La adicción al smartphone y su relación la dopamina
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Hoy en día es prácticamente imposible imaginar nuestra vida sin los dispositivos móviles. Nada más despertarnos, miramos las notificaciones de nuestro smartphone mientras preparamos el desayuno, y no dejamos de navegar por Instagram o Facebook mientras acudimos al trabajo en transporte público.
En nuestro descanso del mediodía, comemos mirando una serie en la tableta y, una vez en la cama por la noche, damos un paseo por TikTok antes de apagar la luz.
La adicción al smartphone y nuestro cerebro
¿Te has cuestionado alguna vez la forma en que usas el smartphone? ¿Te has planteado por qué nos atrapa, y qué tiene que ver esto con nuestras neuronas y el funcionamiento de nuestro cerebro?
Tiene que ver, y mucho. La adicción a las pantallas produce un desequilibrio en los químicos cerebrales, que explican biológicamente las conductas que desarrollamos en consecuencia. Algunas de ellas pueden ser muy perjudiciales, por lo que hay que tener cuidado con ello. En el siguiente artículo reflexionamos sobre qué relación hay entre la adicción al smartphone y los circuitos llamados dopaminérgicos, que son los encargados de segregar y captar la dopamina, más conocida como “la hormona de la felicidad”.
¿En qué se basa la adicción al smartphone?
La adicción al smartphone o móvil se conoce como nomofobia (de la voz inglesa no-mobile-phone phobia). Es decir, es una aversión a carecer del dispositivo móvil y se caracteriza por un uso incontrolado e impulsivo del mismo. De todo ello resulta una alta dependencia emocional al smartphone, que puede producir una gran ansiedad cuando no se tiene el móvil a mano, así como todos los perjuicios que esto conlleva para la salud y para las relaciones sociales.
Los factores que influyen en esta adicción al smartphone son variados. Existen factores psicológicos, neurobiológicos y sociales; desde el punto de vista de la psicología, el móvil puede verse como una manera de escapar de los problemas latentes, pues ofrece una recompensa rápida.
A nivel social, las normas culturales pueden reforzar el uso constante del smartphone, puesto que actualmente se valora la hiperconectividad y la disponibilidad constante. Por último, desde la neurobiología se estudia la relación entre la adicción al smartphone con la estimulación de los sistemas de recompensa cerebrales, en especial los ya mencionados circuitos dopaminérgicos.
La dopamina es el neurotransmisor que se asocia comúnmente al placer y el bienestar, y juega un gran papel en la búsqueda de recompensas. El uso excesivo del móvil, unido a la gran cantidad de likes que funcionan como recompensas rápidas, puede estimular la segregación de dopamina. De este modo, se forman los patrones de la adicción en la conducta.
¿Qué hay detrás de la adicción?
Ya hemos visto cómo los circuitos dopaminérgicos tienen un rol crucial en la formación de la adicción al smartphone, puesto que tienen relación con la regulación de las recompensas, el placer y la motivación. Se activan, por tanto, cuando experimentamos una sensación agradable y satisfactoria. En estos casos, la dopamina tiene el papel de mensajero que transmite las señales entre las células nerviosas y genera, así, la sensación de placer.
El cerebro interpreta las notificaciones y los likes como recompensas y, en consecuencia, libera la dopamina; a su vez, esta liberación refuerza la conducta adictiva, pues hace que sintamos bienestar y nos motiva a continuar usando el smartphone. Poco a poco, la acción de revisar el móvil se convierte en una compulsión y, por tanto, en algo muy difícil de controlar.
La tecnología actual sabe explotar estos circuitos dopaminérgicos, pues proporciona al consumidor esa recompensa instantánea que produce placer. Los inputs como los likes o los comentarios, a los que se puede acceder con una rapidez increíble, no hacen más que alimentar esta liberación de la dopamina, y crean de este modo un círculo vicioso de compulsión-recompensa.
En situaciones graves, el uso compulsivo del smartphone puede desregular estos circuitos dopaminérgicos y tener por tanto consecuencias altamente perjudiciales en la salud mental. Así pues, entender el funcionamiento de estos mecanismos es fundamental para desarrollar diversas estrategias de prevención y de tratamiento.
Adicción al smartphone: ¿cómo se desarrolla?
Se trata de un proceso altamente complejo en el que, como ya hemos visto, se da una interacción entre desencadenantes sociales, psicológicos y biológicos. En este último sentido, la segregación de la dopamina y los mecanismos de recompensa cerebrales tienen un papel preponderante. Una exposición constante y exagerada a los estímulos gratificantes que implica el móvil, como los mensajes o los likes, no hace más que reforzar esta conexión entre el placer y el uso del smartphone.
Por otro lado, algunos factores de índole psicológica como la ansiedad, la depresión o el estrés pueden predisponer a la búsqueda de distracción en el uso excesivo del móvil. La posibilidad de escapar rápidamente del malestar puede convertirlo en un mecanismo poco funcional de afrontamiento y, por supuesto, altamente adictivo.
Finalmente, en el ámbito social, nuestras normas culturales favorecen la hiperconectividad, así como la validación mediante las redes sociales, lo que influye a la hora de desarrollar la adicción al smartphone. La importancia que da la sociedad a estar siempre disponibles para todo el mundo, así como a la comparación con los demás a través de las redes, alimentan una necesidad de estar conectados y de sentirse validados.
Por supuesto, esto no quiere decir que todas las personas que hacen uso del smartphone frecuentemente desarrollen una adicción. No obstante, la combinación de una predisposición genética, elementos de índole psicológica y el entorno social puede desencadenar un mayor riesgo de sufrir una adicción al smartphone.
Referencias bibliográficas:
- Benes, F.M. (1 de enero de 2001). «Carlsson and the discovery of dopamine». Trends in Pharmacological Sciences. Volume 22 (Issue 1): 46-47.
- Eisenhofer G, Kopin IJ, Goldstein DS (September 2004). "Catecholamine metabolism: a contemporary view with implications for physiology and medicine". Pharmacological Reviews. 56 (3): 331–49.