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Artículos de Salud
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¿De qué color es el caballo blanco de Santiago? Era una pregunta con “trampa” que a muchos de nosotros nos hicieron cuando éramos pequeños. Y un poco más adelante, seis u ocho años después, las preguntas continuaron. Siempre recordaré una del examen de reválida de 4º de bachillerato: “¿Dónde está el Mundo en España?” El mundo, no sé. El río en Albacete… Aprobé a la segunda, por ese motivo nunca olvidé esa pregunta. Las experiencias que se graban con emoción permanecen de por vida… Con el tiempo descubres que hay otras maneras, mucho más saludables, de aprender y recordar. Y es de eso precisamente de lo que quiero hablar, del aprendizaje y la asimilación.
Bajo mi punto de vista de nada sirve leer y leer sin asimilar. Mejor dicho, sin digerir. A veces ocurre que de tanto que sabes, no sabes nada. O eso sientes. Vamos, que en el peor de los momentos te quedas en blanco. O de tan obvia que puede llegar a ser la pregunta que te formulan, te cortocircuitas. Te bloqueas. Sudores y nerviosismos a parte, es una experiencia demoledora. Te crea tal inseguridad que incluso te llegas a plantear que no sirves para nada. Muchos de los fracasos escolares en los niños y jóvenes tienen una directa relación con estos cuadros, con el nerviosismo… Esto es como vivir, o qué sé yo, ser padres. Nadie nos ha enseñado, unos lo hacen más o menos y otros no superan el menos. A la mayoría de los mortales nos faltan unas cuantas lecciones, de todo tipo. En este caso, por ejemplo, en materia de desarrollo de las funciones cerebrales. Es decir, necesitaríamos que desde muy pequeños nos enseñaran no sólo a estudiar y a aprender también a asimilar. Y ya puestos, a desarrollar saludablemente nuestras capacidades innatas. Porque esa es otra, muchas de las disciplinas que estudiamos a lo largo de nuestra vida son lecciones que ya sabíamos pero teníamos olvidadas. Es como el sentido común, más de uno lo tiene atrofiado por la falta de uso.
Reconozco que juzgo a la gente por cómo trata sus cosas. Para mí es importante saber de qué pie cojean algunos para, con arreglo a eso, ver si la situación tiene o no futuro. Y, desde luego, aquí no sirve aquello de «donde fueres haz lo que vieres…»
Me considero una persona cuidadosa, de las cosas que para mí son valiosas e importantes. No tengo mucho pero lo que tengo, lo tengo en alta estima. Y detesto a quién lo mal usa o lo maltrata. Como, por ejemplo, los libros. Los libros nos enseñan, entretienen, recuerdan… Los libros, para mí, son mis hijos. Hace años que tengo la costumbre de escribir, marcar, subrayar e, incluso, anotar pensamientos o citas relacionadas tanto con la temática del libro como con la fecha o momento en el que lo compré o lo leí. Y, por descontado, también suelo hacer una valoración sobre lo aprendido, entendido o el nivel, por así decir, de entretenimiento. Rara vez presto un libro, porque la experiencia me ha demostrado que lo pierdes, sino el libro, al amigo. Odio ver a mis libros, en casa ajena, de cualquier manera. Tirados, maltratados u olvidados en los más inverosímiles lugares. Cuando no, también, extraviados o traspapelados… ¡Pobres hijos míos!
Hace mucho mucho tiempo, en un país muy lejano existía una bella princesa...
Es muy posible que al leer la frase anterior hallan venido a tu memoria recuerdos de otros tiempos, tiempos en los que la fantasía se entremezclaba sutilmente con la realidad...invitándote a cada rato a participar en un romántico baile que no parecía tener fin...
En realidad hablan, se expresan, transmiten… Utilizan otro lenguaje, no verbal, pero hablan. Siempre se dijo: “hay miradas que matan”… Hace unos días atendí a una persona que, en esencia, quería y buscaba ser feliz. Pero su mirada expresaba lo contrario. Estaba demasiado rabiosa con el mundo entero. A lo largo del tiempo que duró la consulta le fui explicando cómo debería proceder, traté de restar importancia a muchos de sus problemas en un intento desesperado por tranquilizar su ánimo. Una y otra vez dije sin decir: tranquila, estás en el lugar adecuado… Su mirada seguía desconfiando, sus palabras insistían en que necesitaba ayuda, pero todo su ser se negaba a aceptar que tenía derecho a ser feliz. A disfrutar de una vida plena.
Demasiadas veces hablamos sin saber de qué hablamos. Mencionamos conceptos e ideas procedentes de otras filosofías o corrientes de pensamiento, como por ejemplo aquellas que dicen que todo en nuestra vida debe de estar alineado con el Universo. De nada sirve, pongamos por caso, “alinearse” entre la Tierra y el Cielo si en nuestra persona hay una desarmonía tal que cuerpo, mente, espíritu y emoción van por libre…
El otro día hablando con un amigo de todo y de nada… Bueno, de nada no. Hablamos mucho, y sobre todo de cine. El cine es mi segunda o tercera gran pasión, según tenga tiempo o no. No es que sea cinéfilo, que lo soy. Es que lo que más me gusta con diferencia es escribir guiones.Aunque parezca mentira cuento en mí haber con unos cuantos trabajos, algunos ya se han hecho realidad y otros duermen esperando una mejor ocasión. La última vez que nos vimos le expliqué que estaba dando vueltas a una idea relacionada con mi actividad terapéutica: “La familia en los tiempos actuales”. Cuando le expliqué los detalles se entusiasmó de tal manera que me dijo: ¡Lo tenemos que hacer! Ese es el corto de nuestra vida…
Apuntes para un guión
Lo bueno de tener mucha familia es que nunca te sientes solo. Todos se desviven por ti, a cualquier problema que surja en el seno familiar todos están ahí sin que tengas que pedirlo siquiera. Debe de ser algo relacionado con la telepatía del útero compartido en tiempos distintos. Qué sé yo…
¿Quién no ha sentido el gran peso de una acción fracasada, una intención frustrada? Nos pusimos las pilas para conseguir algo, invertimos nuestro esfuerzo, y ala, ¡otra vez nada! La onda expansiva del dolor del momento nos llega al alma, las dudas atacan donde más duele, la mano de la perfección, de hacerlo bien y no decepcionar, está apretándonos el cuello dejándonos por un momento sin aire. Luego recobramos la compostura y la determinación, “La próxima vez lo haré mejor, corregiré, ya verás, pondré toda mi voluntad!”, o entra la resignación “Mejor lo dejo, no servirá para nada…”. Y hemos cambiado la losa del fracaso por la de la exigencia.
¿Qué ocurriría si nos permitiéramos el fracaso, y más todavía, si pudiéramos celebrarlo? Permitirnos el lujo de tropezar, no tener que triunfar para demostrar lo buenos que somos, abre una puerta gigantesca! Libera nuestro potencial porque nos deja hacer cosas que en el camino de la cautela no haríamos. Churchill ya lo decía: “El éxito es la habilidad de ir de fracaso en fracaso sin perder entusiasmo.” Se abre la oportunidad para dar rienda suelta a nuestra creatividad, a experimentar, disfrutar del proceso y aprender de qué nos ha ido bien, y qué no tan bien. Sin fracasos no crecemos.
¿Puede nuestra salud verse afectada por determinadas energías naturales que emanan de la Tierra?
La respuesta sin lugar a dudas es SÍ.
La Tierra, el planeta donde vivimos, es un ser vivo, está en constante movimiento y cambio. Volcanes, terremotos, tsunamis, mareas, fallas, corrientes de agua subterránea, radiaciones solares, lluvia, viento, nieve, son algunos ejemplos de esta gran vida que nos rodea.
Una palabra muy de moda a día de hoy, la nombran todos y la han hecho propia, la mayoría de las personas, la relaciona con el tema económico, lo dicen porque se han terminado los tiempos del despilfarro, la abundancia y de la cantidad de trabajos precarios que había.
A mí me da otro significado la palabra crisis, más que vinculada al tema económico, la llevo al plano de las personas, a la ausencia de valores, de metas, falta de visión de futuro, desarrollo personal, un vacío interior que existe hoy en la sociedad.
La Medicina Tradicional China (MTC), es inseparable del la tradición de pensamiento y la visión china de la realidad. Hunde sus raíces en los primeros habitantes tribales de lo que hoy es China y se va desarrollando con la evolución de los seres humanos a lo largo de los siglos en ese foco de civilización asiático. En ese recorrido, se ve influenciada por ideas de otras culturas, religiones, medicinas… hasta llegar a nuestros días.
Hoy en día, por todo el planeta, existen practicantes cualificados, no solo en China. Es una enseñanza de padres a hij@s, de maestr@ a discípul@, de colegas de profesión, de ancianos a jóvenes a lo largo interminables generaciones, modelada por la práctica y la experiencia con los pacientes. Es un patrimonio humano que atesora una experiencia continuada, sin interrupción de más de cuatro mil años. Un conocimiento tradicional pero vivo, que se actualiza continuamente.
Últimamente estoy desarrollando un aprecio por los tacones. ¿Quién lo hubiera pensado? En mi experiencia de usuaria de metro de gran ciudad, sólo eran un impedimento a la movilidad que además provocaba dolores de espalda, en fin, algo que evitar. Pero descubrí que la altura a veces incómoda es justo su potencial: nos permite ver las cosas de otra manera.
Una conversación difícil que tenemos pendiente, una situación laboral complicada, un plan serio para mejorar nuestra salud, una necesidad de cambio… Ante las circunstancias de la vida que nos retan a asumir responsabilidad, la tentación de escondernos en un rincón para olvidarnos de todo puede ser bastante grande. La tarea parece tan grande como una montaña, ¡qué pereza empezar a subirla! ¿Será de verdad necesario?
