Biorresonancia

Por: Jorge Boente
Resumen:

La Biorresonancia es una terapia estudiada desde los años 70 y basada en la biofísica y en la teoría cuántica (Max Planck), en concreto en el principio de la dualidad materia-energía. Si las partículas elementales que constituyen la materia y también nuestro cuerpo se comportan como ondas por su naturaleza energética, podemos “interferir” en ellas administrando al cuerpo oscilaciones. Este es el fundamento de la medicina oscilatoria, medicina vibracional, bioenergética o Biorresonancia. En Biorresonancia usamos pues ondas electromagnéticas para regular el organismo y mantenerlo en equilibrio.

Científicos como el Dr. alemán Fritz Popp (1975) o el australiano Ross Adey (1978) describen señales electromagnéticas como medio de comunicación dentro del organismo y de integración de células, órganos y sistemas de nuestro cuerpo de una forma rápida y eficiente.

Historia

Reinhold VollLa Biorresonancia es una terapia estudiada desde los años 70 y basada en la biofísica y en la teoría cuántica (Max Planck), en concreto en el principio de la dualidad materia-energía. Si las partículas elementales que constituyen la materia y también nuestro cuerpo se comportan como ondas por su naturaleza energética, podemos “interferir” en ellas administrando al cuerpo oscilaciones. Este es el fundamento de la medicina oscilatoria, medicina vibracional, bioenergética o Biorresonancia. En Biorresonancia usamos pues ondas electromagnéticas para regular el organismo y mantenerlo en equilibrio.

Científicos como el Dr. alemán Fritz Popp (1975) o el australiano Ross Adey (1978) describen señales electromagnéticas como medio de comunicación dentro del organismo y de integración de células, órganos y sistemas de nuestro cuerpo de una forma rápida y eficiente. El primero, estudió el ADN como estructura que emite reguladores endógenos, señales de naturaleza electromagnética que instruyen las células del organismo como funcionar, comportándose como una antena emisora y receptora de señales necesarias para la vida. Adey determinó que las membranas celulares funcionaban también como un centro de comunicaciones dentro del cuerpo, oscilando o resonando con unas características mensurables de forma, frecuencia y amplitud típicas para la célula “la ventana de Adey”. Dentro de estos criterios, las células regulan sus actividades y envían y reciben información a su entorno. Pueden pues también ser estimuladas desde el exterior de forma positiva (como en la Biorresonancia) o negativa (como por ejemplo por ondas de telefonía móvil o radares o campos eléctricos o magnéticos del entorno ).

De concebir los acontecimientos de nuestro organismo como reacciones bioquímicas, realizadas por medio de neurotransmisores u hormonas por ejemplo, pasamos a una concepción biofísica de la integración del organismo: todos los mecanismos inherentes a la vida están regidos por ondas electromagnéticas. Asistimos pues, a un cambio de paradigma en la comprensión de los fenómenos que rigen nuestro cuerpo.

Facilitaron la comprensión de estos procesos los estudios del ingeniero e hidrólogo francés L.C. Vincent, creador de la Bioelectrónica y cofundador con el Dr. Morell, que veremos de nuevo más adelante, de la Sociedad Internacional de Bioelectrónica Vincent. Vincent estudió el impacto de las propiedades fisicoquímicas del agua corporal y los líquidos biológicos en el mantenimiento de la salud. El agua es el principal intercomunicador celular, capaz de almacenar esta energía electromagnética, por la estructura bipolar de su molécula, y lo hará tanto mejor cuanto más libre esté de minerales y de sustancias nocivas en solución.

Contribuyeron enormemente también a la Biorresonancia los estudios de otros científicos como Pischinger, Voll, Schumacher y sobre todo Hans Brügemann. Este último acuña el término Biorresonancia, sienta sus principios y fue uno de sus principales promotores. La etimología del término también es muy aclaratoria: del latín “resonare”: la prolongación del sonido o eco y “bios”: vida, el eco de la vida.

Los alemanes el Dr. Morell y su yerno el Ingeniero Erich Rache en 1977 crearon el sistema Mora para realizar terapias de Biorresonancia, basándose en conocimientos de la acupuntura china, la homeopatía y en especial la Electro-acupuntura de Voll y en los criterios procedentes del principio de oscilación celular. En paralelo, el ingeniero alemán Paul Schmidt llevó a cabo desde 1976 investigaciones con un generador de frecuencias a las que expone el organismo, consiguiendo con las resonancias generadas extraordinarios resultados. Crea así el método de Biorresonancia según Paul Schmidt. 

Principios de la Biorresonancia

La técnica de la Biorresonancia parte de la evidencia científica de que nuestro cuerpo posee una capacidad propia para su auto-curación que podemos estimular para retornar a un estado saludable. Este principio es compartido con la medicina biológica, natural y las medicinas integrativas por lo que podemos encuadrarla dentro de estas disciplinas. Actuamos así estimulando la energía vital del organismo, conocida en todas las grandes civilizaciones desde la antigüedad (llamada Prana en la medicina India, Chi en China, Ki en Japón).

A través de ondas electromagnéticas similares a las fisiológicas conseguimos restablecer esta capacidad auto-reguladora del organismo. Por ello esta terapia mantiene también un vínculo muy estrecho con los principios de otras técnicas energéticas como la homeopatía o la acupuntura, en donde también se estimula la energía propia del cuerpo para su sanación.

El punto de partida en la enfermedad es una alteración “energética” que aparece en primer lugar y mucho antes de la alteración funcional. Al trabajar en el campo de la energía podemos llegar a diagnosticar las alteraciones antes de que aparezcan los síntomas orgánicos visibles: es decir el análisis por Biorresonancia es una muy eficaz técnica de prevención. La Biorresonancia no cura enfermedades, sino que potencia la capacidad de auto-curación del paciente; como trabajamos a nivel energético es más correcto utilizar el término armonización al, potenciando esta autorregulación, actuar sobre la causa primaria de la enfermedad que es el desequilibrio energético.

En realidad la resonancia es un fenómeno que podemos explicar fácilmente mediante el ejemplo de la música, cuando hacemos sonar un diapasón (pequeña horquilla de dos puntas utilizada por los músicos para obtener, al golpearla, un sonido o tono fijo con el que se afinan los instrumentos). Al afinar un instrumento, la cuerda de la misma nota vibrará por resonancia con el diapasón. Transmisor y receptor vibran al unísono. Lo mismo sucede con otro diapasón idéntico colocado en la proximidad. Si los diapasones son distintos la vibración de uno no tendrá ningún efecto sobre otro: no se encuentran en resonancia. La Medicina Vibracional se basa específicamente en este principio. El Terapeuta utiliza frecuencias específicas para poner al paciente en sintonía con la salud, restituyendo al organismo las frecuencias concretas que se han visto mermadas o debilitadas en el proceso de enfermedad. La resonancia es común en patrones de energía emitidos por otros remedios vibracionales: Florales de Bach, elixires de gemas o gemoterapia, colorterapia, litoreapia o cristalterapia…

El objetivo de la Biorresonancia es la búsqueda de las causas que generan los síntomas, y no la simple eliminación de éstos, realizando un análisis causal completo de los posibles orígenes de la enfermedad anterior al test sistémico: los desequilibrios metabólicos, la disbiosis intestinal, la carencia de sustancias vitales (vitaminas, minerales, oligoelementos, ácidos grasos, aminoácidos), las intolerancias alimentarias, la presencia de tóxicos, parásitos o patógenos, el impacto en el organismo de contaminación electromagnética o de tipo geobiológico y un largo etc. Posteriormente se armonizan las frecuencias del individuo que se encuentren alteradas, activando así las fuerzas auto-reguladoras del organismo. El enfoque es pues el del individuo en su globalidad y además el tratamiento es absolutamente individual, ya que el registro de las frecuencias alteradas de cada paciente es único.

Aplicaciones

El ámbito de aplicación de la Biorresonancia es muy amplio; de tipo médico y veterinario, de tipo psicológico o en estética y antienvejecimiento. Se benefician:

  • las alteraciones de la salud, como es el caso de enfermedades de trasfondo inmunológico, alergias e intolerancias y en procesos inflamatorios relacionados con éstas (Crohn, rinitis, sinusitis crónica…). También en casos de inflamación articular, dolor o en la recuperación tras una lesión deportiva así como en casos de la preparación para el sobresfuerzo previo a las competiciones, en migrañas o cefaleas, en procesos reumáticos , en infecciones, etc.
  • los trastornos del estado general, cuando hay cansancio o disminución en el rendimiento, ansiedad o estrés, insomnio, falta de concentración o problemas de aprendizaje, en el abordaje del tabaquismo o de otras adicciones, etc.
  • las situaciones que conllevan una sobrecarga de tóxicos, toxinas medioambientales, materiales odontológicos, medicamentos o incluso por el efecto en el organismo de los campos electromagnéticos externos o los fenómenos geobiológicos, entre otros.

Su efectividad varía mucho según el enfermo, el tiempo que hace que está instalada y la extensión de la enfermedad o el daño orgánico ya sufrido: ¡no olvidemos que estamos trabajando en el nivel energético! Igualmente, decir que sirve para todo es una falta de seriedad y de rigor. La Biorresonancia es, a pesar de los avances logrados, un método muy joven y se todavía se trabaja analizando información en colaboración con institutos científicos y universidades. Los resultados han mostrado que, en ocasiones, enfermedades tenidas como “no curables” por la medicina tradicional al no responder a ningún tratamiento, experimentaron una evolución muy favorable gracias a la Biorressonancia. Los resultados se perciben a veces de inmediato, como en el caso de inflamaciones agudas o dolores. La duración del tratamiento depende del paciente: su edad, salud y respuesta de su sistema inmunológico, así como de la extensión, duración y tipo de patología tratada. En general, para las dolencias agudas de 3 a 4 sesiones de 1 hora de armonización suelen ser suficientes. Para las condiciones crónicas, pueden necesitarse de 7 a 10 sesiones de 1 hora o más.

Como estamos transmitiendo al paciente sus propias frecuencias fisiológicas la Biorresonancia es 100% segura, no tiene efectos secundarios y no presenta contraindicaciones o riesgo de sobredosis. Se puede usar así también con total seguridad con niños. Durante la sesión no se siente nada de particular, ya que se reciben ondas de frecuencias similares a las de los órganos de nuestro propio cuerpo; en general, la simple relajación o las ganas de dormir son de las pautas más frecuentes durante una sesión, al igual que un muy ligero cosquilleo en las extremidades en función de la sensibilidad del paciente.

Cumple igualmente decir que la Biorresonancia es totalmente complementaria y sinérgica con la medicina alopática. Si el paciente combina su tratamiento alopático con ésta contribuimos a acelerar su mejoría física y psíquica y además a atenuar los efectos indeseados del primero. En la armonización con Biorresonancia no se necesitan ingerir medicamentos, pero durante su aplicación se puede producir gránulos de homeopatía con igual contenido energético del tratamiento, por el mismo principio de ésta, prolongando la exposición al efecto de la terapia sobre el paciente hasta la próxima sesión de armonización. Tras el tratamiento se aconseja beber mucho agua, especialmente que sea de pobre mineralización, y tomar una dieta rica en fibra de forma a facilitar por ambos medios la depuración del organismo.

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