonamiento lógico y matemático que nos permita comprenderla, algo que en su momento nos ayudó a entender mejor el comportamiento de la energía en conceptos determinados, con una lectura adaptada a nuestra comprensión. Pero cuando hablamos de frecuencias energéticas, de energía a nivel astral o de energías corporales, y de todo lo que nos relaciona con ellas, para medir la frecuencia en hercios hay que olvidarse de las matemáticas y del argumento racional, porque es muy variable. La mejor manera de conectar con esa vibración natural es sintiéndola, ya que, por suerte, ese proceso es tan sutil y sensible que no se puede controlar. Por eso siempre he defendido la música en vivo: la conexión que se crea con el receptor es como una comunión, siempre que el receptor esté abierto, y la magia de quien la transmite crea una conexión única, algo que no siempre ocurre, ni siquiera mejorado con la tecnología. Aun así, la conexión que se crea entre el músico en vivo y el receptor no se supera a base de impulsos o de vatios, aunque reconozco que a veces se hacen auténticas virguerías.
El lenguaje musical, o su escritura, como todas las lenguas, es una forma mecánica de ofrecer una lectura a un receptor y de llegar a más receptores, para que la idea se pueda transmitir y otros puedan transmitirla a su vez. En cualquier pieza musical, los matices de quien la creó son difíciles de alcanzar solo con el lenguaje musical. Eso nos pasa también con la mayoría de las obras escritas, con la poesía, con el arte en general y con cualquier faceta creativa, pero también ha permitido que, según quién la haya tomado, una partitura o un escrito den un giro positivo e incluso se superen con creces. El lenguaje se convierte así en algo neutro, cuya lectura dependerá de la interpretación del receptor con su instrumento, de su sensibilidad y de su percepción musical, y también de si busca llegar al original.
Hoy, con internet, es fácil llegar a toda o casi toda la música, con multitud de ofertas: puede acompañarte con estilos múltiples o llevarte a recorrer el planeta con sus diversos estilos musicales. Podemos decir que tenemos suerte. Hay plataformas en las que, si no encontramos lo que buscamos o algo que nos sorprenda, parece que no existe. Hay audios de dos, tres o cuatro horas de música de distintos estilos, incluso para relajarte o para activar la consciencia o la creatividad, y también músicas a diferentes frecuencias (432 Hz, 528 Hz, 741 Hz, 963 Hz, 999 Hz, 1111 Hz) durante varias horas. Nada que reprochar. La tecnología cumple su función, aunque en la mayoría de las ocasiones se trata de música de estudio que quizás no llegue nunca a un escenario o a la calle. Aun así, el receptor puede, la mayoría de las veces, mejorar su estado de consciencia o recuperar un estado armónico. No es nada complicado llegar a las personas en determinados momentos de nuestro día a día, porque en general vivimos en estados de bajas frecuencias por las circunstancias de nuestras vidas. Se puede decir que no controlamos nuestro ritmo de vida, aunque la mayoría piense lo contrario, y cualquier momento de armonía en nuestro cuerpo puede ser un regalo.
La afinación con la energía astral
El tema de la afinación de una nota y su relación con un planeta en particular me llamó mucho la atención. Busqué información, y entre la que me llegó a través de mi alumna había trabajos muy curiosos y nada descartables. Uno de ellos asigna una nota a un planeta determinado y, a partir de esa nota natural, da las siguientes notas naturales a los siguientes planetas en el mismo orden, como si nuestro sistema solar se convirtiera en un pentagrama con sus notas musicales. ¿Es algo equivocado? No; puede ser una teoría como tantas otras, que dejará de existir cuando llegue otra nueva que mejore la anterior. Hoy, con la IA y una base de datos con los cálculos de las distancias entre los planetas, la variación de sus órbitas respecto a la Tierra, sus tamaños y sus vibraciones según su estructura de masa, volumen, densidad, etc., se podría crear una base musical a partir de esos datos, que quizás se podría adaptar a instrumentos observando cómo funciona nuestro sistema solar. Esa nota o afinación tendría que adaptarse según el movimiento del astro en cuestión y nuestra situación en ese momento: todo se mueve y está vivo para conectarse en ese momento. Algo que puede parecer tan simple no deja de ser muy complicado con los datos que tendríamos a la hora de confeccionar un lenguaje musical adaptado a las frecuencias recibidas, que, por supuesto, estarían en continua variación.
Parece que la IA puede hacer milagros, así que no sería extraño que en el futuro este sistema de afinación se pudiera llevar a cabo, e incluso que se desarrollara software de creación musical adaptado a esta afinación variable, aplicable a instrumentos electrónicos, creando un estilo de música con una afinación adaptada al momento, al aquí y ahora. Quizás podría ser muy innovador o quizás nos lleváramos alguna sorpresa: sacrificar la esencia de la música entre el músico y su instrumento para encontrar con la tecnología la esencia musical, o quizás un viaje hacia el reencuentro.
¿Qué puede tener de interesante esta afinación variable?
Perdonad que mi proyección peque de intuición en su interpretación energética; a más de uno le aliviará pensar que esto acabe en una teoría más y deje tranquilo un mundo musical que ya tiene lo que necesita. Creer que se puede encontrar la esencia de la música y la conexión con lo divino es especular demasiado. Pero pensar que puede abrir nuevos estados de consciencia, incluso por descubrir, sí podría ser una gran posibilidad: adaptar la música al momento con una afinación conectada con el ahora, abrir nuevos campos musicales y, por qué no, subir la frecuencia a nivel general. Quizás llevarlo a la música en vivo, sin ayuda tecnológica, sea más difícil, pero solo será un camino por recorrer, porque lo que necesitamos es familiarizarnos con una sonoridad más adaptada a nuestro ser.