Curación epigenética: ¿está en nuestras manos?
Recomendado
¿Y si pudiéramos influir en nuestra salud mucho más de lo que imaginamos? ¿Y si algunos de los mecanismos naturales de protección, regulación y reparación de nuestro organismo pudieran favorecerse mediante nuestros hábitos, comportamientos e incluso pensamientos? No estamos hablando de milagros ni de poderes sobrenaturales, sino de posibilidades que los avances científicos están ayudando a comprender.
La epigenética es la rama de la biología que estudia los mecanismos que regulan la actividad de nuestros genes sin modificar la secuencia del ADN. Dicho de manera sencilla, nuestros genes contienen información, pero no toda tiene que expresarse necesariamente. Algunas instrucciones pueden activarse o silenciarse mediante mecanismos reguladores sobre los que influyen diferentes condiciones biológicas y ambientales. Por tanto, nuestra herencia genética no siempre determina de forma inevitable nuestro destino.
Nuestros genes no son nuestro destino
Un ejemplo especialmente significativo lo encontramos en el cáncer. Según el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos (NCI), aproximadamente entre un 5 y un 10 % de los casos están relacionados con alteraciones genéticas hereditarias. En los restantes intervienen mutaciones adquiridas, factores ambientales, hábitos de vida y procesos biológicos espontáneos. Incluso cuando heredamos una predisposición genética, no significa necesariamente que la enfermedad vaya a desarrollarse, aunque algunas variantes comportan riesgos muy elevados.
Otro descubrimiento sorprendente procede de las investigaciones con células madre. En 2006, Adam Engler y sus colaboradores demostraron que células madre semejantes podían desarrollarse hacia diferentes tipos celulares dependiendo de la rigidez del medio donde se cultivaban. En entornos blandos, similares al tejido cerebral, mostraban características neuronales; en medios de rigidez intermedia, musculares; y en los más rígidos, óseas. Es decir, las células respondían no solamente a su información genética, sino también a las condiciones físicas de su entorno.
Estos experimentos no demuestran que podamos dirigir voluntariamente la actividad de nuestras células, pero ilustran una realidad extraordinaria: el ambiente participa activamente en la manera en que se manifiestan determinadas capacidades biológicas.
Podemos influir en nuestro ambiente interior
Nuestro organismo no es una máquina de funcionamiento rígido, sino un sistema dinámico que responde continuamente a las condiciones en que vivimos. La alimentación, el ejercicio, el descanso, las sustancias tóxicas, las relaciones personales, el estrés y los estados emocionales influyen sobre numerosos procesos fisiológicos. Algunos de estos efectos implican mecanismos epigenéticos, mientras que otros actúan por diferentes vías de regulación.
Sabemos, por ejemplo, que el estrés crónico puede alterar las respuestas hormonales e inmunitarias y favorecer determinados procesos inflamatorios. En cambio, el ejercicio regular, una alimentación adecuada, un descanso reparador y una mejor regulación emocional pueden contribuir a mantener condiciones más favorables para la salud. No siempre podemos modificar nuestro ambiente externo, pero sí tenemos cierto margen para intervenir sobre nuestros hábitos y sobre la manera de afrontar las circunstancias.
También la mente participa en estos procesos. Una investigación de Perla Kaliman, Richard Davidson y colaboradores encontró que una jornada intensiva de meditación en personas experimentadas se asociaba con cambios en la expresión de genes relacionados con la inflamación y la regulación epigenética. Aunque estos resultados no demuestran que meditar cure enfermedades, sí muestran que determinadas prácticas mentales pueden acompañarse de modificaciones biológicas medibles.
Desde la perspectiva integradora que propongo en mi modelo del quinto cerebro, el organismo constituye una compleja red de comunicación entre el cerebro, el sistema nervioso digestivo, el corazón, la microbiota, el sistema inmunitario y el conjunto de nuestras células. Esta interacción permanente permite mantener el equilibrio interno, adaptarnos a los cambios y desarrollar sofisticados mecanismos de protección y reparación.
El médico interior: cuando las expectativas modifican el cuerpo
Quizás una de las demostraciones más sorprendentes de nuestra capacidad de autorregulación la encontramos en los efectos placebo y nocebo. El placebo se produce cuando las expectativas positivas y el contexto de un tratamiento generan una mejoría que no puede atribuirse a la acción específica de ese tratamiento. El nocebo representa el fenómeno contrario: las expectativas negativas pueden provocar o intensificar síntomas y respuestas desfavorables.
Y no se trata simplemente de imaginación. Las investigaciones del neurocientífico Fabrizio Benedetti y otros especialistas han demostrado que determinadas respuestas placebo activan mecanismos neuroquímicos reales, entre ellos la liberación de opioides endógenos, sustancias analgésicas que produce nuestro propio organismo.
Un experimento especialmente llamativo fue realizado por Ted Kaptchuk y colaboradores, de la Universidad de Harvard, con pacientes que sufrían síndrome del intestino irritable. A un grupo se le administraron pastillas sin principio activo, explicándoles claramente que eran placebos. Sorprendentemente, estos pacientes experimentaron una mejoría de sus síntomas superior a la del grupo que no recibió tratamiento adicional. Es decir, incluso sabiendo que las pastillas no contenían medicamento, el contexto terapéutico podía contribuir a mejorar su estado.
El efecto nocebo también ha proporcionado resultados sorprendentes. En una investigación dirigida por Nicola Mondaini, pacientes que recibían el mismo medicamento para tratar problemas prostáticos fueron divididos en dos grupos. A unos se les informó de sus posibles efectos secundarios sexuales y a otros no. Entre quienes recibieron esa información, el 43,6 % comunicó efectos adversos sexuales, frente al 15,3 % del otro grupo. La diferencia muestra hasta qué punto las expectativas pueden influir en la aparición o percepción de determinados síntomas, aunque el medicamento también pudiera producirlos directamente.
Estos fenómenos no significan que podamos curar cualquier enfermedad mediante nuestras creencias, pero demuestran que el organismo dispone de recursos fisiológicos capaces de responder a procesos psicológicos. ¿Cuántos otros mecanismos de regulación y recuperación podrían estar influidos por señales internas que todavía no conocemos suficientemente?
¿Hasta dónde podemos llegar?
La epigenética no explica por sí sola todos los efectos beneficiosos de nuestros hábitos, pensamientos o emociones. Sin embargo, junto con los descubrimientos de la neurociencia, la psiconeuroinmunología y las investigaciones sobre el placebo, nos proporciona una base científica para comprender que determinadas capacidades de autorregulación y recuperación, antes consideradas inexplicables o incluso milagrosas, pueden responder a mecanismos biológicos perfectamente naturales.
No estamos hablando de una única capacidad curativa, sino de múltiples procesos que interactúan entre sí: regulación genética, equilibrio hormonal, actividad inmunitaria, plasticidad neuronal, reparación celular y respuestas psicofisiológicas. Son mecanismos que nuestro organismo siempre ha poseído, aunque nunca habíamos dispuesto de tantos conocimientos para comprender su funcionamiento y algunas de las condiciones que pueden favorecerlo.
La ciencia continúa investigando estas relaciones y todavía quedan numerosos interrogantes. Incluso disciplinas como la biología cuántica están abriendo nuevas perspectivas sobre determinados procesos vitales, aunque sus posibles aplicaciones terapéuticas todavía requieren investigación. Pero una ciencia verdaderamente abierta no debería limitarse a confirmar lo que ya conocemos, ni permitir que los intereses económicos condicionen exclusivamente sus prioridades. Su misión también consiste en explorar nuevas posibilidades, cuestionar sus propios límites y mantener la curiosidad sin renunciar al rigor.
Quizás ha llegado el momento de integrar mejor estos conocimientos en una concepción más amplia de la salud. La alimentación, el ejercicio, el descanso, la meditación, la regulación emocional y nuestros comportamientos cotidianos pueden contribuir, por diferentes vías, a crear condiciones más favorables para los mecanismos naturales de protección, equilibrio y recuperación del organismo. No son recursos milagrosos ni sustituyen los tratamientos médicos cuando son necesarios, pero tampoco deberíamos subestimar su importancia.
¿Por qué esperar a conocer todos los mecanismos para empezar a aprovechar aquellos cuyos beneficios ya conocemos? No necesitamos tener todas las respuestas para actuar con prudencia, racionalidad y sentido común. Podemos empezar por lo que sabemos, continuar investigando lo que todavía desconocemos y mantener la mente abierta a nuevas posibilidades.
Tal vez la verdadera revolución de la salud no consista solamente en descubrir nuevos tratamientos, sino también en aprender a estimular y aprovechar mejor las extraordinarias capacidades que nuestro organismo siempre ha tenido.
Referencias científicas:
- National Cancer Institute (NCI). Genetic Testing for Inherited Cancer Risk. Instituto Nacional del Cáncer, Estados Unidos.
- Engler, A. J., et al. (2006). Matrix elasticity directs stem cell lineage specification. Cell, 126(4), 677–689.
- Weaver, I. C. G., et al. (2004). Epigenetic programming by maternal behavior. Nature Neuroscience, 7, 847–854.
- Kaliman, P., et al. (2014). Rapid changes in histone deacetylases and inflammatory gene expression in expert meditators. Psychoneuroendocrinology, 40, 96–107.
- Benedetti, F., et al. (2005). Neurobiological mechanisms of the placebo effect. Journal of Neuroscience, 25(45), 10390–10402.
- Kaptchuk, T. J., et al. (2010). Placebos without deception: A randomized controlled trial in irritable bowel syndrome. PLOS ONE, 5(12), e15591.
- Mondaini, N., et al. (2007). Finasteride 5 mg and sexual side effects: How many of these are related to a nocebo phenomenon? The Journal of Sexual Medicine, 4(6), 1708–1712.
- Guillén Lladó, J. M. El Quinto Cerebro. Modelo conceptual integrador de la comunicación y regulación del organismo.