Principios de la terapia gestalt para la buena vida

Descubre los principios de la Terapia GestaltPara el que esto escribe resulta obvio que existen maneras sanas e insanas de vivir, que hay formas que nutren y sanan y otras que restan y enferman. Así mismo, también es cierto que algunos preceptos o indicaciones nos pueden ayudar a vivir una existencia digna, plena y libre, guiada desde la libertad interior y donde la triada Verdad/Amor/Belleza emerge paulatinamente a medida que se practican, siendo la propia experiencia suficiente para validar dichos principios.

No estoy hablando de mandatos, imposiciones divinas ni rancios moralismos sino de una manera sensata de conducirse por la existencia. Lo que a continuación voy a exponer no es una filosofía intelectual elucubrada por personas mentales desconectadas de lo instintivo y lo emocional, sino las conclusiones básicas extraídas de la experiencia vital de personas que se permitieron ser simple y totalmente humanas.

Nueve Principios

Así, Claudio Naranjo en su libro “La vieja y novísima Gestalt: actitud y práctica de un experiencialismo ateórico” resume en los siguientes puntos dichas conclusiones:

  1. Vive ahora, es decir, preocúpate más del presente que del pasado o el futuro.
  2. Vive aquí: relaciónate más con lo presente que con lo ausente.
  3. Deja de imaginar: experimenta lo real.
  4. Abandona los pensamientos innecesarios; más bien siente y observa.
  5. Prefiere expresar antes que manipular, explicar, justificar o juzgar.
  6. Entrégate al desagrado y al dolor tal como al placer; no restrinjas tu percatarte.
  7. No aceptes ningún otro «debería o tendría» más que el tuyo propio: no adores a ningún ídolo.
  8. Responsabilízate plenamente de tus acciones, sentimientos y pensamientos.
  9. Acepta ser como eres.

Naranjo, 1990.

Algunas reflexiones

Lo dicho hasta ahora merece ciertas aclaraciones, por supuesto se trata de comentarios personales basados en mi experiencia y en lo aprendido.

En primer lugar, cuando nos relacionamos con preceptos o indicaciones podemos caer en uno de los dos extremos: en la compulsión del perfeccionismo, en aplicárnoslos rígidamente y desde afuera o en el polo opuesto, en la indolencia y en el no aplicar nada de lo aprendido. Los dos fenómenos existen y ni lo uno, ni lo otro, nos llevan al crecimiento y a la madurez, más aun, ambos suelen alternarse y complementarse, así a periodos de intensa aplicación le siguen otros de extrema dejadez, es lo que en el lenguaje popular se conoce como arrancada de caballo y parada de burro.

Respecto a los preceptos uno y dos “vive aquí y ahora” me gustaría hacer una matización: vivir aquí y ahora no es vivir a lo loco, ni hacer lo que a uno le dé la gana sin pensar en las consecuencias. Se trata de vivir en un presente expandido donde se tenga una clara consciencia de las causas y consecuencias de nuestras acciones así como de la interrelación de las mismas, en esto ya están implícitos los principios de libertad y responsabilidad que después veremos.

En referencia a los preceptos 3 y 4 “experimentar lo real y abandonar los pensamientos innecesarios” veo una fuerte influencia del Zen. Se trata de eliminar la diarrea mental tan típica de occidente y de atreverse a enfrentar el horror vacui, premisas necesarias para entrar en contacto con lo real y con lo que uno es y lleva dentro. Este principio permite que emerjan nuestro miedo a la nada y al vacío y en la medida que nos relacionamos con él diligentemente va disminuyendo nuestra actitud fóbica y nuestra compulsión de llenar cualquier hueco mental con verborrea, apareciendo así un aspecto esencial de la libertad interior, de esta manera vamos recuperando nuestro poder y ahorrando energía que ya no tiene que ser derrochada en mantener nuestras defensas contra el horror vacui.

En el cinco “prefiere expresar antes que manipular, explicar, justificar o juzgar” está muy influenciado por los principios de autenticidad y autorresponsabilidad: se trata de expresar nuestras necesidades sin rodeos en vez de manipular a los otros para obtenerlas. Por ejemplo y en relación con los principios 3 y 4 “experimentar lo real y abandonar los pensamientos innecesarios”, si por ejemplo tengo una creencia de que alguien piensa tal cosa de mí, en lugar de quedarme rumiando la creencia y alimentando una insana imaginación sería muy saludable atreverme a contrastarlo, preguntándole directamente, sin rodeos ni manipulaciones sutiles ¡Qué diferente sería el mundo si todos hiciéramos esto!
También, en el precepto 6 “Entrégate al desagrado y al dolor tal como al placer” veo una fuerte influencia del budismo en general y particularmente del Zen: dado que los aspectos desagradables y dolorosos son inherentes a la existencia es imposible huir de ellos (esa era la primera Noble Verdad que expresó Buda: la verdad del sufrimiento). Frente al rechazo que acaba desgastándonos o el regodeo masoquista en el dolor o las quejas que sólo añaden sufrimiento al sufrimiento mejor relacionarse con estos aspectos de la existencia sabiamente, desde la aceptación, la ecuanimidad y el desapego (que no indiferencia).

Los preceptos 7 y 8 hacen referencia a la autorresponsabilidad. Una aclaración merece el 8 “Responsabilízate plenamente de tus acciones, sentimientos y pensamientos”, esto no significa que seamos omnipotentes y que podamos controlar todas nuestras acciones, sentimientos y pensamientos. No obstante, sí tenemos responsabilidad y en cierto modo podemos elegir qué hacer con aquello que nos pasa. En referencia al 7 ”No aceptes ningún otro «debería o tendría» más que el tuyo propio: no adores a ningún ídolo” implica responsabilizarse radicalmente de la propia existencia: frente a la búsqueda y la demanda compulsiva a personas y referentes externos, la terapia Gestalt enfatiza en el autoapoyo, en ir viviendo desde dentro relacionándose sabiamente con el entorno.

En el 9 “acéptate tal y cómo eres” nos libra de caer en la culpa, en el autocastigo y conforme desarrollamos esta actitud crece el sano amor por nosotros mismos, nuestros semejantes y el resto de la existencia. Aceptarse tal y como uno es no implica caer en la autocomplacencia ni el inmovilismo, tampoco es una posición blanda ante la propia existencia, es sencillamente acoger lo que uno es y lo que hay, y desde la autorresponsabilidad elegir qué hacer con ello.

Como dijo Fritz Perls, el padre de la terapia Gestalt, esta forma de terapia es demasiado buena para aplicarla sólo a los enfermos, se trata de un verdadero arte del buen vivir. Ahora es responsabilidad de cada uno ver que parte de lo leído aplica a su vida cotidiana y que parte desecha: seamos libres y asumamos nuestra responsabilidad.

Artículo publicado por el 18 Enero 2016. Última modificación el 18 Enero 2016.
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