En la tradición budista el camino de la liberación es visto como un ave que necesita desarrollar sus dos alas. Una ala es la sabiduría, la conciencia, que desarrollamos a través de la atención plena, el mindfulness, y la otra ala es la compasión, el amor, que fortalecemos con las prácticas del corazón.
Estas prácticas son pues indispensables para liberarnos del sufrimiento.
La meditación mindfulness nos permite conocer mejor los distintos aspectos de nuestra mente, las tendencias, los hábitos que nos encadenan, los patrones de pensamientos y emociones más habituales al desarrollar la capacidad de estar con esas experiencias sin ser arrastrados por ellas.
Nos permite pues salir de la reactividad automática en la que vivimos habitualmente, creando un espacio, conectándonos con una calma interior, que nos permite decidir qué queremos perseguir, a que impulsos queremos obedecer.
Ahí entran las prácticas del corazón, llamadas en la tradición budista, los Brahma Viharas.
Los Brahma Viharas (“moradas celestiales” en Pali) se refieren a las cualidades de un corazón abierto; la benevolencia, la compasión, la alegría empática y la ecuanimidad. Son los estados de la mente más bellos y poderosos que podemos habitar. Expresan la felicidad natural del ser humano.
Por desgracia, debido a estrategias defensivas que adoptamos de pequeños, cuando la intensidad de las emociones es demasiado grande para que las soportemos, nos acabamos cerrando y perdiendo el contacto con estos aspectos de nuestros corazón.
Estas prácticas nos permiten entrar en contacto de nuevo con estas cualidades de nuestro sentir, cultivando la bondad y el amor, abriendo nuestro corazón y conectando de nuevo con nuestra naturaleza más compasiva.