El perdón terapéutico

Xabier Iñiguez
22 Nov 2019 lectura de 13 minutos
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El haber sido ofendido, dañado, traicionado, calumniado, violentado, rechazado, excluido, etc. produce en el interior una carga pesada que actúa como una herida: el no-perdón. Esta herida en muchas ocasiones no termina de cerrarse y cuando se recibe un golpe en la vida, vuelve abrirse, y en muchas ocasiones con más fuerza.

Se puede abarcar la construcción y comprensión de la anatomía del perdón vs. no-perdón, como una manera cognitiva de entender, analizar cómo se forma la percepción e interpretación de las experiencias como causantes de estrés, enfermedad y muchas patologías/desajustes. Se ha comprobado que el estrés es causante de muchas enfermedades inmunodeficientes y de diversidad de trastornos de la salud física y psíquica. Un factor importante causantes de estrés es el conflicto de haber sido “heridos” y no saber/poder/cerrar perdonar.

El doctor de la Facultad de Medicina de la Universidad Federal Fluminense, José Genilson Ribeiro piensa que la enfermedad comienza en el alma, se instala en el cuerpo físico. Piensa que no es suficiente con tratar el efecto de la enfermedad, también es importante tratar los aspectos generales. Muchas personas tienen sentimientos heridos y no pueden perdonar. Esto los deja atrapados en su dolor, dificultando la mejora de la salud.

Kaplan, Munroe-Blum y Blazer sugieren que el perdón puede ser integrado en la literatura científica dentro del campo de estudio sobre estrés, afrontamiento y salud. Varios autores proponen que el perdón puede ser considerado una forma de afrontamiento del estrés con efectos beneficiosos sobre la salud (Prieto Ursúa, 2012).

Definición de perdón

Esta palabra está compuesta por el prefijo latín per ("por") y del verbo donare ("dar"): Librar a alguien de la culpa o daño que de otro modo se le atribuiría por un acto.

Cuando alguien sufre un daño “injustificado”, se produce en primera persona una experiencia negativa y una internalización juiciosa de este hecho de no-perdón y de haber sufrido una injusticia. A partir de aquí la víctima inicia un movimiento resolutivo de este conflicto que va depender de diferentes factores que forman la complejidad de este fenómeno como uno de los más complejos del ser humano. Estos factores son interpretados subjetivamente y a la vez dentro de un marco sociocultural. Finalmente se puede pensar que el sujeto es un todo integrado y que su respuesta dependerá de esta integración de valores. Así, por ejemplo, una mujer dentro de una cultura machista internalizada puede no sentir agravio en ciertos comportamientos de los hombres, que una perteneciente a una cultura no machista si consideraría. Considerando esto, se puede evidenciar cierta relativización influencia por la cultura en la percepción del maltrato y la respuesta de perdonar o no.

De cierta forma la construcción del mito del perdón no deja de ser un hecho condicionado por la cultura, podríamos decir que lo mismo que otros fenómenos como pueden ser el género, este también es un hecho construido socialmente. Así, encontramos en la cultura con que perdonar es sinónimos de falta de sentido, olvidar, aceptar, silenciar, debilidad, reparación, etc., que no ayudan en un proceso maduro de perdonar y sanar. Se necesita des-construir el mito para construir el perdón desde el ser consciente.

Elementos significativos, expresiones y rutas del perdón

Tabla 1

Intensidad percibida del daño Expresión Factor del grado de estrés Algunas rutas del perdón

Factor objetivo y subjetivo

  • Sentimiento
  • Pensamientos
  • Situación espacial
  • Impacto físico
  • Impacto vital
  • Reconciliación
  • No reconciliación
  • Perdón sanador
  • Falso perdón
  • Perdón internalizado
  • Perdón externalizado

Modulará la expresión de →

Quizás uno de los problemas que ha supuesto al abarcar el perdón es haberlo hecho desde un eje polarizado, en vez de uno pormenorizado en el que hay cosas que se pueden y deben perdonar y otras que no. Para esto se necesita una palabra que considere la complejidad del problema como puede ser sanar la ofensa y la consiguiente consideración del grado y rutas del perdón.

Las consideraciones míticas construyen el perdón de una forma cerrada y ciertamente instrumentalizada, en el que el perdón es parte de la cultura y, muchas veces unido a las religiones. Así cabe considerar que para muchas personas esto no facilita la urgencia resolutiva de conflictos comunes como una necesidad que nace de un querer solucionar y se impone como un deber, que además tiraniza al que se somete al deberías.

¿Necesitamos tratar y sanar la ofensa (perdonar)?

En relación con el mito del perdón hay autores que ven negativo el hecho de perdonar por diferentes razones: porque “permite” que el perpetrador vuelva a incurrir y la víctima permanezca subyugada; Como un elemento clásico de la cultura patriarcal donde se hace discriminación negativa a la mujer; también como una forma de no poder externalizar emociones resultantes de la agresión: ira, rabia, culpabilidad, indefensión, etc.

Las formas en que se ha ofendió y el grado de trasgresión de los valores de la ofensa van a marcar la percepción de la ofensa y la ruta que tomará el perdón (ver tabla 1).

Necesitamos por un lado abarcar en primera instancia el campo subjetivo de la ofensa y, en segunda instancia, definirlo dentro en un marco objetivo para dar la salida adecuada a la realidad y a los valores que cada cual tiene.

La sobre subjetividad

En el transcurso de la vida se suceden acontecimientos que interrumpen el ciclo de las necesidades humanas y vienen a formar el trauma con diferentes grados, generalmente en la más tierna infancia. Estos traumas tienden a repetirse en la vida como una transferencia de estos patrones aprendidos.

Los traumas infantiles tienden a repetirse en la vida como una transferencia de estos patrones aprendidos

Por lo tanto, es conveniente que uno de los primeros elementos que se necesitan tratar en el maltrato es ver si hay una subjetividad transferida de otras experiencias que cargan de contenido significativo no actual a situaciones concretas.

Estos procesos están también vinculados con el instintivo primitivo de supervivencia que está fijado en la memoria, como un recurso adaptativo a una situación anterior que no obedece a la inicial, por lo tanto de cierta manera irreal. Es conocido en la ciencia médica como hay respuestas adaptativas que son evocadas en situaciones que no requieren el peligro inicial, mecanismos biológicos que se activan ante una amenaza vital. Así, por ejemplo, ante un riesgo mínimo el cuerpo puede desplegar recursos que disparan hormonas como la adrenalina provocando un cuadro de estrés cuando la situación no reviste un peligro tal, sin embargo la respuesta ante un estímulo mínimo es similar.

Habitualmente se usa el término dolor y sufrimiento de manera indistinta con el mismo significado. No obstante, se puede considerar que el dolor es un malestar “objetivo” producido por una causa, y el sufrimiento es el elemento subjetivo del añadido al dolor que se puede multiplicar en la medida en que la subjetividad crece. Así, una pequeña mancha en nuestro imaginario psíquico, si no se trata, se puede transformar en el fondo del lienzo de nuestro cuadro psíquico y de la vida.

Desde la perspectiva de las Constelaciones Familiares y en diferentes enfoques psicoterapéuticos, cuando se trata los problemas comunes, lo primero que se intenta establecer es ver si hay una relación directa con un trauma origen, ya que en la medida que se trata el trauma origen, se comienza a descargar de las posibles transferencias. Así que, por ejemplo, un trauma actual por una perpetuación puede tratarse en el origen y ver en qué grado hay una transferencia en la actualidad de la ofensa o viceversa.

Es importante en ocasiones difíciles, contar con la ayuda de profesionales cualificados que transmitan confianza para acompañar en un proceso que no se muestra claro en un principio, lo que se aconseja especialmente adecuado.

Cómo se construye la “auto agresión”

Los mecanismo de transferencia de contenido traumático en personas que han sido maltratadas, excluidas, rechazadas, etc., tienden a fijarse y se formulan en el interior como un mecanismo de auto-agresión, autoexclusión, auto-rechazo, etc. Y afirmo de autoagresión porque en el recuerdo de un trauma sin conciencia, se vuelve a vivir en el imaginario el trauma original que tiene una relación relativa con el suceso real actual. Este último realiza la función de elemento disparador de la transferencia traumática. Sin darse cuenta “uno mismo” se auto agrede cuando se activan estos mecanismos.

Podemos considerar que los seres humanos, en un grado mayor o menor, han vivido en cierta medida algún tipo de “maltrato”, por lo que se debe considerar ¿en qué grado hay una transferencia traumática en las ocasiones que se es víctimas? Esta pregunta puede indicar la causa principal de la víctima tan común en muchas patologías psíquicas, cuya solución pasa por el tratar/sanar el trauma origen.

Sin darse cuenta cuando se juzga algo como malo se interioriza en relación a esta modulación transferida de los traumas, se construye, y se da un contenido de significado simbólico como forma adaptativa para solucionar un conflicto proyectando la base cuyo fondo es la “ignorancia”: pensar que las cosas tienen una naturaleza intrínseca o alma (buena o mala), cuando lo que se está atribuyendo es una construcción transferencial subjetiva. Esta construcción de los contenidos simbólicos que se atribuyen a las características de las personas como parte intrínseca de ellas es el noúmeno que se internaliza en la mente humana.

A la vez, también hay que considerar muchos “valores” (mitos del perdón) que dependen de prejuicios y memorias antiguas que en ocasiones interfieren en los sucesos y relaciones de conflicto.

La empatía: el perdón a uno lleva al perdón del otro

Una vez que se ha construido “el gigante”, el rencor y demás emociones que se forman en torno a este constructo, se necesita des-construir, si queremos sanar.

Este proceso pasa por ver dónde está el trauma y hasta qué punto éste es el filtro con el que valoramos nuestras relaciones de fracaso y agresiones. Creo que la compasión empieza por uno mismo y de ahí, podemos pasar a la empatía. La empatía no solo es ponerte en los zapatos del otro, sino también hacerlo ver hasta qué punto estos zapatos también son o han sido los nuestros (empatía intrapersonal). Acaso en ocasiones ¿no hay un radical rechazo a lo que tanto detestamos del otro como un reflejo de un espejo que no queremos reconocer en uno mismo, por lo duro que puede ser aceptarlo?

La empatía: el perdón a uno lleva al perdón del otro

El perdón lleva al amor y libera. Solo cuando nos perdonamos a uno mismo empezamos a ser amables con uno mismo, amarnos y comenzamos a perdonar al otro.

En primera instancia está el trauma del dolor como una transferencia de no aceptación del dolor del trauma origen. Esta no aceptación transferida se esconde detrás del no reconocimiento de la carga del trauma de transferencia como un sentimiento de no haber sido amados, de haber sido maltratados, excluidos, violentados, etc., en ciertos momentos de nuestra más tierna infancia y, que se manifiesta cuando un fenómeno disparador se presenta. Entonces t

ransferimos la carga traumática original. Cuando nos damos cuenta de esto empezamos a ver cómo construimos el sufrimiento que sin darnos cuenta nos auto infligimos y podemos comenzar a aceptar las circunstancias, dejar pasar y sanar. Este darse cuenta descarga en cierto grado el contenido emocional en situaciones que recibimos un daño.

Las pasiones destructivas cuando no se gestionan conscientemente se acumulan y se transfieren.

La meditación zen (atención plena) para tratar la ofensa y perdonar

“Básicamente” como se afronta el perdón en la práctica meditativa es “dejar pasar”. De cierta forma, perdonar es dejar pasar. Esto no quiere decir que estemos de acuerdo con el daño ocasionado y la injusticia de las agresiones y demás mitos. Debemos estar en contra de la violencia y hacer todo lo que esté en nuestra manos para que no se perpetúe. Siempre, salvo excepciones, se puede hacer algo para que estas cosas no vuelvan a suceder. Es importante hacerse responsable de la defensa, ya que una característica de la agresión es el dominio y la consecuente ideología de la desigualdad.

Desde la perspectiva del zen, el hecho de la ofensa necesariamente conlleva la inclusión de un yo que es ofendido. El yo como sujeto con noúmeno es una construcción individual y social que se integra en la estructura cognitiva de la persona que forma el yo. Desde la perspectiva del zen, y apoyándome en la exposición razonada anterior, no existe un yo sin una consecuencia de interrelaciones interdependientes y condicionantes. En la práctica del zen, poco a poco uno se va despojando de sí mismo como quien va quitando capas de una cebolla, para luego colocarlas de una manera consciente y flexible y sin despojarse de contenido sociopolítico, de acuerdo a los valores humanos.

Una ofensa puede ser una buena ocasión para conocerse a uno mismo y comenzar la des-construcción del yo-subjetivo-sufriente. Conocerse a uno mismo finalmente puede llevar a considerar la permanencia e insustancialidad del yo, por lo que en muchas ocasiones la ofensa se considera una flecha que atraviesa dos cuerpos: uno físico el cual se recupera con rapidez; y uno psíquico que se queda atrapado en su percepción relativa del concepto daño (sufrimiento). Conocer esta construcción de la “realidad” que no deja de ser en un alto porcentaje un constructo relativo de la realidad, es lo que nos permite salir de la identificación y, en consecuencia, apartarnos del impacto subjetivo.

Más profundamente a través de la práctica de la meditación uno puede desvincularse por unos instantes y paulatinamente del sí mismo condicionado, para encontrar una visón ecuánime y liberadora que nos permite ver con más claridad, descargar la culpa y comenzar de forma consciente dejar pasar (perdonar). Para esto hay varios procesos cognitivos que se suceden en la práctica de la meditación zen y que son los motores liberados de una visión ecuánime o de atención plena. Los enumerare simplemente para en otro momento tratarlos más detenidamente: posicionarse aquí y ahora (cuerpo y reparación), no juzgar, observar sin intervenir, amabilidad, aceptar lo que viene (paciencia), no identificarse con lo que aparece, recentrar la atención, dejar pasar y perseverar amablemente.


Bibliografía