Hipnosis y dolor: tratamiento del dolor orgánico

F. Javier López
2 May 2018 lectura de 11 minutos
Hipnosis y dolor: tratamiento del dolor orgánico Recomendado

Cuando hablamos de dolor, se nos viene a la memoria los golpes, accidentes, traumatismos físicos que hemos tenido a lo largo de nuestra vida, pero aparte del dolor físico, orgánico existe otro tipo de dolor, quizás más sutil, menos conocido con ésta terminología, el dolor emocional, el dolor del alma. Ese dolor ilocalizable a nivel físico.

En este artículo expondré brevemente las bases neuroanatómicas del dolor orgánico, los componentes del dolor, la clasificación que la IAS, los principales técnicas de control / eliminación del dolor por hipnosis.

¿Qué entendemos por dolor?

Según la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor, el dolor “es una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a una lesión hística real (actual) o potencial o descrita en términos de la misma” (IASP, 1979). También apunta, que “el dolor es subjetivo,(…) también se trata de una experiencia emocional” (IASP, 1994, P. 210).

Si revisamos la definición dada por la Real Academia Española de la Lengua, encontramos la siguiente acepción: “1. Sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior. 2. Sentimiento de pena o congoja” (RAE, 2001).

Por tanto, al referirnos al dolor debemos matizar a qué tipo de dolor nos estamos refiriendo, si a un dolor orgánico (somático) o psicológico. El dolor tiene dos componentes:

  1. Uno senso-discriminativo, que es percibido por los receptores (nociceptores) y esa información es transmitida por la red neuronal desde la zona en la que el estímulo se produce (activando el nociceptor) hasta el cerebro donde se procesa (identificando la zona dolorosa, asignándole una intensidad, y una causa probable).
  2. Otro componente, el motivacional- afectivo, actuaría como una especie de regulador de la sensación dolorosa, modulando la intensidad y la interpretación que nuestro cerebro asigna al dolor; el estado afectivo es de una importancia capital en cuanto se refiere a la percepción o interpretación del dolor.

No es de extrañar que en momentos vulnerables de nuestras vidas (por ejemplo, situaciones estresantes, trastornos de ansiedad, depresión,...), las sensaciones de dolor, a veces difusas y de difícil focalización, hace que un golpe que en situaciones normales de nuestra vida lo percibamos como un dolor insoportable e intolerable.

Tipos de dolor

Existen actualmente varias clasificaciones sobre el dolor. Las taxonomías que nos propone la IASP, la Clasificación International Headache Society según criterios temporales.

Para mayor operatividad y claridad vamos a utilizar la clasificación clásica por excelencia: dolor crónico, que sería aquel que está presente durante un periodo de tiempo mayor a 6 meses, el dolor agudo, que puede ir desde pocos días de duración a varios meses, remitiendo al cabo de cierto tiempo.

¿Cómo se transmite el dolor?

La sensación nociva es sentida por las terminaciones nociceptivas, bien porque hay una lesión tisular o porque la intensidad de ese estímulo es lo suficientemente alta como para provocar una despolarización y activar un impulso nervioso. Éste impulso nervioso es transmitido (transducido) hacia la médula espinal, concretamente hasta el asta posterior donde conecta con las vías eferentes y llegan al cerebro, donde es procesada esa información y acto seguido se emite una respuesta.

Veamos un ejemplo. Imagínese el lector o lectora que está clavando una puntilla y se da un golpe en el dedo. Este golpe (estímulo mecánico) si es lo suficientemente intenso como para activar una despolarización en las neuronas A delta, ésta va a provocar una transducción (va a traducir ese golpe en impulsos nerviosos que serán transmitidos como si de un cable eléctrico se tratara y condujese la electricidad) liberándose histamina y brakidina.

El impulso nervioso se dirige hacia el asta posterior de la médula espinal, donde va a hacer sinapsis con tres tipos de neuronas: 1) las neuronas de proyección, que van a transportar la información hacia el SNC, donde será procesada e interpretada; 2) las interneuronas excitatorias, aquí se produce un relevo en la transmisión de la información antes de alcanzar las neuronas de proyección, 3) interneuronas inhibitorias, encargadas de regular la información nociceptivas que alcanzará los centros superiores. (Fig.3)

La información va a llegar al SNC, al tálamo, donde será procesada e interpretado el estímulo nocivo, y de ahí se envía la información hacia el sistema somato sensorial, donde interpretamos esa sensación como dolor y actuemos en consecuencia, es decir, usted emitirá una conducta (gritar, quejarse, retirar el dedo, tirar el martillo, etc.), y al sistema límbico, central  las emociones, donde la conducta va a ser modulada, es decir, si tiene usted control sobre sus emociones, la conducta será de una queja verbal y dejar el martillo a un lado; pero si le domina las emociones, quizás lance el martillo con fuerza al suelo y emita algún que otro improperio hacia esta herramienta.

Tratamiento del dolor por hipnosis

¿Cómo procedemos?

El primer paso consiste en abrir la historia clínica del cliente, donde se recoge sus datos personales, el motivo de la consulta, las características del dolor (localización, intensidad, duración, etiología), con todo detalle ya que es el núcleo central (o uno de ellos) del tratamiento, valoración emocional y afectiva del cliente y cómo convive con el dolor.

Hay que averiguar si el dolor es orgánico (debido a una lesión tisular) o es de origen psicológico, ya que el tratamiento es diferente, también hay conocer si el dolor forma parte del paciente o lo vive como algo ajeno a él, pero que está adherido. En mi práctica clínica he encontrado clientes en los que el dolor es percibido como una parte más de su ser, con lo cual, el abordaje es más lento, pero con igual efectividad que si es algo nocivo y que se le ha adherido.

En el caso que nos ocupa (dolor orgánico, físico) hay que saber dónde está la lesión y requerir informes emitidos por los profesionales adecuados. Una vez identificada la lesión, procedemos con la intervención en y por hipnosis.

¿Qué técnica hipnoanalgésica usamos?

Las técnicas que podemos usar va a estar en función de ciertas variables y los objetivos planteados: eliminación total del dolor (hipnoanestesia) o reducción de las sensaciones dolorosas para que sean tolerables (hipnoanalgesia). Les recuerdo que el dolor es una señal de aviso y alarma del organismo que nos informa que hay algo que está funcionando mal, y por tanto hay que averiguar primeramente qué está funcionando de forma anómala.

Hay situaciones en las que la hipnoanestesia estás contraindicada, como por ejemplo:

  • Dolores de los que desconocemos su origen por falta de una evaluación y diagnóstico adecuado.
  • Procesos inflamatorios y degenerativos.
  • En patologías que necesitamos conocer si el proceso de recuperación es el satisfactorio y adecuado.

Las técnicas hipno-analgésicas más usadas son las siguientes:

Anestesia

Con ella pretendemos que una zona del cuerpo se vuelva totalmente insensible a las sensaciones y también al dolor.

Esta técnica estaría indicada en los procesos médico-quirúrgicos tales como intervenciones quirúrgicas, extracción dentaria, etc.

Disminución directa de las sensaciones

Consistiría en reducir las sensaciones de dolor (hipnoanalgesia), es decir, hacer que las sensaciones dolorosas sean tolerables. En este caso, las sensaciones dolorosas no desaparecen totalmente, como con la técnica anterior.

Podríamos aplicarla a lesiones tisulares, procesos inflamatorios, dolores de muelas,… donde nos interesa estar alerta, para evitar consecuencias mayores. Por ejemplo, si aplicamos hipnoanestesia a una muela picada, la sensación de dolor desparece, pero el proceso de infección continúa. Si silenciamos al cuerpo, en su señal de alarma, y por tanto, no corregimos éste problema, la infección puede provocar una sepsis generalizada y muerte.

Sustitución sensorial

Básicamente consiste en sustituir una sensación dolorosa intensa y desagradablepor otra sensación menos desagradable, pero no agradable.

La podemos emplear, cuando tenemos un cliente al que el dolor le produce ciertos beneficios secundarios, y aunque conscientemente desea eliminar su dolor, inconscientemente el dolor le reporta ciertos beneficios y por ello lo mantiene.

Un claro ejemplo de ello sería la persona que cada vez que tiene un dolor intenso y lo manifiesta, hace que recaiga toda la atención de las personas que tiene alrededor hacia ella, ya que se siente sola y dependiente de los demás o bien teme una pérdida, bien sea una separación, abandono del hogar de algún miembro de su familia,…

Desplazamiento

Consistiría en desplazar la sensación dolorosa de una zona del cuerpo a otra zona donde el dolor es más tolerable.

Podríamos desplazar un dolor intenso en el abdomen, intolerable e incapacitante hacia los dedos de la mano no dominante por ejemplo.

Disociación

Al cliente le provocaríamos una disociación de las sensaciones dolorosas; sentiría ese dolor desde “fuera” de su cuerpo, como si se desvincularse de su dolor físico (no emocional), lo cual, lo hace más tolerable, aunque no remita totalmente esa sensación.

Esta técnica se suele emp0lear cuando el paciente está inmovilizado (p.e. mientras están realizándole una intervención quirúrgica).

¿Hipnosis o farmacología?

Llegados a éste punto, se pueden estar ustedes preguntando: ¿por qué no se usa la hipnosis para el tratamiento del dolor en los hospitales y en los procedimientos médicos que reportan dolor? ¿Entonces, qué nos recomienda que utilicemos: hipnosis o fármacos? ¿Es posible utilizarla con niños, con ancianos,…?

Vamos por parte. Para responder a la primera cuestión, habría que buscar respuestas en los gestores sanitarios, desde los responsables del Ministerio de Sanidad, pasando por los de las diferentes Consejerías de Salud, continuando con los gerentes, directores de los diferentes centros sanitarios, terminando por ustedes mismos, los usuarios de los servicios de salud.

A esto hay que añadir, el desconocimiento generalizado por parte de los usuarios como de los profesionales sanitarios respecto a la hipnoanestesia / hipnoanalgesia como a los demás procedimientos hipnóticos hacia otras patologías o trastornos.

¿Hipnosis o fármacos? Va a depender de varios factores; como en todo (o en casi todo) lo bueno está en el término medio, es decir, a veces es necesario utilizar fármacos (p.e. pacientes con niveles de consciencia bajos donde no es posible realizar procedimientos hipnóticos), en otros casos, es factible utilizar la hipnosis, y otras veces, lo recomendable sería una combinación de ambas técnicas. La hipnosis y demás procedimientos no son excluyentes, son complementarios.

Mi experiencia con ciertos casos de intervención en dolor en niños pequeños (2-3 años), indican que es un procedimiento muy eficaz y efectivo; si bien es limitado en el tiempo debido a la limitada capacidad de autocontrol de los infantes, pero para eso están los padres y/o responsables a su cargo, a los que se les instruye en la técnica para que lo hagan. Los efectos son duraderos (desde varios minutos a varias horas) en función de la patología, nivel de consciencia, cooperación,…

Recuerden que la hipnosis es una técnica, una herramienta, un procedimiento no excluyente, sino complementario. Pero sobre todo, antes de inducir o auto inducirse hipnoanalgesia o hipnoanestesia es aconsejable realizar un diagnóstico del dolor por un profesional cualificado.

Si optan por utilizar la hipnosis como procedimiento para combatir el dolor (físico, emocional) busquen a un profesional de la hipnosis debidamente cualificado.


Referencias bibliográficas:

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