¿Eres profesional de la salud? ENTRAR ALTA
Síguenos Facebook Google+ Twitter Youtube LinkedIn

Inteligencia Emocional

Resumen de la definición de Inteligencia Emocional

Inteligencia EmocionalEl término "Inteligencia emocional" fue popularizado por Daniel Goleman, psicólogo y redactor científico del New York Times, a partir de la publicación en 1995 de su libro titulado con esa misma denominación.

La Inteligencia Emocional o también denominada "Competencia Emocional" se compone de varios aspectos interconectados entre sí, que se dividen en dos grandes bloques: las competencias personales (dirigidas hacia uno mismo) y las competencias sociales (que tienen que ver con nuestra relación con el entorno).

Se suele decir que la inteligencia emocional es la capacidad de reconocer y controlar nuestras propias emociones y también las de los demás.

En 1995 Daniel Goleman, psicólogo y redactor científico del New York Times, publicó su libro "Inteligencia Emocional" que rápidamente se convirtió en un best seller mundial. Y tuvo tanto éxito porque rompió muchos esquemas. En un lenguaje asequible al gran público y persuasivo, pero con una amplia base científica, cuestionó el modelo de inteligencia dominante, la importancia que hasta el momento se otorgaba a los sentimientos (que era muy negativa), y dio claves para mejorar nuestras relaciones con nosotros mismos y con los demás.

La inteligencia emocional y el cociente intelectualLa inteligencia emocional y el Cociente intelectual (CI)

Todos hemos oído hablar del Cociente Intelectual (CI), esa cifra mágica que "mide" y "pesa" cuánto somos de listos. Cuando realizamos un test de inteligencia y obtenemos un resultado normal, es decir, dentro de la media o "norma" pensamos: ¡Qué fantástico sería ser muy inteligente! ¡Ojalá mi hijo fuera un genio!... ¿En serio?

Porque la historia está llena de genios y superdotados que sin embargo fracasan estrepitosamente. Fracasan en su trabajo, con su pareja, con los amigos, con sus hijos... ¿Cómo es posible?. Parece que su gran inteligencia no les sirviera de gran cosa a la hora de enfrentarse a un mundo social, donde la relación con los demás y la gestión de las emociones es determinante para conseguir el éxito.

Las emociones... ¿nublan el juicio?, ¿son una carga para tomar decisiones?, ¿impiden que seamos objetivos? Estas preguntas vienen dando vueltas desde la filosofía clásica.

Podría parecer que la "pasión" es algo que se padece, se sufre o se soporta con mayor o menor entereza, una rémora de la que hay que deshacerse. Sin embargo, si las emociones fueran algo tan negativo como se supone, la propia selección natural se habría encargado de eliminarlas, pero no es así, y con mucha "razón".

La investigación en neurociencias ha demostrado que las emociones soy útiles y necesarias, en absoluto una carga, sino una ventaja evolutiva, como señala Joseph LeDoux en su libro El cerebro emocional: "No hay mente sin emociones". Antonio Damasio, otro importante neurocientífico, afirma: "Los sentimientos son indispensables para la toma racional de decisiones, porque nos orientan en la dirección adecuada para sacar el mejor provecho de las posibilidades que nos ofrece la lógica".

En los momentos cruciales, en las crisis, el corazón es mucho más importante que la cabeza. Nuestro equipaje emocional es el que nos capacita para un viaje plagado de situaciones difíciles, de pérdidas irreparables, de peligros, conflictos y ambigüedades. Nos permite perseguir nuestro objetivo cuando todo parece estar en contra, crear una familia y mantenerla a pesar de las dificultades. Y esta es la base de la cual parte el concepto de Inteligencia Emocional.

Inteligencia emocional: lo cerebral vs emocionalRealmente no fue Goleman quien "descubrió" la Inteligencia Emocional, sino quien divulgó el término para el gran público. Desde sus comienzos, en 1900, el Cociente Intelectual fue un término que "hacía aguas", un concepto monolítico e inmodificable que no se ajustaba a la realidad. Pongamos un ejemplo que salta a la vista: podemos ser muy buenos en "mates" pero un auténtico zote en lengua y literatura (o viceversa).

¿Cómo casa esto con una inteligencia única y global?. Así que poco a poco los investigadores "parcelaron" la inteligencia, primero Thorndike en 1930 con su "Inteligencia Social", luego Wechsler en 1940 con su "Inteligencia no intelectual", y finalmente Gardner en 1983 con sus "Estructuras mentales", pero todos estos conceptos soslayaban las emociones y se centraban en los aspectos más cognitivos e intelectuales de la inteligencia.

En 1990 Salovey y Mayer introducen por primera vez la Inteligencia Emocional dentro de la psicología científica, pero su repercusión se limitó al ámbito académico hasta la publicación en 1995 del libro de Goleman.

Veamos qué es entonces la Inteligencia Emocional...

La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer nuestras propias emociones y las emociones de los demás, de motivarnos a nosotros mismos y de controlar nuestras emociones y las de los demás.

Así pues la Inteligencia Emocional (o Competencia Emocional) se compone de varios aspectos interconectados que pueden dividirse en dos grandes bloques.

Por un lado estarían:

  • las competencias personales, que se dirigen hacia uno mismo, hacia la gestión del propio mundo emocional, y por otro
  • las competencias sociales, que van dirigidas la gestión de nuestra relación con el entorno social en el cual nos desenvolvemos y que nos capacitan para tomar conciencia de los sentimientos, necesidades y preocupaciones de los demás. Veamos esto con más detalle:

Competencia emocional

El autoconocimiento y la autorregulación:

El autoconocimiento es la aptitud para reconocer y entender los propios estados de ánimo, emociones e impulsos, así como su efecto sobre los demás. Conocer y reconocer nuestras emociones en el mismo momento en que éstas aparecen es la piedra angular de todo el edificio de la Inteligencia Emocional.

Y este aspecto no es tan fácil ni tan evidente como pudiera parecer a simple vista. ¿Cuántas veces hemos sido víctimas de un "secuestro emocional", la pasión en bruto nos ha desbordado e, incapaces de pensar, luego nos hemos arrepentido de nuestros actos? En definitiva se trata de la habilidad para observarnos desde "fuera" cuando sentimos, por ejemplo, que alguien nos hace un desplante, y pensar "estoy enfadada" a pesar de sentirme enfadada, lo que impide que la ira me arrastre a tontas y a locas. Porque solo desde aquí podemos hacer algo con una emoción antes de que se desborde y mantener el control sobre lo que está ocurriendo.

El autoconocimiento es la llave que permite por tanto:

  • Conocimiento emocional: Reconocer las emociones propias y sus efectos.
  • Valoración realista de sí mismo: Reconocer las fuerzas propias y sus límites.
  • Confianza en si mismo: Certeza sobre el valor propio y las capacidades personales.
  • Autorregulación: es el autocontrol emocional, la capacidad para sofocar la impulsividad. Parece que no tenemos mucho control sobre lo que sentimos o cuándo lo sentimos, pero sí podemos controlar durante cuánto tiempo vamos a sentirnos así y nuestras acciones mientras tanto. La autorregulación es la capacidad para controlar o redirigir los impulsos negativos, la angustia o el mal humor, y que nos permite no tomar decisiones apresuradas.

Es decir...pensar antes de actuar.

A su vez la autorregulación es otra llave para:

  • Autocontrol emocional: mantener emociones e impulsos perjudiciales bajo control.
  • Transparencia, confiabilidad, integridad: actuar acorde con los valores propios.
  • Adaptabilidad. Comodidad con la ambigüedad: flexibilidad al manejar el cambio.
  • Orientación hacia el logro y motivación: esforzarse en mejorar y/o cumplir un estándar de éxito. Iniciativa.
  • Optimismo: persistencia en cumplir las metas a pesar de los obstáculos y contratiempos.

El ser humano es un animal social. Esto quiere decir que vivimos en sociedad, con otras personas. Todo lo que hemos visto hasta ahora eran competencias "personales e intransferibles", pero para desenvolvernos en sociedad necesitamos algo más. Necesitamos competencias sociales.

El conocimiento social:

El conocimiento social es aquella parte de la Inteligencia Emocional que nos permite tener conciencia de los sentimientos, necesidades y preocupaciones de los demás.

La empatía

Es la empatía, la capacidad de percibir los sentimientos de los demás y tomar un interés activo en sus preocupaciones, ser capaz de ponernos "en los zapatos" del otro. Ya no se trata solo de saber lo que yo siento, sino de ser capaz de saber lo que tu sientes y actuar en consecuencia. Y aún más allá, respetar lo que tú sientes a pesar de que yo no lo comparto o no estoy de acuerdo con ello.

La empatía es una competencia emocional fundamental que está en la raíz del ALTRUISMO, la capacidad para sacrificarse por los demás y la falta de empatía es el rasgo principal que define a los sociópatas. Como señala Cacioppo: "Las personas que tienen dificultades para captar y transmitir las emociones suelen tener problemas de relación, puesto que despiertan la incomodidad de los demás sin que éstos puedan explicar claramente el motivo."

El requisito para llegar a controlar las emociones de los demás – para llegar a dominar el arte de las relaciones – consiste en el desarrollo de dos habilidades emocionales fundamentales: el autocontrol y la empatía.

Las habilidades sociales

inteligencia-emocional4Por último las habilidades sociales son la competencia en el manejo de relaciones y en la creación de redes sociales, la capacidad que nos permite encontrar puntos comunes con los demás y estrechar lazos con otras personas. Es precisamente sobre la base del autocontrol y la empatía sobre la que se desarrollan las habilidades interpersonales. Estas son las aptitudes que hacen posible que nuestro trato con los demás sea eficaz y cuya carencia se traduce en ineptitud social y fracaso social reiterado. Las Habilidades Sociales son las que nos permiten relacionarnos con los demás, motivarles, inspirarles, persuadirles, influirles, buscar pareja o trabajo, y ser capaces cooperar con los demás, de negociar y solucionar conflictos.

Podemos aprender a escuchar de forma activa y a preguntar de forma adecuada, a distinguir entre lo que otra persona dice de lo que hace y nuestras propias reacciones y juicios y cómo esto nos influye, y sobre todo, aprender a ser asertivos, en lugar de pasivos o agresivos en nuestra comunicación con los demás.

Dentro de las Habilidades Sociales podemos también señalar varias capacidades fundamentales no solo para tener éxito socialmente, sino también, por ejemplo, en los procesos actuales de selección de personal:

  • Desarrollar a los demás: percibir las necesidades/expectativas de los demás y fortalecer sus habilidades.
  • Liderar con inspiración: inspirar y guiar a individuos y grupos.
  • Manejo del conflicto: negociar y resolver desacuerdos.
  • Influencia y persuasión: impactar a los demás y construir tácticas efectivas de persuasión.
  • Catalizar los cambios: iniciar o manejar el cambio.
  • Trabajo en equipo y colaboración: crear sinergia de grupo y trabajar por metas colectivas.

Capacidad de aprender

Quizás uno de los aspectos más distintivos de la Inteligencia Emocional es que puede aprenderse y modificarse. Aprendemos distintos estilos de afrontar el mundo emocional desde la cuna, y el aprendizaje se continúa a lo largo de toda la vida. No existe un gen de la incompetencia social. Si, al leer los párrafos anteriores, hemos pensado que nuestra Inteligencia Emocional era muy pobre, los resultados de la investigación traen un rayo de esperanza. Las distintas competencias pueden aprenderse, refinarse, perfilarse y alcanzar la maestría con algo de práctica y de ayuda.

Las emociones pueden ayudar o estorbar nuestra capacidad de pensar, de planificar, de acometer un aprendizaje arduo para alcanzar un objetivo a muy largo plazo, de solucionar problemas o de relacionarnos con los demás. De esta forma las emociones son las que establecen los límites de nuestra capacidad intelectual y por tanto determinan el éxito o el fracaso que podremos alcanzar a lo largo de nuestra vida. Los niños pueden aprender (y aprenden sin ser conscientes de que lo están haciendo) el autocontrol, el entusiasmo, el optimismo, la perseverancia y la empatía, o bien aprender a ser impulsivos, incapaces de tolerar la frustración, derrotistas o desmotivados.

Lo aprenden mediante modelos, por lo que ven en los adultos que les rodean y a través de mensajes no necesariamente explícitos que éstos les transmiten. Y los adulos les enseñamos estos modelos (muchas veces, lamentablemente, sin darnos cuenta de que les estamos enseñando justo lo que no queremos enseñarles). Hay un dicho que afirma "Haz lo que digo, no lo que hago"... y sin embargo no hay falacia más grande que ésta, porque nuestro comportamiento siempre será mucho más determinante que nuestras palabras. Intervenir de forma temprana en las pautas de educación inadecuadas evita muchos quebraderos de cabeza futuros.

Pero las ventajas de entrenar la Inteligencia Emocional no se limitan a la infancia. Mejorar nuestras competencias, ya adultos, es factible y tiene indudables ventajas entre las que se cuentan poder controlar los sentimientos o los impulsos indeseados, reducir el estrés y la ansiedad, mejorar nuestra relación de pareja o con nuestros hijos y las relaciones laborales, mantener una actitud positiva ante la vida o ser capaz de automotivarnos pese a las dificultades...Aquí no vale el "yo soy así", porque nada hay predestinado.

Lo importante es:

¿Cómo quiero llegar a ser?. Darnos cuenta de nuestras carencias, pero también de nuestras virtudes (autoconocimiento), es el primer paso del camino de baldosas amarillas que nos lleva hasta nuestro objetivo. El camino puede ser más o menos largo, pero la meta nos espera ahí, justo al final.

Enlazar a este Artículo

Enlaces complementarios sobre Inteligencia Emocional

Puedes obtener más información sobre Inteligencia Emocional visitando:


¡Únete si eres un profesional de la Salud!

  • Divulga tu actividad profesional
  • Publica tus eventos gratuitamente
  • Comparte sinergias con otros profesionales
  • Escribe artículos y gana credibilidad y prestigio