¿Hay emociones negativas?

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¿Existen emociones negativas?

Hay una tendencia generalizada a pensar que hay emociones positivas y emociones negativas. La alegría, el amor y el optimismo son consideradas buenas y la tristeza y la rabia son tachadas de emociones malas que tenemos que evitar o reprimir.

¿Realmente esto es así? ¿Qué es una emoción y cuál es su función?

En primer lugar, tenemos que tener presente que las emociones son algo que todos tenemos y que son estados de ánimo que responden a un estímulo bien sea externo o bien sea interno. Por ejemplo, nos dan una buena noticia o nos encontramos con un amigo que hace tiempo que no vemos (estímulos externos) y sentimos alegría. También puede suceder que recordemos la muerte de un familiar (estímulo interno) y nos pongamos tristes o que tengamos que hacer una exposición oral en el trabajo y sintamos miedo porque conectemos con alguna experiencia desagradable relacionada con hablar en público (estímulo interno).

En todos los ejemplos anteriores, las distintas emociones experimentadas (alegría, tristeza y rabia) nos informan de cómo nos estamos sintiendo en relación con lo que nos está sucediendo, ayudándonos a adaptar nuestra conducta, decisiones y acciones a la situación concreta que estamos viviendo.

En el caso de la alegría, nos informa de lo contentos que estamos, por ejemplo de volver a ver a nuestro amigo, y decidimos irnos a tomar un café para ponernos al día de cómo nos va. En el caso de la tristeza, ésta nos informa de cuánto echamos de menos a aquel familiar y de que necesitamos desahogar esa pena, llorando o hablando con alguien que nos reconforte. En el caso del miedo, éste nos informa de que tenemos una situación del pasado no resuelta y que nos provoca inseguridad y ansiedad que afecta a nuestro trabajo, con lo que podemos decidir buscar ayuda profesional o apuntarnos a un curso de habilidades comunicativas.

La función de las emociones

En este sentido, podemos concluir que la función de las emociones es informativa y, por lo tanto, que no hay emociones buenas y emociones malas, sino que las emociones en si mismas son neutras. Se limitan a darnos información de nuestro estado de ánimo, de cómo nos sentimos y de qué necesitamos en cada momento.

Por tanto, si queremos gozar de una buena salud emocional, tenemos que permitirnos sentir todas las emociones. El Análisis Transaccional nos ayuda a reconocer, legitimar y expresar todas las emociones para ser plenamente conscientes de cómo nos sentimos y de qué necesitamos para así poder llevar una vida satisfactoria. En las sesiones de Análisis Transaccional, la persona aprende la importancia de cada una de las emociones y de cómo sentirlas y gestionarlas de manera adecuada, lo que le permite ser más feliz en su día a día.

Si queremos gozar de una buena salud emocional, tenemos que permitirnos sentir todas las emociones

A menudo, nos resulta difícil sentir emociones como el miedo, la tristeza y la rabia (las consideradas emociones negativas) y tendemos a evitarlas o a reprimirlas porque no nos gusta pasarlo mal. El Análisis Transaccional nos enseña que cuanto más reprimamos una emoción, ésta más fuerte se hará y más poder tendrá sobre nosotros, condicionando nuestras vidas. Por eso se enseña a la persona a sentir esa emoción para comprender la información que nos está dando y aprender de ella, para poder elaborarla e integrarla.

¿Por qué la rabia tiene tan mala fama?

De las mal consideradas emociones negativas, la rabia es la que peor fama tiene porque se la asocia con agresividad y violencia. Pero la rabia es una emoción tan necesaria como pueda serlo cualquier otra, puesto que nos informa de que nos sentimos incomodados o violentados por alguna situación o persona y nos permite hacer algo al respecto.

La rabia es la emoción que está detrás de la dignidad o del autorespeto. Si alguien me está faltando al respeto o me está humillando, sentiré rabia y es esta emoción la que me permitirá ponerle un límite. Por tanto, la rabia como emoción sigue siendo neutra e informativa y no tenemos que confundirla con la agresividad o la violencia. Podemos sentir rabia y no responder con violencia, porque podemos enfadarnos por lo que nos está diciendo otra persona o por cómo nos está tratando y decidir responder de manera assertiva.

En conclusión:

La agresividad y la violencia tienen que ver con la respuesta y la conducta que yo decido tener ante una situación que me molesta y no con la emoción de la rabia en sí.


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Artículo publicado por Begoña Serra el 30 Mayo 2018.