Todos, como profesionales, hemos tenido la oportunidad de exponer nuestros conocimientos y habilidades, ante un auditorio más o menos numeroso, en conferencias, en cursos o talleres, en clases magistrales, etc.
El máximo afán de cualquier ponente es conseguir despertar el interés del auditorio y que nos escuchen con interés y atención.
Todos hemos sufrido esos nervios que nos atenazan en la boca del estómago, ese sudor frío, ese malestar, que nos ataca cuando estamos a punto de enfrentarnos al público. Este pánico escénico suele solventarse con:
El conflicto es inherente a toda relación humana y por ello forma parte de la cotidianidad de nuestra relación afectiva y amorosa. Cuando surgen problemas y desavenencias en la convivencia y crece la frustración de nuestras expectativas y deseos, la primera solución que intentamos aplicar es la de centrarnos en los problemas para resolverlos.
Esta estrategia suele desgastar la relación, disminuir la motivación y el bienestar personal provocando un distanciamiento y una espiral del conflicto crecientes.
Por ello, para contrarrestar el efecto nocivo de prestar una atención insistente al problema que nos incomoda en la relación mediante el enfado, la amenaza, las discusiones, el reproche, la exigencia o es distanciamiento, las cinco estrategias que te propongo a continuación pueden ser un buen camino hacia el objetivo de una mejora de tu felicidad en pareja.
El verdadero problema como seres humanos, que nos lleva al sufrimiento y la desesperación, es el desempoderamiento al que hemos sido sometidos ancestralmente. Desde que Roma invadió el mundo, fomentó un sistema de pensamiento pseudo-racional-materialista, desempoderador del individuo, cuyo objetivo era impedir la rebelión de las tribus esclavizadas. El proceso se basaba en romper la identidad natural de la persona, eliminar toda posibilidad de que pudiera defenderse a sí mismo, con la creación de leyes, peajes y condenas hacia cualquier actitud que fuera en contra del sistema desnaturalizado que habían dado en llamar Civilitas (civilización bajo la Pax Romana).
O sea, primero te conquistaban a través de la espada, la sangre y el fuego, luego destruían tu virilidad y feminidad haciéndote sentir brutal y feo (“la Galia peluda” era como nos llamaban a los celtíberos) y luego te quitaban tus costumbres ancestrales, idioma, identidad social y, por último y más importante, tu religión natural, matando a todos los sacerdotes y chamanes (Druidas…), inculcándote dioses humanizados a nuestra imagen y semejanza.
La Rae define "enfermedad" como la pérdida de salud y a su vez la OMS define el concepto de "salud" como un estado de completo bienestar (físico, mental, energético y emocional) y no sólo la ausencia de enfermedades, con funcionalidad plena y en relación con el entorno.
Entonces cabe preguntarse, es el envejecimiento ¿una pérdida de salud?, ¿una enfermedad?
El envejecimiento se define como un "Proceso biológico por el que los seres vivos se hacen viejos, que comporta una serie de cambios estructurales y funcionales que aparecen con el paso del tiempo y no son consecuencia de enfermedades ni accidentes".
Por tanto envejecer parece que es natural pero, ¿envejecemos todos por igual? ¿Es natural la forma común que tenemos de envejecer? Mi opinión es que "camuflamos" en el proceso natural de envejecimiento lo que en realidad son síntomas de un desequilibrio orgánico continuado en el tiempo.