Meditación zen: antídoto contra la mente rumiadora

Xabier Iñiguez
7 Nov 2019 lectura de 4 minutos
Meditación zen: antídoto contra la mente rumiadora

Nuestros pensamientos en ocasiones se presentan como un factor producido por algún asunto que necesitamos resolver y, se estancan en nuestra mente, como si fuesen rumiados de un modo involuntario sin poderlos parar. Estas dinámicas son mecanismos básicos de procesos de depresión o simplemente de cambios de ánimo bajos (bajones), y necesitamos establecer estrategias que nos ayuden a “pararlos”.

La idea básica de la meditación zen es la aceptación liberadora, ya que por mucho que nos empeñemos, siempre vamos a tener asuntos que resolver. Por lo tanto, lo más sensato que podemos hacer es desarrollar estrategias para gestionar. Ahora... cómo se producen estos y disminuirlos para tener una vida más tranquila, es otro asunto.

Practicando zazen

Práctica de zazenCuando practicamos zazen nos concentramos en la postura y en la respiración a la vez que centramos la atención en el bajo vientre u otro punto del cuerpo donde nos sintamos presentes. Se adopta una aptitud de observar sin interferir dejando pasar los pensamientos, las emociones y las percepciones (fenómenos) que emergen y que podemos percibir. Cuando nos damos cuenta que nuestra atención vuelve a quedarse atrapada en los fenómenos, amablemente volvemos a concentrarnos en la postura, en la respiración y centrar la postura en el bajo vientre.

La espalda está erguida, aunque sin crispación, el mentón ligeramente recogido, los ojos semicerrados y la mirada cae posada 45º a nuestras piernas. Las manos formando el mudra del vacío o apoyadas sobre las rodillas. La postura manifiesta dignidad y delicadeza, a la vez que un tono vital poderoso.

La práctica continuada de zazen criba la mente de pensamientos y emociones destructivos a través del observar los fenómenos sin interferir, para volver a una condición de serenidad donde se percibe más fácil la experiencia del instante presente, los fenómenos pasan a ocupar un segundo plano. La mente se des-identifica de los fenómenos que antes nos atrapaban y nos dirigían. Este hábito continuada crea el cambio de modo de establecer la relación con los fenómenos, se manifiesta la condición de la mente espejo o mente testigo. La mente espejo permite percibir los fenómenos sin perder el sentido de presencia. Esto produce un efecto des estresor general permitiendo que el organismo, como sistema multifuncional, no sea agredido por los efectos desencadenados por el estrés.

Básicamente, la relación con los fenómenos o como se procesan los fenómenos que emergen, especialmente cuando éstos nos producen estrés y conflicto, es cambiar la respuesta, no interferir sobre ellos tomando el cuerpo y la respiración como recurso adaptativo y, adoptar la actitud de observarlos, aceptándolos amablemente y dejarlos pasar. Este hábito por extensión, actúa como reforzador condicionante de un patrón determinante en esta conducta, de no interferir y que pasa a instaurarse en el modo de gestión de las experiencias y, se traslada a nuestras vidas, procurando una mayor conciencia de las experiencias y armonía, por el hecho de desidentificación consciente de los objetos o fenómenos.

En última instancia, y por mucho que se explicite con el lenguaje en que consiste zazen, el campo significativo del de los contenidos cognitivos son experienciales y no puede abarcarse completamente desde el lenguaje. En este sentido, las relaciones interpersonales nos llevan a comunicarnos desde un campo perceptivo de experiencias compartidas, que son los que caracterizan la peculiaridad humana y que son un constructor de pensamientos, sentimientos percepciones y memorias que se actualizan constantemente.

Un manera directa de entender en profundidad qué es el zen es realizar una sesión de zazen y experimentar por ti mismo. El zen tiene un sabor, un gusto, un aroma, una textura que como la manzana, no se puede comprender correctamente, si no lo pruebas tu mismo.