La clave emocional de algunos dolores musculares crónicos

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La importancia relación emocional con algunos dolores muculares

¿Quién no ha experimentado un dolor muscular en algún momento de su vida? Tras un esfuerzo brusco o prolongado, o tras permanecer en posturas incorrectas durante excesivo tiempo, puede aparecer tensión o dolor muscular en alguna zona de nuestro cuerpo. No suele tener mayor importancia si desaparece poco después, pero, si las molestias se vuelven persistentes, nuestra calidad de vida se puede resentir de forma importante, lo cual aconseja buscar remedio antes de que se convierta en un problema más serio.

Existen muchos tipos de dolor muscular (mialgias), por eso es necesario averiguar la causa en cada caso. Modular esfuerzos o corregir posturas. Si se sospecha alguna otra causa u otra dolencia asociada, se debe investigar, tratarla o descartarla.

Sin embargo, en algunos casos pueden existir factores emocionales que pasan desapercibidos y que, silenciosamente, favorecen tensiones internas que, en algún momento se manifestarán en forma de dolor muscular.

La importancia de los factores emocionales

El estrés es, sin duda, el factor más frecuente que puede provocar una tensión muscular que, a su vez, propicie la aparición de contracturas y problemas musculares. Puede, además, favorecer la aparición de otros problemas de salud mucho más complejos. Es necesario, por consiguiente, afrontarlo y gestionarlo adecuadamente, así como aprender a modular su impacto mediante técnicas psicológicas, relajación y meditación.

Pero más allá del estrés, existen otros aspectos emocionales menos conocidos y no tan frecuentes que pueden ser claves en la generación y el mantenimiento de algunos dolores musculares. Como ejemplos me referiré a dos afecciones bien distintas, la fibromialgia y la distonía muscular.

El estrés es uno de los factores que con más frecuencia provocan dolores musculares

La fibromialgia y las personas altamente sensibles (PAS)

Un fuerte y permanente dolor en los músculos, ligamentos y tendones, suele ser uno de los síntomas más habituales que padecen las personas con fibromialgia. Aunque se desconoce su origen, existe un amplio consenso en considerarla de carácter multifactorial, definiéndola como un síndrome psiconeuroinmunoendocrino, lo que ya nos indica que existe una interacción entre mente y cuerpo.

He podido comprobar que la gran mayoría de personas con fibromialgia son personas altamente sensibles (PAS), un rasgo que descubrió la doctora estadounidense Elaine Aron, al que denominó, en términos científicos, Sensibilidad de Procesamiento Sensorial. Eso, de por sí, ya les hace ser, en general, más vulnerables al dolor.

Sin embargo, la característica emocional común que he detectado en personas con fibromialgia es que, por distintas circunstancias personales, familiares, económicas o culturales, no han podido canalizar y exteriorizar sus grandes inquietudes personales, su alta sensibilidad, sus ilusiones, sus esperanzas. Y ello ha propiciado una tensión interna muy profunda que, con los años, se ha transformado en dolor. Se sienten como un ave encerrada en una jaula, sin poder volar, cuyos barrotes las oprimen y causan dolor. Y su cuerpo está gritando ¡basta!

Las personas con fibromialgia y las altamente sensibles son más vulnerables al dolor

Buscando el equilibrio emocional

Un tratamiento integrativo mente-cuerpo individualizado basado en el conocimiento y comprensión de estas características personales innatas, la búsqueda del equilibrio emocional, el aumento de la autoconfianza y la autoestima, la modificación de pensamientos disfuncionales, relacionarse más positivamente con los demás, optimizando la comunicación, la armonización y mejora de los hábitos de salud, reducir el estrés oxidativo, así como la aplicación de técnicas naturales afines, está dando notables resultados en la disminución del dolor.

La distonía muscular, por su parte, es un trastorno del movimiento que destaca por la aparición de contracciones musculares continuadas o intermitentes que, además, pueden generar dolor. Existen diferentes tipos de distonías en función de cuál es la región afectada, su extensión, su gravedad y evolución. Su origen es desconocido y, por consiguiente, no se conoce una cura.

Sin embargo, en la página web de un prestigioso neurocientífico de Toronto, el doctor Joaquín Farias, especializado en el tratamiento de las distonías y autor de varios libros sobre este tema y sobre la plasticidad cerebral, podemos leer: ¿Podría ser que hemos estado tratando de analizar la distonía desde el ángulo equivocado? Tal vez no se puede curar porque no es una enfermedad, de la misma manera que el autismo no se puede curar porque es una condición, una forma diferente de ser, de percibir, de vivir y de sentir. ¿Los pacientes con distonía tienen características de personalidad en común?

El doctor Farias denomina distónicas a estas características comunes. Sin embargo, tras un detenido estudio de sus características he podido comprobar que, en su mayoría, entran dentro de las características de las personas altamente sensibles (PAS). No obstante, con un perfil muy diferente al de las personas con fibromialgia.

A diferencia de las personas con fibromialgia, que no han podido canalizar y exteriorizar su sensibilidad e inquietudes, las personas con distonías, más dirigidas a la acción, sí suelen haber conseguido canalizar y exteriorizar alguna de ellas. Es más, pueden haberlo hecho con una gran intensidad y nivel, hasta el punto en que se haya descompensado alguna zona de su cuerpo por una concentración excesiva de energía mental. En ocasiones es tal el rango de concentración, que la persona contrae la respiración, controla sus movimientos milimétricamente y mantiene su atención durante largos espacios de tiempo. Tiene la sensación de que flota, que el tiempo no pasa, no se siente terrenal… Pero sí lo es. Y si este esfuerzo se repite y se repite, su cuerpo se resiente.

Un tratamiento inegrativo mente-cuerpo puede ayudar a las personas a mejorar su estado emocional y autoestima

El doctor Farias aplica una serie de ejercicios encaminados a reprogramar la emocionalidad de los movimientos, basándose en la plasticidad cerebral, con buenos resultados. Ello viene a demostrar que existen unas claves emocionales detrás de muchas distonías, algo que he podido comprobar también directamente, con notables resultados aplicando un tratamiento integrativo mente-cuerpo totalmente individualizado, en el que se armonizan y modulan las emociones ligadas a las posturas, se mejora la respiración y la oxigenación muscular, se aumenta la relajación, la energía, y se estimula el cambio positivo de forma gradual.

A modo de conclusión, el dolor puede provocar sufrimiento emocional, pero éste puede enmascarar emociones ocultas que promueven y causan el dolor. Es necesario diferenciarlas.

Tratando la causa, puede desaparecer la consecuencia.


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Artículo publicado por José María Guillén Lladó el 19 Mayo 2018. Valoraciones: 5.0 de 5 en 22 votos.