El privilegio de enseñar

Desde pequeña quise ser maestra. Con mis hermanos y primos más pequeños, que vivían en la puerta de al lado, yo ya jugaba a enseñar. Los sentaba a todos y les daba clases de ciencias naturales, hacíamos fichas, coloreábamos. Lo pienso hacía atrás y me llama la atención, porque lo curioso de todo ello es que me hacían caso. En aquélla época yo debía tener unos 11-12 años y ellos 5-6 menos.

Fuimos todos creciendo. Tenía clara mi vocación: la enseñanza. Mientras estudiaba el bachiller había hecho mis pinitos enseñando solfeo a niños, había estudiado pedagogía musical activa y disfrutaba enseñando. Me gustaba ver como "mis" niños progresaban con alegría. Los niños venían de la mano de sus madres a regañadientes el primer día de clase y yo pedía a ellas que no les obligaran. Que primero probaran mi clase y al finalizar la misma preguntaran a sus hijos si querían continuar o no. Supongo que algún caso hubo, pero ahora no recuerdo ninguno que no continuara.

Sí, me apasiona desde niña enseñar y entre clases, llegó el momento de yo acudir a la universidad. Quería estudiar Magisterio pero por circunstancias, terminé en la facultad de empresariales en Somosaguas. No me gustaba. Ironías de la vida, me llevaron a trabajar en el sector financiero. La vida siempre nos da, es generosa y de nuevo por circunstancias, me adentré en el mundo del reiki y luego de los registros akáshicos. Es cómo una evolución natural.

Enseñar para mí es un auténtico lujo, es tener la oportunidad de poder cumplir con mi misión de vida, es poder conectar de corazón a corazón, es tener el privilegio de sentir, de ver, cómo las personas derriban los muros de sus corazones, se quitan sus máscaras y se muestran, compartiendo lo más profundo de ellos mismos. Es poder acompañarles en ese proceso, duro muchas veces. Es poder recordarles que son más que sus miedos. Y cada persona que pasa por mi vida a través de un curso me recuerda además a mí misma, a mis comienzos, mis temores, mis superaciones. Esto es un camino, no es hacer un curso, aprender unas técnicas y llevarme un diploma a casa. Es una forma de vida, una forma de vida coherente, que consiste en alinear nuestros pensamientos, con nuestras emociones, con nuestras acciones. Se trata primero de ser, para luego hacer y más tarde tener. Tener conciencia de nosotros mismos. Tener felicidad, paz interior. Porque en definitiva, ¿para qué nos levantamos cada mañana? ¿Cuál es el objetivo de nuestro día a día, de nuestra vida? ¿Acaso no todos buscamos la felicidad?

Y esa felicidad buscada yo la encuentro en cada curso, compartiendo mi camino, lo aprendido, lo nuevo, o descubriendo nuevos rumbos en otras ocasiones.

Artículo publicado el 5 Agosto 2014. Última modificación el 20 Abril 2015. Valoraciones: 3.7 de 5 en 3 votos.