PFAS nueva normativa Europea del 12 de agosto del 2026

Susagna Muns Camp
27 Sep 2026 lectura de 12 minutos
PFAS nueva normativa Europea del 12 de agosto del 2026 Recomendado

PFAS y alimentos: qué cambia en Europa y por qué deberíamos prestar atención a los “químicos eternos”

Durante años hemos hablado de los ingredientes que comemos, de los pesticidas presentes en algunos alimentos o de la calidad del agua. Sin embargo, existe otra cuestión mucho menos visible: los materiales que están en contacto con nuestros alimentos.

Este 12 de agosto de 2026, entró en aplicación en la Unión Europea una nueva fase de las normas europeas sobre envases y residuos de envases. Entre sus medidas se encuentra la restricción de determinados niveles de PFAS —sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas— en envases destinados a entrar en contacto con alimentos.

La noticia puede parecer puramente regulatoria, pero detrás existe una cuestión de salud pública mucho más interesante: ¿hasta qué punto las sustancias químicas presentes en nuestro entorno pueden acabar formando parte de nuestra exposición cotidiana?

¿Qué son exactamente los PFAS?

PFAS es el acrónimo de per- and polyfluoroalkyl substances, un amplio grupo de sustancias químicas sintéticas.

No hablamos de una única molécula. Se trata de una familia muy extensa de compuestos que comparten determinadas características químicas y que han sido utilizados durante décadas por sus propiedades repelentes del agua, la grasa y las manchas.

Se han empleado en numerosos productos y procesos industriales, incluyendo textiles, espumas contra incendios, determinados revestimientos, utensilios antiadherentes y materiales destinados al contacto con alimentos.

Su particularidad más preocupante es su persistencia ambiental.

De ahí procede la expresión “forever chemicals” o “químicos eternos”: algunos PFAS presentan una extraordinaria resistencia a la degradación y pueden permanecer durante largos periodos en el medio ambiente.

Esto significa que la exposición no depende únicamente de lo que utilizamos hoy. Parte de estos compuestos pueden circular durante años a través del agua, el suelo y las cadenas alimentarias.

¿Cómo podemos entrar en contacto con los PFAS?

La exposición humana puede producirse por diferentes vías.

El agua y los alimentos constituyen algunas de ellas, pero también pueden intervenir productos de consumo y el propio medio ambiente.

La EFSA señala que los PFAS pueden encontrarse en alimentos y que entre las fuentes dietéticas identificadas se encuentran, entre otros, el agua potable, el pescado, las frutas y los huevos y productos derivados.

Pero existe otra vía que merece especial atención: los materiales que entran en contacto con los alimentos.

Los PFAS se han utilizado precisamente porque permiten fabricar superficies resistentes a la grasa y al agua. Desde el punto de vista industrial resulta una propiedad muy útil: un alimento graso no atraviesa fácilmente el envase.

El problema aparece cuando nos preguntamos qué ocurre con las sustancias utilizadas para conseguir esa propiedad.

Del envase al alimento: la migración química

Los materiales destinados a entrar en contacto con alimentos no son necesariamente químicamente inertes.

La propia Comisión Europea explica que determinadas sustancias presentes en estos materiales pueden transferirse al alimento y que, por este motivo, los materiales de contacto alimentario están sometidos a legislación específica.

En el caso de los PFAS, diferentes investigaciones han demostrado que determinadas sustancias fluoradas presentes en papeles y cartones pueden migrar desde el material hacia los alimentos o simulantes alimentarios.

Un estudio publicado en Food Chemistry analizó 23 PFAS en 25 materiales de papel y cartón destinados al contacto con alimentos y observó diferentes patrones de migración según el compuesto y las condiciones experimentales. Además, cuando se analizaron alimentos reales, algunos métodos de simulación podían subestimar la migración de determinados PFAS de cadena corta.

Otro trabajo estudió la migración de diferentes familias de PFAS desde materiales de contacto alimentario sometidos a temperaturas elevadas. Se detectó migración hacia alimentos como gachas de avena, muffins y sopa de tomate.

Esto nos lleva a una conclusión importante:

No basta con preguntar de qué material está hecho un envase; también importa qué sustancias contiene, qué alimento ponemos dentro, cuánto tiempo permanece en contacto y a qué temperatura.

¿Por qué se utilizan en envases alimentarios?

La explicación es bastante sencilla.

Los alimentos grasos necesitan materiales capaces de resistir el paso de aceites y grasas. Un envase que se empape, pierda resistencia o deje pasar la grasa resulta poco práctico.

Los PFAS ofrecían una solución tecnológica muy eficaz.

El problema es que una característica que resulta extraordinariamente útil para la industria —la resistencia química— puede convertirse en un problema ambiental cuando esas mismas moléculas son extremadamente persistentes.

Por eso la tendencia regulatoria actual busca avanzar hacia materiales que puedan cumplir su función sin depender de sustancias persistentes de este tipo.

¿Qué sabemos sobre sus posibles efectos sobre la salud?

Aquí es importante evitar tanto el alarmismo como la minimización.

Los PFAS no son una sustancia única y no todos presentan exactamente el mismo perfil toxicológico. Por eso no sería científicamente correcto afirmar que cualquier exposición a PFAS provoca cáncer.

Lo que sí existe es una preocupación científica considerable alrededor de determinados compuestos y exposiciones acumuladas.

La EFSA estableció en 2020 una ingesta semanal tolerable de 4,4 nanogramos por kilogramo de peso corporal por semana para la suma de PFOA, PFOS, PFNA y PFHxS, basándose en la evidencia disponible sobre sus efectos inmunológicos.

Además, la literatura científica ha estudiado asociaciones entre PFAS y diferentes sistemas fisiológicos.

Sistema inmunitario

La alteración de la respuesta inmunitaria es uno de los aspectos que ha recibido especial atención en las evaluaciones toxicológicas.

Precisamente los efectos sobre la respuesta inmunitaria tuvieron un peso importante en la evaluación de EFSA que condujo a establecer la ingesta semanal tolerable para los principales PFAS acumulativos.

Metabolismo lipídico

También se ha estudiado la relación entre determinados PFAS y los niveles de colesterol.

Algunas investigaciones han encontrado asociaciones entre concentraciones de PFOS y PFOA y determinados parámetros lipídicos, aunque establecer causalidad en estudios observacionales requiere prudencia.

Incluso se han desarrollado modelos específicos para valorar el riesgo asociado a la migración de PFOS y PFOA desde materiales de papel y cartón en contacto con alimentos, teniendo en cuenta temperatura y exposición.

Tiroides

El sistema endocrino es otra área de investigación relevante.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024 examinó la asociación entre diferentes PFAS y hormonas tiroideas en adolescentes, mujeres embarazadas y adultos. Los autores encontraron asociaciones entre determinados PFAS y parámetros relacionados con la función tiroidea y plantearon posibles mecanismos relacionados con el eje hipotálamo-hipófisis-tiroides y los receptores tiroideos.

Esto no significa que una persona con una alteración tiroidea tenga necesariamente un problema causado por PFAS. La biología humana es mucho más compleja.

Pero sí justifica que los contaminantes ambientales se estudien desde una perspectiva de exposición acumulativa.

¿Y qué ocurre con el cáncer?

Este es probablemente el punto en el que debemos ser más rigurosos.

Los PFAS han sido investigados por su posible relación con diferentes tipos de cáncer, pero no podemos convertir una asociación epidemiológica en una afirmación causal individual.

Por ejemplo, un metaanálisis publicado en 2024 estudió específicamente la exposición a PFAS y el cáncer de mama. En conjunto, los autores no encontraron evidencia suficiente para establecer una asociación clara entre PFAS y el riesgo global de cáncer de mama. Sin embargo, observaron algunas señales en determinados análisis y concluyeron que la evidencia epidemiológica disponible era todavía insuficiente y que se necesitan estudios mejor diseñados.

Esta distinción es fundamental.

Como nutricionista oncológica no debería decir: “Los PFAS provocan cáncer.”

Sería mucho más correcto decir:

“Determinados PFAS presentan propiedades y efectos biológicos que justifican la reducción de exposiciones innecesarias y continúan siendo objeto de investigación por su posible relación con diferentes enfermedades, incluido el cáncer.”

La diferencia entre ambas frases es enorme desde el punto de vista científico.

¿Por qué la nueva normativa europea es relevante?

La nueva regulación europea representa un cambio importante porque aborda el problema antes de que llegue al consumidor.

Desde el 12 de agosto de 2026 se aplican las nuevas disposiciones del Reglamento europeo de envases y residuos de envases, incluido el límite de PFAS en determinados envases y recipientes destinados al contacto con alimentos.

Es importante aclarar que esto no significa que a partir de hoy desaparezcan todos los PFAS del mercado ni que cualquier envase que tengamos en casa sea peligroso.

La regulación establece límites y requisitos para los materiales afectados.

De hecho, la Unión Europea ya cuenta con un marco general para los materiales destinados al contacto con alimentos, cuyo principio básico es que estos materiales no deben liberar componentes a los alimentos en cantidades que puedan perjudicar la salud.

La nueva normativa supone, por tanto, un paso adicional dentro de una estrategia más amplia para reducir la exposición y también el impacto ambiental de sustancias persistentes.

¿Qué podemos hacer nosotros?

No tiene sentido intentar eliminar cualquier contacto con productos químicos. Vivimos en un entorno en el que la exposición ambiental cero es prácticamente imposible.

La estrategia más razonable es reducir exposiciones evitables y repetidas.

  1. Utiliza vidrio para conservar los alimentos

Especialmente si vas a conservar durante horas o días alimentos grasos, ácidos o calientes.

  1. No calientes comida en envases que no estén diseñados para ello

El calor puede modificar la migración de determinadas sustancias desde los materiales hacia los alimentos.

  1. Reduce el consumo habitual de comida para llevar

No porque un envase concreto vaya necesariamente a ser peligroso, sino porque la exposición repetida a materiales de contacto alimentario puede formar parte del conjunto de exposiciones ambientales.

  1. No confundas “papel” con “libre de sustancias químicas”

Un envase de papel puede incorporar tratamientos y recubrimientos destinados a proporcionar resistencia frente a grasas y humedad.

Por eso el material visible no siempre nos cuenta toda la historia.

  1. Prioriza alimentos frescos y mínimamente procesados

Esta recomendación tiene una ventaja adicional: una alimentación basada fundamentalmente en alimentos frescos suele reducir simultáneamente el contacto con múltiples tipos de envases.

  1. No conviertas la prevención en miedo

Este punto es especialmente importante.

La finalidad de hablar de PFAS no es generar ansiedad alrededor de cada recipiente, cada bolsa o cada envase.

La finalidad es comprender que la salud no depende únicamente de los nutrientes que ingerimos.

También estamos expuestos a sustancias presentes en el ambiente, el agua, los alimentos, los productos de consumo y los materiales que utilizamos.

Y la nutrición preventiva del futuro tendrá que considerar cada vez más esta realidad.

Una visión más amplia: la “carga química”

Cuando hablamos de nutrición solemos pensar en proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas, minerales y fibra.

Pero existe otra dimensión menos visible: la exposición a contaminantes ambientales.

PFAS, determinados pesticidas, bisfenoles, ftalatos y otras sustancias forman parte de un campo de investigación conocido como exposoma: el conjunto de exposiciones ambientales que experimentamos a lo largo de nuestra vida.

No significa que todas estas sustancias tengan el mismo mecanismo de acción ni el mismo nivel de riesgo.

Significa que nuestra salud es el resultado de una interacción compleja entre genética, alimentación, actividad física, sueño, estrés, infecciones, microbiota, ambiente y exposiciones químicas.

Por eso, cuando hablamos de prevención, puede tener sentido aplicar un principio muy sencillo:

Si podemos reducir una exposición innecesaria sin que ello suponga un coste importante, ¿por qué no hacerlo?

La conclusión no es “tengamos miedo a los envases”

La conclusión es mucho más sencilla.

Durante décadas hemos buscado alimentos cada vez más seguros y hemos mejorado enormemente los sistemas de control alimentario.

Ahora estamos entrando en una nueva etapa en la que también debemos preguntarnos:

¿Qué ocurre con todo aquello que está en contacto con nuestros alimentos antes de que lleguen a nuestro plato?

La nueva regulación europea sobre PFAS pone el foco precisamente ahí.

Y aunque todavía quedan muchas preguntas científicas por responder, reducir el uso de sustancias químicas persistentes cuando existen alternativas razonables parece una estrategia coherente tanto desde el punto de vista de la salud pública como de la protección ambiental.

Porque comer bien no consiste solamente en elegir buenos alimentos.

También importa cómo los conservamos, cómo los calentamos y qué ocurre antes de que lleguen a nuestra mesa.


Referencias científicas y fuentes:

  1. EFSA. PFAS in food: EFSA assesses risks and sets tolerable intake. 2020. Ingesta semanal tolerable de 4,4 ng/kg de peso corporal/semana para PFOS, PFOA, PFNA y PFHxS.
  2. EFSA. Per- and polyfluoroalkyl substances (PFAS). Actualización: 22 julio 2026.
  3. European Commission. Food Contact Materials. Marco regulatorio europeo sobre materiales destinados al contacto con alimentos.
  4. European Commission. PFASs. Información sobre usos, contaminación ambiental y exposición a través de alimentos y materiales de contacto alimentario.
  5. Zabaleta I, et al. Occurrence of per- and polyfluorinated compounds in paper and board packaging materials and migration to food simulants and foodstuffs. Food Chemistry. 2020;321:126746. DOI: 10.1016/j.foodchem.2020.126746.
  6. Lerch M, Nguyen KH, Granby K. Is the use of paper food contact materials treated with per- and polyfluorinated alkyl substances safe for high-temperature applications? Food Chemistry. 2022;393:133375. DOI: 10.1016/j.foodchem.2022.133375.
  7. You SH, Yu CC. Health Risk Exposure Assessment of Migration of Perfluorooctane Sulfonate and Perfluorooctanoic Acid from Paper and Cardboard in Contact with Food under Temperature Variations. Foods. 2023;12(9):1764. DOI: 10.3390/foods12091764.
  8. Chang CJ, et al. Exposure to per- and polyfluoroalkyl substances and breast cancer risk: a systematic review and meta-analysis of epidemiologic studies. American Journal of Epidemiology. 2024.
  9. Association between PFAS exposure and thyroid health: a systematic review and meta-analysis for adolescents, pregnant women, adults and toxicological evidence. 2024.