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El sanador nace. «Seguridad» social. Sistema sanitario y de pensiones
Siempre han existido personas «sanadoras», hombres y mujeres que con su sola presencia, logran aliviar las dolencias del cuerpo y del corazón. Estas mismas personas, llevadas de su amor al prójimo y a la vida, cultivan su esencia sanadora observando los remedios que la naturaleza pone a su alcance y ofreciéndolos envueltos de sabías recomendaciones. Quizá la primera figura sanadora fue una madre, angustiada por el dolor de sus hijos, que buscó a su alrededor la fórmula para mitigar sus heridas (probablemente siguiendo el ejemplo de algún animal). O un hombre herido durante la caza que improvisó un vendaje con hojas y palos, logrando sanar su fractura. A lo largo del tiempo, cientos de experiencias análogas fueron llenando los registros de EXPERIENCIA SANADORA de la humanidad, a los que, tanto el consciente como el inconsciente humano, pueden acudir en busca de remedio para su mal.
«Personalmente, entiendo la experiencia sanadora como la capacidad de un individuo para aportar el remedio o la técnica que solucione la causa de tu dolor»
Antes de continuar, he de aclarar que mi experiencia y la de los miembros de mi familia (esposo e hijas), en lo que a la asistencia a centros de atención primaria u hospitalaria se refiere, es cero. No los usamos porque no enfermamos y las medidas de ajuste que nuestro cuerpo requiere, de vez en cuando, son reguladas con unos sencillos hábitos de salud, al alcance de cualquier persona sensata. También quiero aclarar que considero a los trabajadores del sistema sanitario (médicos, enfermeros, auxiliares, etc.), dignos de respeto y consideración.
Las personas que eligen vocacionalmente formar parte del mismo, están eligiendo una vida rodeada de sufrimiento y de dolor, siendo habitual que tengan que enfrentar emociones de pánico, desesperación, impotencia, rabia, etc. para las que no han sido entrenados. Esto produce muchas «bajas» entre sus «filas» y utilizo este lenguaje a conciencia, pues pienso que, en el sistema sanitario actual se asiste, principalmente, a las víctimas de la ignorancia y de la masificación en la que se desenvuelven millones de personas. El personal del sistema sanitario poco puede hacer en estas condiciones, la mayoría de ellos trabajan en «trincheras» desde donde se esfuerzan en aliviar el dolor con fórmulas y técnicas, cada vez más sofisticadas, insertos en una espiral de avances y conocimientos científicos que, ya hace mucho tiempo, se desconectaron de lo sagrado, de lo natural y de lo sencillo.
¿Qué entiendo por sagrado?
Entiendo por sagrado aquello que podemos respetar o venerar, aquello que podemos sentir e integrar en nuestros corazones, aquello que podemos transmitir en el ámbito de lo íntimo y personal… Considero la experiencia de la salud como algo íntimo y personal, algo sagrado y, por tanto, considero al sanador una persona «santa» alguien que ha de prepararse en su interior, tanto o más, que en el exterior.
Etimología de sagrado y de santo:
El concepto de lo sagrado como algo digno de respeto o de veneración acompaña al hombre desde las épocas más primitivas. Los pueblos prehistóricos indoeuropeos empleaban la raízsak- y su forma sufijada sak-ro para nombrar todo aquello que merecía su veneración y era, por tanto, objeto de rituales sagrados. Para denominar a aquellos que llevaban a cabo tales ritos, los indoeuropeos añadieron la raíz -dhot- ‘hacer’ y formaron sak-ro-dhot, que llegó a nosotros como sacerdote pasando por el latín sacerdos, -otis.
La palabra santo viene del latín sanctus, del verbo sancire ('hacer inviolable', consagrar, sancionar'), y por está separado del ámbito de lo profano. Etimológicamente no se trata de lo bueno o lo malo. Una sanción es el resultado de ciertas leyes o reglas. El verbo sancire tiene la raíz indoeuropea «sak» que se encuentra en sacro, sacrificio, sacrilegio, sacerdote, sacristán y sacramento. Esta raíz denota algo o alguien que satisface todas las reglas para que pueda interceder entre lo humano (personal) y lo divino (transpersonal).
Espero con ilusión el día que mi «visión» del mundo de la salud se haga realidad:
- Veo un mundo, no masificado, donde la proporción de personas por sanador es la correcta.
- Veo un mundo donde el sanador se ocupa de que las personas se mantengan sanas, siendo éste su principal cometido. Para ello, además de ser sanador, es maestro de salud y se ocupa de que los miembros de su pueblo o tribu sean formados en la experiencia de una vida sana.
- Veo un mundo donde el sistema hospitalario desaparece por falta de uso, ya que los conocimientos del sanador le permiten prever y evitar daños mayores.
Se me olvidaba decir que las heridas traumáticas causadas por accidentes, delitos o guerras también pueden ser evitadas trabajando a conciencia desde el nivel de la educación primaria, enseñando a los niños a resolver sus emociones negativas y a cultivar sentimientos de amor (positivos) en vez de sentimientos de dolor (negativos). Sé que no hablo de una utopía. Incluso ahora, tal y como está el sistema, bastaría con impulsar el enfoque holístico en los niveles de atención primaria sanitario y educativo. Sé que habría que trabajar mucho, pero el futuro que aparece es altamente esperanzador.
Me gusta imaginar al sanador como una figura cercana y cálida, conocedora a conciencia de los impulsos vitales del ser humano (buen gestor de emociones, sentimientos e ideas). Una persona que se entrega en cuerpo y alma a su oficio sagrado, sabedora de que todo mal, si se coge en sus inicios, es reversible. Para esto no es necesario estudiar 3 carreras, ni siquiera 2, aunque, desde luego, hay mucho que aprender. En realidad, el proceso de aprendizaje de un sanador es para toda la vida. La figura del sanador se inscribe en el registro de experiencias sanadoras de la humanidad y su mente recibe inspiración continúa y actualizada cada vez que lo necesita. Si ha completado su camino de formación, el sanador sabe cuándo, cómo y dónde actualizarse.
He da añadir que el sanador nace y que es la vida la que designa el reparto de vocaciones en su proceso de autorregulación de la evolución humana
Respecto al tema económico, los beneficios de trabajar el enfoque holístico desde el nivel de atención primaria, son inmensos. Ahorraríamos muchísimo dinero, pero sobre todo, viviríamos sanos y felices y esto nos llevaría a encontrar y disfrutar de nuevas fórmulas de convivencia o quizá de recuperar las de siempre, pero con altos niveles de bienestar social y económico lo que haría innecesario el sistema de subvenciones que ahora asiste a los colectivos de enfermos y personas inhabilitadas (paro, enfermedad, jubilaciones, etc.). Estos sistemas nacieron para paliar las necesidades de los colectivos más débiles, personas que caen por debilidad, fracaso, enfermedad o vejez y no tienen recursos suficientes para mantenerse por sí mismas. Entre todos pagamos este «seguro» de subsistencia para los tiempos «malos» y siempre con la amenaza de que el sistema de pensiones contributivas no sea suficiente para todos los que, en un futuro, puedan necesitarlo.
Si las personas aprenden en su infancia a responsabilizarse y gestionar su salud, desde el nivel de atención primario (hábitos de vida responsable y consciente), el gasto sanitario y la necesidad de ayudas y subvenciones serán mínimas. El concepto de vejez-jubilación desaparecerá y las personas madurarán con pleno uso de sus facultades decidiendo hasta cuándo aportar sus servicios a la comunidad sin tener que preocuparse de si su cotización ha sido suficiente o no, para tener sus necesidades cubiertas.
Este artículo es un texto extraído de mi libro:
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